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jueves, octubre 6, 2022

No es suficiente

No se necesita mucho para saber que la creciente inseguridad que vive el país y de la cual no se escapa ninguna región, ni ninguna ciudad, se debe fundamentalmente a que los delincuentes están en la calle y saben que delinquir no tiene riesgo, porque cuando por alguna circunstancias son sorprendidos y detenidos, lo máximo que les pasa es una noche de incomodidad en alguna de las inspecciones de policía.

Un delincuente que atraca una persona que camina por la calle o le arrebata el celular a alguien que está parado en una esquina y que, gracias a la reacción de los transeúntes y a la rápida acción de la Policía, es capturado y al día siguiente en la audiencia de legalización de captura, es dejado en libertad, qué le va a impedir o qué lo va a retener para salir nuevamente a la calle a ver que ciudadano está descuidado para robarlo o tiene algún artículo de valor para atracarlo.

Lo grave de todo es que esto está ocurriendo no solo con el delincuente que le quita el celular de la oreja a una señora o el que le arrebata el morral a un estudiante, o el que le roba los espejos a los vehículos, o el que vende droga a la salida de los colegios; sino con el que, revolver en mano, baja de la moto a una joven y se la roba, o el que le da dos puñaladas al que se resiste a entregar su reloj, o el mata al que trata de defenderse y no quiere dejarse robar el carro.

Hoy la calle es un lugar vedado para el ciudadano común. Allí solo tiene espacio la delincuencia y el que se atreva a caminarla corre el riesgo de ser víctima de uno de los tantos delincuentes que ya han sido detenidos, que acumulan decenas de anotaciones judiciales y que a pesar de la reincidencia constante y de todas las pruebas aportadas por la Policía y la Fiscalía continúa en libertad por decisión de la justicia.

El Ministro de Justicia ha anunciado, como medida para combatir la inseguridad, la presentación de un proyecto de ley que modifique el artículo 239 del Código Penal en el sentido de aumentar algunas penas para el delito de hurto, rebajar su cuantía y eliminar los beneficios de casa por cárcel y libertad condicional para los reincidentes de ciertas conductas delictivas.

Sin embargo, no parece que el solo rebajar la cuantía del hurto de diez a cuatro salarios mínimos para imponer una pena privativa de la libertad y suprimir los beneficios penales para los reincidentes, sea suficiente. Mientras la ley contemple que la reincidencia se establece cuando haya sentencia ejecutoriada, en un país en el que los procesos mueren en los anaqueles de los juzgados y el porcentaje de sentencias dictadas es mínimo, el proyecto del Ministro será otro canto a la bandera.

La seguridad regresará a las calles de las ciudades cuando los delincuentes que sean capturados por la Policía, permanezcan en las cárceles, y esto se logrará cuando la ley penal le permita a los jueces enviar a la cárcel a los delincuentes que todos los días se burlan de las autoridades y de sus inútiles capturas.

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