17.4 C
Pereira
sábado, septiembre 24, 2022

No extraña

El resultado del operativo realizado el pasado martes y de manera simultánea en 47 centros de reclusión del país, confirma el alto nivel de corrupción que han alcanzado estos lugares. No de otra manera se puede interpretar que el registro realizado por el Inpec, haya dejado 792 armas blanca incautadas, 756 celulares, más de 2.000 accesorios para esto, 392 litros de licor, casi 2.000 gramos de marihuana y 3.250 de cocaína y casi 10 millones de pesos en efectivo.

De qué manera si no es con la ayuda, o la complicidad, o al menos la tolerancia del personal de guardias de los centros carcelarios, puede ingresar a estos lugares todas estas armas, aparatos de comunicación, licor y buen surtido de estupefacientes.

Se dice comúnmente que en las cárceles se puede tener lo que se quiera, que todo tiene un precio y que el que tiene con que pagar puede conseguir el arma que quiera, los celulares que desee, el tipo de licor y la cantidad que quiera, la droga que se le antoje, las visitas que quiera y las mujeres que le provoque.

La inquietud que queda es que si de este operativo realizado por 1.500 hombres de la guardia carcelaria, quedó lo que se ha anunciado, cómo hubiera sido el resultado si en el registro no hubieran participado los propios guardianes de los penales, sino un grupo élite compuesto por personal especializado y perteneciente a otro organismo del Estado.

No hay duda de que lo que se encontró el martes pasado, ingresó a las cárceles con la ayuda de los propios guardias carcelarios y con absoluta seguridad muchos pasaron por alto no pocos elementos prohibidos encontrados durante la inspección relámpago programada por el Inpec y la Fiscalía General de la Nación.

Las cárceles se han convertido en lugares del delito. Desde allí, gracias a los elementos de comunicación que han conseguido, operan verdaderas organizaciones criminales dedicadas a la extorsión, al secuestro, a la comercialización de estupefacientes y a la planeación y seguimiento de toda clase de actos delictivos.

Lo grave de todo es que esto es de público conocimiento de las autoridades carcelarias. Ellas no solamente saben desde cuáles penales y desde cuáles celdas es que se extorsiona, se planean los atentados terroristas, se ordenan los peores crímenes, se saquea el erario y roban las licitaciones; sino que tienen su propio negocio montado a través de los permisos, de la concesión de privilegios y de la entrega de elementos prohibidos.

En las cárceles todo vale, pero todo se consigue con dinero. Valen las visitas extras, las visitas conyugales, el ingreso de comida, la entrega de correspondencia, una llamada por teléfono, la conmutación de un castigo y, por supuesto, la consecución, de un arma, o de un celular, o de una botella de licor, o de unas dosis de droga.

Por eso, no extraña los hallazgos reportados en el operativo realizado por los propios agentes del Inpec y la Fiscalía, en medio centenar de cárceles del país. Es lo mínimo que pudieron haber encontrado en unos lugares que están en manos de la corrupción y son verdaderos centros del crimen.

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -