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Pereira
viernes, octubre 7, 2022

No es un caso menor

Indignación y desconcierto es lo mínimo que produce el aberrante comportamiento de un hijo de una madre comunitaria, con tres de los pequeñas que estaban bajo el cuidado de un hogar comunitario, y sorpresa las declaraciones de la Directora del Instituto de Bienestar Familiar de Risaralda al referirse al despreciable hecho.

Dijo la funcionaria, al confirmar lo sucedido, que el hogar donde sucedió el caso ya fue cerrado, que los demás pequeños fueron reubicados en otros establecimientos similares para continuar con su atención integral y protección, y que a las niñas victimas del abuso ya se les está haciendo el acompañamiento psicosocial y ya fueron ingresadas al programa de restablecimiento de derechos.

Por supuesto, es lo mínimo que tenia que hacer el Instituto frente a un caso tan grave como el denunciado la semana pasada. Que tal mantener funcionando el lugar donde sucedieron semejantes aberraciones y dejar el resto de los niños al cuidado de las personas que permitieron, por descuido o por negligencia o por lo que haya sido, que pasara una cosa de estas.

Sin embargo, nada dijo sobre las medidas que toma el Instituto para que esas cosas no sucedan. ¿Desde cuándo funcionaba este hogar comunitario? ¿Quién es la persona que estaba al frente de él? ¿Cómo era la composición familiar de la responsable del hogar? ¿Quién hizo la visita domiciliaria previa al otorgamiento del permiso de funcionamiento? ¿Cuántas veces se había visitado el sitio para verificar que se estuviera cumpliendo con el encargo de cuidar, enseñar y proteger a los niños asignados, y cuál era el grado de satisfacción de los pequeños en aquel lugar?

No puede bastar con que la funcionaria diga que los niños que había en ese lugar se mandaron para otra parte, o que la Fiscalía ya está investigando el suceso, o que a las niñas y a sus familias ya se les está dando asistencia sicológica y social. Es necesario que el Instituto diga lo que va a hacer para garantizar que esto no vuelva a suceder.

Con qué confianza y tranquilidad los padres de los otros niños del hogar cerrado y en general los cientos que confían sus pequeños a estos hogares, los van a seguir dejando todos los días en unos lugares sobre los cuales no se aplica ningún rigor para su selección y en donde tienen accesos toda clase de personas y sin ningún control.

El programa de los hogares comunitarios o sustitutos es una iniciativa del Instituto de Bienestar Familiar y por tanto la entidad es responsable de su buen funcionamiento y, por supuestos, de los problemas que puedan presentarse. Por eso, no es aceptable que se quiera escurrir de la responsabilidad de lo que sucedió con las tres niñas y voltear la página como si el  hecho hubiera sido un caso menor.

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