Sebastián Arango Náder
A un mes del terremoto, la ciudad se enfrenta a un nuevo panorama. Mientras continúa la atención humanitaria a quienes perdieron su vivienda y sus medios de vida, se avanza en la demolición de edificios que resultaron irreparables, y en la recuperación de otra infraestructura. Al tiempo, se intenta reactivar la vida económica de la ciudad y transitar hacia esta nueva etapa marcada por el duelo y la expectativa por el proceso que apenas comienza: la reconstrucción. En ese sentido, es el momento para preguntarse, ¿qué ciudad queremos reconstruir?
Está claro que lo urgente no da espera. Se requiere que todas las familias tengan una vivienda digna y segura; aliviar a los empresarios para que puedan reactivar sus negocios; asegurar que los niños, niñas y adolescentes regresen a sus clases y espacios de aprendizaje y recreación; y muchas otras tareas para pensar en una ciudad próspera y digna. Sin embargo, también es importante y prioritario sentar las bases del plan de reconstrucción, evitando que la urgencia derive en intervenciones desconectadas, sin una visión de ciudad que, a partir de la respuesta a esta emergencia, le permita a Pereira avanzar en materia urbanística, económica y social.
Por ejemplo, el plan de reconstrucción debería partir del reconocimiento del suelo en el que se asienta la ciudad. Una acción importante para las autoridades será delimitar claramente cuáles de los riesgos son mitigables y cuáles no. Para ello, Pereira debería reconocer y resignificar su relación con el agua. Pensar en una ciudad que se reconstruya incorporando en su ordenamiento y en su desarrollo los cursos naturales, las potencialidades y riesgos del agua. Además, es la oportunidad para considerar sistemas urbanos que, desde el drenaje o el reúso de aguas, atienda las necesidades de adaptación al cambio climático y otros fenómenos naturales. Por ese lado, la reconstrucción será una oportunidad para pensarse más resiliente y adaptada a sus condiciones naturales.
También, debería ser el momento para pensar en espacios urbanos más verdes y que propicien los encuentros y el desarrollo cultural de los ciudadanos. Sin duda, uno de los sectores más golpeados por el terremoto fue el de la cultura. Teatros, museos, murales y otra infraestructura fue destruida o seriamente afectada. Reconstruyamos una ciudad con más y mejores espacios adaptados y seguros para el desarrollo de diferentes actividades culturales.
La ciudad enfrenta un enorme desafío. Pero, ante la tragedia y la seguridad que debemos continuar y salir adelante, es el momento de pensar a Pereira como un lugar que avanza y se reconstruye como una ciudad incluyente, incorporando una visión a futuro.
