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Pereira
sábado, diciembre 3, 2022

Están a la vista las consecuencias

La decisión de un juez de decretarle medida de aseguramiento con detención domiciliaria a la señora que el domingo pasado arrolló con su vehículo a cuatro personas que estaban esperando en un paradero el transporte público, ocasionándole la muerte a un pequeño de tres años, ha conmocionado, con toda razón, la comunidad pereirana y elevado una voz de protesta por una decisión que a la luz de un observador corriente no tiene ninguna explicación.

Pero más allá de este hecho puramente subjetivo de parte del juez de garantías y que seguramente tiene alguna explicación procesal, lo que vale la pena considerar son las circunstancias que todo indica propiciaron el accidente de tránsito y el estado en que se encontraba la mujer que causó la tragedia.

En Pereira conducir después de haber consumido bebidas alcohólicas es más corriente de lo que la gente se imagina e inexplicablemente, si se tienen en cuenta los resultados de los controles y los comparendos e inmovilizaciones que se han hecho en los últimos meses, una conducta que parece importarle muy poco a las autoridades de tránsito.

Hasta no hace mucho las autoridades realizaban permanentemente y en especial los fines de semana, retenes para controlar la sobriedad de los conductores; pero de un tiempo para acá esta acción prácticamente desapareció o disminuyó su intensidad y obviamente los resultados de los controles, como con muchas otras infracciones, se volvieron insignificantes.

Pero lo que más inquieta de esto, es que se ha vuelto común escuchar en la calle que esta infracción tiene una tarifa establecida, muy jugosa por demás, entre los agentes de tránsito que son asignados para hacer el control de embriaguez en las horas de la noche y los fines de semana, y que quien la paga en efectivo se evita no solo el comparendo, sino la inmovilización del vehículo, el valor de la grúa, el parqueadero, el tiempo que quita normalizar todo esto y, tal vez lo más importante, la suspensión de la licencia por un tiempo largo.

Todas las infracciones de tránsito son un atentado a la movilidad, al orden, a la buena circulación y a la seguridad de los propios viajeros y de los peatones; pero no hay ninguna más peligrosa que conducir después de haber consumido bebidas alcohólicas. Una muestra palpable de esto es lo que acaba de pasar en el sector de Mercasa.

En la ciudad se ha aflojado en el control a los ebrios, o se está tolerando a los que conducen en este estado, y las consecuencias quedaron a la vista el domingo pasado. Ojalá este lamentable hecho sirva para que el Instituto de Movilidad revise lo que se está haciendo y quién lo está haciendo, para evitar que el doloroso suceso de esta semana se vuelva a presentar.

Para estar informado

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