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jueves, abril 25, 2024

Las barras bravas, fútbol y cine

Germán Ossa
Hoy día no se puede decir, como algunos años atrás, que solamente el buen cine,
las buenas historias, las excelentes películas, se hacen y nos las cuentan, los
magos de Hollywood, los cineastas de Italia, los guionistas franceses o los
alemanes o rusos, sencillamente porque tienen un poder económico asombroso y
sofisticados equipos, y un personal exigente y destacado en todas y cada una de
las ramas que conforman la industria del cine. (Y eso que no quise nombrar a los
tales sindicatos, que hasta pelean por plata con las inteligencias artificiales, como
si éstas fueran “la última Coca-Cola del desierto”).
Hoy día no se necesitan los grandes estudios, los equipos sofisticados y costosos,
ni los técnicos formados académicamente en las mejores universidades ni
institutos intermedios más encopetados del planeta, para hacer y contar historias
que busquen afanosamente premios como el Goya de España, la Palma de
Oro de Francia, la India Catalina de Cartagena, el disco de Oro
precolombino del Festival de don Henry Laguado de Bogotá, ni el Coral de La
Habana, ni ese muñeco dorado sin apellido que se llama Óscar de la Academia
de Hollywood, ni nada por el estilo. Ya hay personitas, muy bellas y jóvenes y
talentosas como lo soñábamos hace muchos años, como esas que hoy me
ocupan, que hacen cosas maravillosas sin tanto requisito que convoque la vanidad
para demostrar algún grado de superioridad.
Ellos, los que ahora me animan a hacer esta nota, hacen películas con decoro,
pues saben desde que empiezan a trabajar, qué es lo que quieren contar y cómo,
buscando en sus protagonistas lo mejor de lo que están hechos, y procurando
encontrar mensajes contundentes, independiente del tema que los ha de arropar.
Daniela Arias, por ejemplo, con sus Alas de asfalto, corto que relata en muy poco
tiempo, una historia conmovedora, inteligente, sutil, serena, en una serie de
situaciones que provocan suspenso y entretenimiento (raro casado), susto y
nervios, sin acudir al tétrico género del terror ni de la violencia, pues los
muchachos que mete en su historia, que hacen su historia, que trata en su
historia, son aquellos que se juegan la vida con maromas inventadas en
motocicletas que se comen el asfalto de las calles de su tierra natal (Apía) y que
desean segregar siempre y a toda hora, esa adrenalina que se suma a los
glóbulos rojos de su sangre, para vivir, y ese aparente tema banal de las “barras
bravas” o hinchas de algunos equipos de fútbol de nuestra amada Colombia, que
son los protagonistas (algunos de sus integrantes y que son oriundos también de
su mismo municipio: Apia), en un documental que muestra la cara amable de

estos jóvenes que dan su vida y todo su tiempo al equipo que aman y por el que lo
dan todo.
La película
La Vida por los Trapos, título de este hermoso trabajo documental, en el que en
varios episodios, en varios trozos de vida, en distintos momentos, el talentoso y
joven realizador Juan Andrés Raigosa López, pone frente a su cámara tomavistas
a un grupo de hinchas (uno por uno), integrantes de esas barras de seguidores de
grandes equipos, para adentrarse en sus almas y escudriñar la razón de ser de
sus pasiones, las que mezclan con sus familias (hijos, esposas, hermanos y
padres), destacándose obvio, el amor por la vida por sobre todas las cosas.
Una película fraccionada inteligentemente, no triunfalista y sí humana, sencilla,
donde los protagonistas, que son las personas más elementales del mundo, se
desnudan frente a la cámara para narrar su pasión y sus sentimientos nada
desbordados, donde queda claro y nos dejan claro, conocer el significado inverso
de lo que en apariencia nos asusta: las barras bravas son más nobles que la furia
que las palabras insinúan.
Vale la pena seguir viendo su cine y vale mucho más la pena que estos
muchachos y mujeres jóvenes, sigan empuñando todas y cada una de las
cámaras “tomavistas” que salgan al mercado para contar todas las historias que
ellos persiguen, existen, andan sueltas, recrean y hasta se inventan.
Aplausos de verdad para ellos.

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