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viernes, enero 27, 2023

Un resultado nada bueno

Nada bueno fue el resultado final de la estrategia contra la pólvora durante los días de Navidad y año nuevo que pasaron, en el Departamento. Un número muy importante de personas, entre los que hubo no pocos niños y menores de edad, que por el descuido o la negligencia de sus padres están hoy viviendo el drama de la tragedia, fueron víctimas este letal producto.

Lo más doloroso de esto es que hoy, cuarenta días después de haber pasado la época de celebraciones, ni Bienestar Familiar ni ninguna de las instituciones encargadas de velar por el cumplimiento de la ley en los distintos municipios, en lo que tiene que ver con la protección de los menores contra el uso de la pólvora, tiene una sola investigación para establecer la responsabilidad de los padres o las personas a cuyo cargo estaban los niños quemados.

Es decir, a pesar de que la ley existe, de que hubo varios casos de pequeños gravemente lesionados con el producto y de que estos fueron conocidos en su momento por las respectivas autoridades, no hay una sola investigación en serio caminando sobre la responsabilidad de los padres y menos una sanción por la culpa que a ellos les pudiera caber.

Las autoridades son dadas a entregar informes, la mayoría de las veces retocados, sobre los lesionados con pólvora y a celebrar, cuando los números lo permiten, la mejoría con relación a mediciones anteriores; pero jamás enfrentan tal vez el mayor problema y es la culpabilidad de los padres y mayores cuando entre los quemados aparece un número importante de niños y menores.

Con cada pequeño quemado hay una vulneración flagrante de los derechos más elementales de los menores y especialmente de aquel que les asiste para que sus padres y sus familias los protejan y velen por su seguridad, y obviamente hay un responsable de la conculcación de ese derecho del niño.

Pero también le queda en muy buena parte la responsabilidad a las autoridades que no han tenido la diligencia o el cuidado de adelantar las acciones que garanticen el respeto de los derechos de los menores y su protección, y que establezcan la culpabilidad de sus padres y sus familias con el mal uso de la pólvora.

Se dirá que, como en las veces anteriores, hubo campañas de prevención dirigidas a evitar que los menores manipularan pólvora; pero o estuvieron mal diseñadas o no se les hizo la divulgación necesaria; porque el balance está a la vista y los datos de quemados, especialmente de niños, cuestionan la tarea de las autoridades departamentales.

Ojalá esta mala experiencia del año pasado y los pobres resultados de la campaña emprendida por las autoridades departamentales, sirva para revaluar y corregir este año la estrategia contra mal uso de la pólvora y se logre, como debe ser, cero menores y adultos quemados con este producto.

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