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martes, abril 23, 2024

El Viaducto, una vergüenza

¿Qué pasa si por desgracia una de las miles de personas que diariamente transitan por el Viaducto cae al vacío desde alguno de los puentes que están sin barandas de protección? 

 

Las fotografías que publicó este periódico el martes pasado sobre el estado en que se encuentran los accesos peatonales, las barandas de protección, el adoquín de los andenes y en general los elementos que hacen parte del entorno del Viaducto César Gaviria, no pueden ser más dolorosas, ni más gráficas del estado de abandono en que se encuentra, después de el Bolívar Desnudo, tal vez el más importante ícono de la Ciudad.

Los puentes peatonales de ingreso a la obra tanto por el lado de Pereira como de Dosquebradas, desde hace mucho tiempo están sin barandas, los adoquines los han ido arrancado a pedazos los vándalos, las tapas de los contadores no existen y la estructura metálica se la está comiendo el óxido.

No es exagerado decir que desde que se inauguró el Viaducto en 1.997, el Instituto Nacional de Vías, dueño de la obra y responsable de su mantenimiento, no le ha hecho absolutamente nada a la estructura, ni a las mallas de protección que fueron instaladas posteriormente para evitar los suicidios, y mucho menos al ornato del puente.

Ya cuando la turba a sueldo, durante el mal llamado estallido social, adoptó por costumbre tomarse el Viaducto para protestar por lo que pasaba y por lo que no pasaba e inclusive subirse a lo alto de torres, la obra había mostrado sus peladuras y dejado al descubierto su abandono, su deterioro y la falta de interés de los responsables de su mantenimiento.

Esto para no hablar de los riesgos que hoy ofrece el Viaducto para las personas que acostumbran cruzarlo todos los días de lado a lado, incluyendo los niños que van y vienen de su colegio, y que tienen que hacerlo por puentes sin barandas y en un estado que constituye una verdadera trampa mortal.

Se dirá con razón que la responsabilidad es de Invías y que es a esta entidad la que le corresponde recuperar la obra, reponer las barandas vandalizadas y los pisos destruidos, dale una mano de pintura y conservarla en buen estado; pero ¿ante la conocida desidia de esta entidad, las autoridades locales van a dejar que la obra se siga deteriorando y siendo un riesgo para los ciudadanos?

¿Qué pasa si por desgracia una de las miles de personas que diariamente transitan por el Viaducto cae al vacío desde alguno de los puentes que están sin barandas de protección? Por supuesto Invías tendrá que responder económicamente por el descuido; pero dónde queda la imagen de la Ciudad ante propios y extraños y el interés de las autoridades locales por el bienestar de sus gobernados.

Es urgente que los gobiernos locales hagan algo para atender este grave problema antes de que ocurra un hecho que lamentar y que ellos tengan que responder por la responsabilidad que le pueda caber a quienes teniendo mando y pudiendo minimizar el riesgo de un accidente, no lo hicieron.

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