Por Julián Cárdenas Correa
Hay ciudadanos cívicos que por su nivel de entrega por Pereira, resultan o resultaron ser casi míticos. Y uso el término míticos porque el liderazgo, el compromiso y la entrega de ciertos líderes que ha parido nuestra ciudad, los hace de una estatura que, literalmente, terminan siendo simplemente colosales. Imposibles de alcanzar y menos aún, de igualar.
Cuando tuve la fortuna de trabajar en la Sociedad de Mejoras de Pereira, uno de esos nombres míticos, de esos líderes inspiradores, que me encontraba en las históricas actas de dicha entidad, era el de Rafael Cuartas Gaviria.
Más que un hijo del civismo pereirano, fue uno de sus padres. Cuenta de ese liderazgo y esa entrega por la construcción de Pereira la ha dado en varios artículos este Diario a través de los años, al igual que los que se han escrito por los historiadores locales.
Así como he admirado a esos titanes que forjaron esa pereiranidad de la cual nos sentimos tan orgullosos, hay un valor que admiro y sobre el que he escrito varias veces en este espacio. Se trata del valor de la coherencia.
Los valores muchas veces son simples declaratorias de cosas que suenan bonitas. “Responsabilidad”, “trabajo en equipo”, “respeto por el otro”, son ejemplos de ello. Pero el valor de la coherencia es un poco más escaso, más que por lo difícil de entenderlo, por lo casi inalcanzable de su cumplimiento.
Ser coherente es simplemente mantener una armonía y una conexión lógica entre lo que se piensa, lo que se siente, lo que se dice y lo que se hace. Insisto con el comentario: Por eso es tan difícil que se elija como valor. Ser coherente es más que un valor, un desafío existencial que demanda y mucho del ser humano que así lo pretende.
Casi como una consecuencia lógica de su progenitor, Ana María Cuartas es, lo afirmo categóricamente, de esas personas pereiranas que son absolutamente coherentes. El nivel de verticalidad de la hija de Rafael Cuartas Gaviria, es la mejor carta de presentación de quien acaba de ser elegida para dirigir el Fondo Milagro para la reconstrucción en esta ciudad.
Quienes conocemos a Ana María y hemos seguido su trayectoria sabemos que esa coherencia no es una declaración: ha sido una forma de actuar.
Debemos gratitud a Rafael Cuartas y, en los años recientes, a Ana María, quien, desde la Cámara de Comercio en su momento y luego desde la Sociedad de Mejoras de Pereira, ha hecho muchísimo por los pereiranos. Y este “hacer” ha sido un hacer sin pretensiones, sin ruido. Sólo los resultados pueden hablar por uno y quien tendrá la responsabilidad titánica de liderar la reconstrucción de nuestra ciudad se ha caracterizado por ello.
Más que felicitar a Ana María soy de la opinión de que nos merece es gratitud de parte de todos los pereiranos.
El desafío de levantar la ciudad es de por sí, un desafío descomunal. A esa dificilísima labor se sumarían inevitablemente las críticas y suspicacias que no sobran en nuestro terruño. Pero quienes han hecho de la coherencia y la verticalidad una forma de vida tienen en su propia trayectoria la mejor respuesta.
Por fortuna para todos, quienes son coherentes, quienes son inamovibles, quienes se caracterizan por su verticalidad, también son inmunes a la malediciencia.
La reconstrucción necesitará recursos, capacidad técnica y decisiones difíciles. Pero necesitará, sobre todo, confianza. Ana María Cuartas se ha ganado la nuestra. Ahora nos corresponde rodearla y acompañarla.
