A un mes de la tragedia

Ahora corresponde convertir la solidaridad en reconstrucción, la esperanza en trabajo y el dolor en una razón más para seguir adelante. Pereira resurge, porque Pereira no se rinde.
Hoy hace exactamente un mes, Pereira y buena parte de Risaralda sufrieron la mayor tragedia de los últimos años. El terremoto del 10 de agosto dejó una herida profunda en la vida y en el alma de la región, cuyas dimensiones apenas comienzan a comprenderse y cuyo impacto acompañará a la ciudad durante mucho tiempo.
Las cifras son aterradoras, 111 personas fallecidas, 588 heridas, 77 desaparecidas y fueron rescatadas de las  ruinas 274. Hay 63.609 viviendas averiadas y 5.535 completamente destruidas. Se han removido 170.000 toneladas de escombros y cerca de 500 edificaciones están programadas para demolición.
La tragedia golpeó también la educación y la economía. Son 48 las sedes educativas afectadas, mientras miles de negocios permanecen cerrados y decenas de miles de empleos se han perdido. Según las autoridades locales, recuperar la ciudad tendrá un costo cercano a los diez billones de pesos.
Pero un mes después también hay razones para mirar hacia adelante. La primera es la extraordinaria solidaridad de los pereiranos y risaraldenses, que desde las primeras horas se volcaron a las calles para ayudar, rescatar, alimentar, dar techo y acompañar a quienes lo habían perdido todo.
A esa solidaridad ciudadana se sumó la presencia del presidente Abelardo de la Espriella, quien ha visitado en varias ocasiones la ciudad, acompañado por algunos de sus ministros. El Gobierno Nacional ha enviado maquinaria, equipos y ayudas, y ha expresado su compromiso con la reconstrucción.
Sin embargo, hay muchas cosas también que no están funcionando. Resulta inexplicable la ausencia del gerente del Fondo Milagro, precisamente cuando Pereira era señalada por el propio Presidente como epicentro de la reconstrucción. Un mes después, la ciudad sigue esperando una conducción clara y efectiva.
También se debe cuestionar la excesiva lentitud para designar al responsable directo de la reconstrucción en Pereira y señalar el desorden que se ha presentado en la recepción, organización y distribución de las ayudas. Una tragedia de estas dimensiones exige coordinación, transparencia, autoridad y resultados, no improvisación.
La reconstrucción no puede reducirse a levantar edificios. Habrá que recuperar empleos, empresas, escuelas, viviendas, vías, espacios públicos y, sobre todo, la tranquilidad de miles de familias que todavía viven bajo la incertidumbre. Será una tarea de años que reclama unión institucional y ciudadana.
Pero si algo ha demostrado Pereira en estos 30 días es que no está dispuesta a rendirse. La ciudad ha sufrido antes grandes golpes y tragedias, y siempre ha sabido levantarse. Hoy, entre escombros y pérdidas humanas, vuelve a aparecer aquel espíritu cívico que la ha hecho grande.
Pereira está herida, pero está viva. Y esa es la mejor noticia un mes después de la tragedia. Ahora corresponde convertir la solidaridad en reconstrucción, la esperanza en trabajo y el dolor en una razón más para seguir adelante. Pereira resurge, porque Pereira no se rinde.

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