¿El presente para cuándo?

*Por: Jhon Wilmar Toro Zapata

El polvo seguía volando sin poder tocar suelo en las rendijas de taller, y el crujido de las réplicas se había vuelto un murmullo cotidiano, quizás desapercibido para algunos, y terror para otros. La grieta atravesaba el piso de punta a punta de aquella casa que el terremoto no pudo derribar, pero quedó agotada por lo que tuvo que resistir. 

Augusto permanecía sentado en una silla que tambaleaba por el desgaste del tiempo, intentando encajar los pedazos de una vasija que el movimiento fuerte de la casa había alcanzado a estropear. Sus manos llenas de pegamento y la mirada perdida en los escombros que aún cubrían la salida dan a entender la fuerza de la nostalgia que su corazón guardaba y que a cada segundo le reclamaba. ¡Si no dejas de intentar pegar el pasado señor Augusto, se nos va a caer encima la mitad del techo que queda en pie!, dijo Helena sacudiéndose el polvo del cabello mientras arrastraba dos vigas de madera hacia lo que un día fue la sala. No es solo pegar, dijo él, es la historia de lo que un día fue nuestro hogar. Si no recuperamos esto, ¿qué columna nos queda para reconstruir? No podemos avanzar sin lo que fuimos.

Helena soltó la madera con un golpe seco que levantó una nube gris entre ambos. Se acercó a él, le arrebató los pedazos de cerámica gastada y los dejó sobre la mesa limpia que acababa de despejar. Te estás equivocando de punto de apoyo, dijo ella mientras sujetaba las manos llenas de grietas de Augusto. La historia no nos va a salvar de la lluvia de esta noche. Lo único que tenemos para el mañana es este suelo roto. Si no miras dónde estás parado hoy, el futuro va a ser otro derrumbe.

Augusto miró el espacio, el muro que daba al oeste ya no existía, y por primera vez, la luz del atardecer entraba directa, iluminando no los restos del ayer, sino la amplitud del nuevo horizonte que la tierra, a la fuerza, les había abierto; abrazó su fe y entendió entonces que la nostalgia era un refugio peligroso tras un sismo. La realidad no pedía lamentos ni reconstrucciones idénticas a diseños originales; exigía una lectura del presente. El terremoto no solo destruye; despoja accesorios y deja al desnudo la estructura real sobre la cual hay que volver a edificar, lo humano y lo material.

Augusto tomó fuerzas, soltó los escombros viejos que su corazón cargaba y ayudó a Helena a levantar la viga y dijo:” La firmeza del mañana solo se traza con el peso que podemos sostener hoy”. NO LO OLVIDES. ¿El presente para cuándo? 

*Universidad de Católica de Pereira

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