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sábado, febrero 24, 2024

Puede ser muy útil

El trabajo de refacción fue un avance importante para la recuperación de la calzada, pero es insuficiente para que de verdad sirva de apoyo al intenso tráfico entre las dos ciudades.

La llamada vía El Sesteadero-La Popa fue por muchos años un apoyo al pesado y creciente tráfico entre Pereira y la vecina ciudad de Dosquebradas, cuando no existía el Viaducto. Una vez construída esta importante obra, aquella calzada perdió importancia y dejó de ser utilizada por quienes circulan a diario entre las dos ciudades.

La buena capacidad de el Viaducto, con el complemento de la tradicional vía Puente Mosquera-La Popa, fueron suficientes para albergar el amplio flujo de vehículos entre ambas ciudades y permitir una aceptable movilidad tanto de ida hacia Dosquebradas como de venida hacia Pereira.

Sin embargo, con el inicio de la operación del Megabus y el creciente flujo entre las dos centros urbanos, tanto El Viaducto como la vía que los une a través del Puente Mosquera, se han hecho insuficientes al punto que hoy ir a Dosquebradas desde Pereira o venir desde allá a esta ciudad, es una tortura.

Hoy difícilmente un taxi lleva a Dosquebradas una persona que tenga que ir a cualquier hora del día, a hacer alguna diligencia y quien se aventure a hacerlo en su propio vehículo, tiene que disponer de toda una mañana o toda una tarde, de lo contrario no llegará a tiempo, porque la congestión vehicular lo hace imposible.

Por todo esto, ha retomado validez e importancia la vieja vía El Sesteadero-La Popa como una alternativa y una calzada de apoyo al tráfico entre las dos ciudades, especialmente en las horas pico cuando tanto el Viaducto como la antigua vía a Dosquebradas por el Puente Mosquera, son insuficientes para recibir el pesado tráfico entre ambas ciudades.

La Administración del alcalde Ramos, antes de terminar el año, recuperó la capa asfáltica y dejó la calzada en  condiciones para transitar; sin embargo, el abandono de la vía no es solo de su pavimento, sino por falta de iluminación, de barreras de protección para los vehículos, de andenes y de vigilancia de la Policía.

Hoy es posible que la vía esté transitable para los vehículos; pero sigue siendo un riesgo para quien se atreva a circular por allí. Si lo hace en carro puede ser víctima de la inseguridad del sector y si lo hace a pie corre el altísimo riesgo de ser atracado o arrollado por un vehículo. La carencia de luminarias y de vigilancia, ha convertido ese recorrido en uno de los mayores atracaderos y en una madriguera de delincuentes.

Por supuesto, el trabajo de refacción del pavimento hecho por la Administración de Dosquebradas fue un avance importante para la recuperación de la calzada y para su habilitación como vía alterna; pero es insuficiente para que de verdad sirva de apoyo al intenso tráfico entre las dos ciudades.

Ojalá, las nuevas administraciones de ambas ciudades se interesen en el tema y le pongan mano a una vía que puede ser muy útil para aliviar el grave problema de comunicación que hoy tienen Pereira y Dosquebradas.

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