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domingo, abril 21, 2024

Novela “Y volar, volar, volar” de Oscar Seidel

Con un autor como Oscar Seidel y una novela como esta no hay tiempo que perder.

Lizardo Carvajal
Con la presencia de los alemanes en Colombia no solo se puede hacer historia, crónica,
ensayo; estudio económico, político, estético, se puede, incluso, hacer novela. Esa es la
gran tarea de Oscar Seidel, plasmada en la novela que el ansioso lector tiene en sus
manos.
Y volar, volar, volar es un título que le recuerda el poema hecho canción de
Doménico Modugno, “Volare o nel blu di pinto di blu, en el cielo pintado de azul”,
que nos llegó por los años sesenta a nuestro país.
En este caso Y volar, volar, volar es un poema en prosa, es la novela de Oscar
Seidel. En ella uno halla, también, la presencia de los alemanes en el volare
italiano y en el hecho de que volar, volar y volar fue práctica de los inmigrantes
germanos a Colombia.
Ellos dieron origen al transporte aéreo colombiano. Su empresa inicial fue Scadta,
Sociedad Colombo-alemana de transportes aéreos, después Avianca. Desde 1919
operó utilizando hidroaviones Junkers que acuatizaban en el río Magdalena.
Así que Y volar, volar, volar, obra que obtuvo en forma merecida el primer Premio
Convocatoria Mi Nariño Cultura Viva Creación Inédita Novela 2023, está basada
en el hecho de la presencia de inmigrantes alemanes en Colombia y en ese volar
que permite la imaginación y los sueños.
Si reconocemos con Borges que una novela es un cuento largo, de la misma
manera que un cuento es una novela corta, la obra del gran escritor Oscar Seidel,
cumple con esa definición. Con cerca de veinte mil palabras y en catorce
capítulos, el autor entrega muchos cuentos cortos que, como en El Quijote, se

integran magistralmente, para ofrecer al lector el cuento largo que constituye Y
volar, volar, volar.
Narrador y lector
En esta bella novela, el diálogo no constituye el medio de vivencia de los
personajes. Lo es el relato, la voz del narrador llena de datos, de imaginación, de
coherencia, de humor y de erotismo. Es el narrador quien dialoga con el lector. Y
lo hace de una manera que cautiva, que encanta a quien transita por historias de
esta novela.
¿Cómo logra, el autor, encantar definitivamente al lector? Con un recurso
novedoso y muy bien utilizado: El testimonio. Los personajes dan testimonios,
relatan en sus propias palabras los aconteceres y las personas. Los sucesos y las
vidas. Las ocurrencias y las peripecias.
Recuerdo uno de ellos, pero son muchos. El de Ulrich See, el “Hombre bala”,
oficial del Circo de Berlín: “Conocí a Pamela en un bar de Heidelberg en donde
ella trabajaba, el Circo de Berlín estaba parando allí y ese era su día libre. El
flechazo fue mutuo y contundente. Al rato, estábamos haciendo el amor en el baño
de servicio. Esa misma noche, ella me confesó que deberíamos vernos a
escondidas ya que convivía con un hombre que la maltrataba, además de
explotarla. De todas formas, seguimos viéndonos y tras unos días de intensa
pasión me encontré ante una disyuntiva: el Circo de Berlín debía partir hacia otro
país y no podía llevarme a Pamela conmigo ya que ella no tenía siquiera
pasaporte. Entonces, decidí quedarme para rescatarla. Conseguí un camión y esa
misma noche ambos huimos en él, sin rumbo fijo”.
Con un autor como Oscar Seidel y una novela como esta no hay tiempo que
perder. El lector debe beber en un vaso de cerveza todo el interés por una obra
genial, y volar, volar, volar. Adelante.

 

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