La desconexión del jefe de la manada con el territorio

Duberney Galvis

Tras el terremoto del pasado 10 de agosto el presidente Abelardo De la Espriella anunció la entrega de tabletas y planes de datos para implementar las clases virtuales dirigidas a los niños del Chocó cuyas escuelas salieron afectadas. La noticia contrastó con la realidad dada la falta de conectividad y estabilidad del sistema de energía eléctrica en esta región. Más aun, tuvo mayor eco a raíz de una declaración de la cantante barranquillera Shakira sobre el tema en su reciente visita: “aquí no hay conectividad en el Chocó, entonces no es que los niños puedan hacer escuela desde la casa…”. 

Fue un claro ejemplo de la desconexión del presidente con la realidad y el sector educativo. Luego el verdadero meollo es el recurrente cacareo gubernamental con la idea errada de que la educación se resuelve entregando dispositivos electrónicos. Medida alejada de la educación de calidad. De hecho, refutable desde la comunicación educativa. No pasa de ser una consigna simplista que sobrevive en el sur del globo a pesar de estar muy cuestionada en varios países desarrollados. 

Al respecto, como licenciado, vengo insistiendo en el debate sobre el tema. Según la UNESCO, más del 58 % de los países del mundo ya controlan, restringen o prohíben el uso de dispositivos electrónicos y teléfonos móviles en entornos escolares. También he citado el estudio “El censo del sentido común: uso de los medios de comunicación por preadolescentes y adolescentes” (THE COMMON SENSE CENSUS: MEDIA USE BY TWEENS AND TEENS), publicado en 2019. Y al pie de este, un buen reportaje de Nellie Bowles, de octubre de 2018 en el New York Times, vale la pena consultarlo: “The Digital Gap Between Rich and Poor Kids Is Not What We Expected”. La brecha digital entre niños ricos y pobres no es la que esperábamos. Las escuelas públicas estadounidenses siguen promocionando dispositivos con pantalla mientras los colegios ricos prohíben estos dispositivos durante el proceso de enseñanza aprendizaje.

Allí el asunto es tal que los expertos en educación, los padres, y de manera muy llamativa quienes trabajan para grandes compañías de tecnología y entretenimiento en la web, alejan a sus hijos de las instituciones que más promueven la digitalización. Optan por “el privilegio de elegir”. Antes la preocupación consistía en que los niños pobres no tuvieran acceso a la tecnología, ahora es a la inversa: por su creciente exposición a las pantallas, mientras que los hijos de familias tecnológicas privilegiadas reciben una educación deliberadamente más alejada de ellas. 

El debate entonces, no es una cuestión de acceso a tabletas y similares, que debe haber, y de avanzada, en las instituciones en las que estudian. De lo que se trata, y está lejos de comprender el presidente, es de educación integral: instituciones, acceso, infraestructura, docentes y pedagogía de calidad. Pasa incluso por recuperar la profundización en lectura, matemáticas y las artes, no por una tableta a la que acceden más por entretenimiento que por cuestiones académicas.

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