Crhistian Londoño Orrego
“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber.” Mateo 25:35.
A 35 días de la tragedia, la advertencia del gobernador de Risaralda sobre quienes aún no han logrado registrarse es preocupante; porque detrás de cada registro hay una historia y detrás de cada persona que no aparece también puede existir una tragedia.
Hemos visto filas buscando ayudas, pero ¿cuántos damnificados no están haciendo fila?, existen familias de estratos 2 y 3 acostumbradas a sostenerse por sus propios medios, que tenían pequeños emprendimientos, empleados de empresa privada o contratistas que aunque hayan perdido todo, quizá sienten que no son merecedoras de recibir ayuda.
También están los arrendatarios, no propietarios de las viviendas afectadas, que perdieron muebles, electrodomésticos, herramientas, etc y años de esfuerzo, acaso ¿perderlo todo duele menos porque la vivienda estaba a nombre de otro? Y están los que en toda emergencia buscan sacar ventaja; el “vivo vive del bobo”, no puede convertirse en la lógica de la reconstrucción, no seria justo que quien tenga facilidad para hacer fila o conseguir intermediarios pueda desplazar al verdadero damnificado.
De igual modo, no se puede dejar de lado a los adultos mayores que vivían solos, pensionados o no, que durante años construyeron o mejoraron su vivienda para tener un techo digno y que hoy pueden estar en otro municipio, pagando un arriendo que quizá no alcanza a cubrir su pensión y podríamos enumerar, clasificar y caracterizar a un sinnúmero de damnificados.
Finalmente sumemos otro hecho preocupante, el aumento abusivo de algunos arriendos, aprovechando la necesidad de quienes hoy buscan dónde vivir, una tragedia jamás debería convertirse en negocio y esto exige algo más que esperar al ciudadano en una ventanilla, se debe verificar, identificar al oportunista y salir a buscar al damnificado silencioso, al que está donde un familiar, en otro municipio solo o simplemente no sabe cómo reportar su situación.
Porque la reconstrucción debe llegar al que realmente perdió, no al más avispado, porque quizá entre las filas hay quienes no deberían estar y detrás de ellas, hay quienes todavía nadie ha encontrado.
