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lunes, febrero 6, 2023

Algo pasa con la Justicia

Ha hecho carrera en la ciudad y, por lo que se observa en los distintos medios de comunicación, en todo el país, una práctica que, aunque para muchos es válida y merecida, es a todas luces improcedente, inconveniente y contraria a cualquier ordenamiento legal y social, y que tiene necesariamente que llamar la atención de las autoridades e invitarlas a hacer una reflexión sobre lo que está pasando.

Cuando un delincuente atraca una persona, o le arrebata el celular, o le roba sus vehículo, o la agrede sexualmente, la víctima pide ayuda a la gente y entre todos lo cogen, en vez de llevarlo ante las autoridades, lo que hacen es emprenderla a golpes y a palos contra él, hasta dejarlo medio muerto y una vez así, ahí sí llaman a la Policía y la dejan en sus manos.

Al indagar un poco sobre la razón de este comportamiento agresivo, la respuesta unánime es que es necesario “darle sus merecido”, porque cuando se entrega a la Policía lo que pasa siempre es que el delincuente, luego de llevado ante el juez para su legalización de captura, la Fiscalía entregar las pruebas recogidas, la mayoría de las veces inobjetables, este le concede la libertad, supuestamente mientras continúa la investigación, cosa que nunca ocurre porque los juzgados están atiborrados de procesos y solo tienen tiempo para contestar las tutelas que diariamente llegan a estos despachos.

La gente ya no cree en las autoridades; por eso, primero no denuncia ni cuando es atracada, ni cuando le arrebatan el  morral, ni cuando lo paran y le roban la bicicleta o la moto, ni cuando es agredida por un miembro de la familia, ni cuando pasa un motociclista y le quita el celular del oido; y segundo, si por una rápida reacción y un oportuno apoyo de la comunidad, es agarrado el delincuente, no se lo entregan a las autoridades, sino que cobran justicia por sus propias manos.

La gente sostiene que la única manera de hacer reaccionar a los delincuentes y hacerles entender que salir a la calle a ver a qué señora le quitan la cartera, o a qué adulto mayor le manotean el celular, o qué moto está sola para robársela, o qué hay mal puesto para lleváselo, tiene su riesgo y pueden  terminar en medio de una paliza que no pocas veces los deja de clínica y con varios huesos quebrados.

Claro que no está bien y no se justifica bajo ningún aspecto que una persona con la ayuda de otras, persiga a quien le robo su celular, lo coja y entre todos lo encienda golpes y patadas, supuestamente para que aprenda y no vuelva a meterse con alguien de la comunidad, ni a desear alguna de las pertenencias de sus miembros; pero si esto está pasando, es porque algo no está funcionando bien y porque en este país no existe la justicia.

Esta reacción y esta forma de actual de una comnidad, tiene que servir, pues, para que las autoridades reflexionen sobre su papel en la sociedad, su obligación de garantizar la seguridad de los asociados, de preservar su vida, de proteger sus bienes; y, sobre todo, su misión de hacer cumplir la ley e impartir pronta y debida justicia.

Para estar informado

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