22.6 C
Pereira
miércoles, abril 24, 2024

Pasado, presente y futuro de la cultura en Pereira

Fragmento del discurso al recibir la Copa Miguel Álvarez de los Ríos, máximo galardón de El Parnaso Literario del Eje Cafetero, en acto que se efectuó recientemente en Pereira. 

Jorge Emilio Sierra Montoya

A comienzos de 1968 -¡hace más de medio siglo!-, cuando nuestra familia se trasladó de Marsella a Pereira, mi ciudad natal, yo apenas tenía doce años e iba rumbo a los trece, edad que cumpliría pocos meses después.

En aquel entonces, la ciudad era pequeña. “Un pueblo grande”, solíamos decir. Su pasado, desde la fundación en 1863, tenía escasas diez décadas, por lo que muchos ancianos pudieron dar testimonio de sus orígenes, de la legendaria colonización paisa que trajo a sus padres y abuelos, algunos de ellos arrieros o humildes campesinos, cuando no propietarios de tierras, venidos de Antioquia.

En su zona urbana, era todavía una aldea que recorríamos a pie, en un abrir y cerrar de ojos, mientras disfrutábamos de la naturaleza, enormes potreros que se extendían, en fincas y una que otra casa campestre, por sitios que ahora son barrios populosos (Cuba, Álamos y Cerritos, por ejemplo).

Ciudad culta

No obstante, el hecho de ser, desde 1966 -¡dos años atrás!-, la nueva capital del departamento de Risaralda, nos dejaba ver su pujanza, el espíritu emprendedor que le ha caracterizado y, sobre todo, su afán de progreso que se desató de inmediato y hoy podemos apreciar en modernas avenidas, altos edificios y hasta un tráfico intenso, propio de las metrópolis. 

Pereira, sí, era una ciudad pequeña, con aires de grandeza, más aún cuando acá la actividad comercial era incesante, con avisos de neón, iluminados por las noches, a lo largo de la carrera octava, desde el parque La Libertad hasta su plaza principal, donde se levantaba, imponente, el Bolívar Desnudo, recién traído durante las fiestas del centenario.

Era, además, una ciudad culta. “Pereira es cultura”, proclamábamos con orgullo.

Para empezar, el poeta Luis Carlos González se paseaba por las calles del centro, generalmente desde su vieja casona hasta el Club Rialto en que trabajaba, mientras sus bambucos resonaban por todas partes y, en especial, por las noches, en serenatas de ensueño, donde afloraban también más ritmos de música colombiana o, para estar a la moda, románticos boleros.

Había, de otra parte, instituciones culturales de peso: la Sociedad de Amigos del Arte (donde Benjamín Saldarriaga, destacado intelectual de la comarca, pontificaba con autoridad) y el Instituto Risaraldense de Cultura, dirigido por el pintor Rubén Jaramillo Serna.

Periódicos a granel

Por doquier circulaban periódicos como “El Diario”, de Alfonso Jaramillo Urrego, y su principal competidor local, “El Imparcial”, así como “El Compás”, de don Antonio del Valle, entre otros.

No obstante, “La Patria” de Manizales mandaba aquí la parada, aunque ya sentía los pasos de animal grande por la inminente aparición de “La Tarde” y “El Diario del Otún”, pero con la ventaja de tener, en su edición diaria, la sección de Pereira, dirigida por Gonzalo Uribe Mejía, el famoso Luis Yagarí, uno de los mejores cronistas de la prensa nacional en sus leídas “Jornadas”.

Como si fuera poco, salieron pequeños periódicos escolares en colegios como el Instituto Técnico Industrial y el Rafael Uribe Uribe, este último con “Satélite” a mi cargo, donde colaboraron el citado Poeta de La Ruana y Yagarí, nada menos.

Sopa de letras

Ahí, en el periodismo, se volcó mi incipiente vocación literaria que compartía con algunos jóvenes escritores y artistas del momento, como Héctor Escobar, Carlos Hernán Ochoa, Nelly Arias de Ossa y Martín Alonso Abad, a quienes se sumaban, entre poetas y teatreros, el director de la Biblioteca Municipal, Silvio Girón, y uno que otro visitante de Manizales, como Edgardo Salazar Santacoloma, Mario Escobar Ortiz y Teodoro Jaramillo, o de Bogotá, como el nadaista Eduardo Escobar.

A toda hora, mejor dicho, tomábamos sopa de letras.

Como telón de fondo, el espíritu cívico se revelaba en múltiples actos públicos y en columnas periodísticas como la de don Luciano García, personaje singular, único, siempre elegante, vestido de negro y corbata, paseándose por la urbe y saludando, con amabilidad, a tirios y troyanos, lejos del sectarismo que tanta violencia nos había costado.

Regreso a la aldea

Hoy, cincuenta años después de aquel primer encuentro con la cultura en Pereira (que, por cierto, llegó a su fin en 1972, cuando concluí estudios de bachillerato para irme a rodar por el mundo), he vuelto a mi ciudad natal. ¿Y qué encuentro en tal sentido? Veamos.

Luis Carlos González ya no está con nosotros, pero su antigua residencia se transformó en casa-museo y sede del Concejo municipal; poco se oyen las serenatas con sus bambucos, pero estos son interpretados por grupos folclóricos en un Festival Nacional realizado en su honor, como también a él se dedica, cada año, el Día de la Pereiranidad. Nuestro poeta mayor, en fin, está más vivo que nunca. 

El antiguo “Diario” de “El loco” Jaramillo desapareció, pero renació, como el ave fénix, en el gran periódico que lleva su nombre, donde “Las Artes”, su tradicional suplemento literario, es uno de los mejores del país, dando, cada domingo, amplio despliegue a la producción artística de la región.

Más cultura

Se esfumó la Sociedad de Amigos del Arte, pero en su lugar hay diversos grupos culturales, como El Parnaso Literario del Eje Cafetero, la Academia de Historia, la Sociedad Bolivariana y la Academia de Historia, Literatura y Arte, que, junto a las universidades y el propio sector público en sus secretarías de Educación y Cultura, desarrollan, con la debida continuidad, actividades de formación.

Las expresiones culturales, a su vez, van desde la Orquesta Sinfónica Juvenil hasta los grupos de música, danza, teatro…, que se presentan en el Teatro Santiago Londoño y el Centro Cultural Lucy Tejada, cuyo museo exalta a nuestra más notable artista pereirana. El Museo de Arte Moderno, por su lado, se dio hasta el lujo de exponer, completa, la serie “El Viacrucis” de Fernando Botero.

Y “El Bolívar desnudo” sigue ahí, como símbolo del heroísmo de nuestro pueblo, con cuatro obras más del maestro Arenas Betancourt, cuyo museo tiende a abrirse paso por iniciativa de entidades como la Sociedad de Mejoras Públicas, en espera del anunciado apoyo gubernamental.

Definitivamente, Pereira es cultura. Lo sigue siendo.

Turismo cultural

En circunstancias tan favorables, un futuro promisorio salta a la vista. Al fin y al cabo, El Paisaje Cultural Cafetero es Patrimonio de la Humanidad, según declaratoria de la Unesco, organismo educativo de la Organización de Naciones Unidas.

Pereira, por sus condiciones especiales, se posiciona cada vez más como el centro del Eje Cafetero o, si se quiere, como su capital, lo cual le ha dado una proyección no sólo nacional sino también mundial, a juzgar por su creciente desarrollo turístico en los últimos años.

Entramos, por tanto, a una nueva fase de la cultura local: el llamado Turismo Cultural que ya empieza a ser el principal motor de nuestro desarrollo. De ahí la necesidad de consolidar dicho proceso, con políticas específicas, como las siguientes:

  • Volver a nuestras raíces, en busca de la identidad cultural, con expresiones culturales autóctonas, como el bambuco;
  • Ofrecer, con orgullo, nuestra comida típica;
  • Celebrar, con entusiasmo, las Fiestas de la Cosecha y el Día de la Pereiranidad;
  • Recuperar el espíritu cívico y acentuar el sentido de pertenencia a nuestra ciudad, con amor;
  • Rescatar, en síntesis, los valores locales, con honda tradición, que tanto se buscan y aprecian en cada lugar del planeta, aprovechando la globalización en boga.

Rumbo al futuro

Por fortuna, hay mucho camino recorrido, con el viento a favor. Nuestra ciudad es bella y moderna, en un ambiente limpio, sano, con paisajes de fantasía; poseemos lo mejor de la cultura cafetera que nos identifica ante el mundo; somos la tierra de “Encanto” -¡que ya conquistó un Óscar!-, donde el realismo mágico es pan de cada día, y, en definitiva, Pereira es cultura, como tanto hemos dicho.

¿Qué falta? Es indispensable, sin duda, la triple alianza del gobierno, el sector privado y la academia, con el apoyo efectivo de la comunidad, en torno a la cultura en los términos descritos, para salir adelante. Lo demás vendrá por añadidura.

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

Para estar informado

- Advertisement -
- Publicidad -
- publicidad -