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miércoles, abril 24, 2024

MI CINE, MI TEATRO Y NUESTRAS HISTORIAS

Juan Diego Velázquez Romero

Todas las artes están ligadas entre sí; en su estética, su estructura y sus temas. Para los críticos de cine, aún más. Precisamente por la historicidad que ha mantenido el cine desde sus inicios, partiendo de lo teatral que antiguamente era  un ritual; y  de lo visual que  en tiempo remoto eran los grafitis de cuevas y pirámides, etc,. Mi exposición versará sobre obras de teatro adaptadas al cine, y del cine dedicado a darle valor y tributo al arte escénico.  Pensaba hablar específicamente de la adaptación que había hecho nuestro gran amigo exiliado chileno Duvav Kuzmanich en 1982, La Agonía del difunto.
Quién un año antes había dado el campanazo de alerta: un “cine político” en nuestra historia era posible, con su película Canaguaro (actualmente ese es el título de la revista de Crítica de cine de los estudiantes de crítica cinematográfica de la U de A). Casi siempre hemos tenido ayuda de los inmigrantes y de los exiliados; en épocas pasadas le correspondió a José María Arzuaga un madrileño que a sus 30 años ya estaba produciendo en Colombia, y ni hablar de la historia del cine colombiano con los hermanos Di Doménico, llegados al país desde Italia en 1911.
La obra pertenece a Esteban Navajas Cortés y el Teatro Libre la exhibió bajo la dirección de Jorge Plata en 1977: La Agonía del difunto. Debido a su éxito tuvo también una adaptación de Julio Luzardo para televisión de 2 horas adaptada en 1986. Fotografía: Henry Vargas, música de Arnulfo Briceño y actores principales: Hernán Jaramillo, Laura García, Carlota Llano y César Mora. En tiempos recientes   2011, Hernán Pico, en una entrevista decía: “su estreno correspondía a una época, precisamente en que las políticas estatales en relación con la propiedad privada habían beneficiado a los terratenientes en la zona rural del país, generando un malestar general en la población campesina. La obra presenta esta realidad de una manera extraordinaria, ya que a pesar de ser evidentemente contestataria frente a la situación social y económica de los campesinos, es creada bajo una visión estética muy particular, haciendo que su colorido lenguaje coloquial tenga avisos poéticos que otorgan a la obra un mayor valor artístico”.
En la actualidad según datos del Oxfam el 1% de las tierras de las fincas grandes abarca aquí el 81% de la tierra colombiana. Y el 1% de la tierra prometida en el proceso de paz de 3 millones de hectáreas solo el 1.6% ha sido comprada.
La película en cuestión, fue censurada y su exhibición muy reducida. Y a pesar de los esfuerzos que hice para verla, acompañado del texto original de Navajas; llamando al patrimonio fílmico y enviándoles petición a su correo: ni lo uno ni lo otro, las páginas y los teléfonos no contestan. Por ello me tocó pasar al plan b y dedicarme a tres películas, un homenaje de Francois Truffaut que pensaba ser parte de su trilogía sobre el musical, el cine y el teatro: El último metro, del año 1980. La otra corresponde a Carlos Saura, mostrando lo fundamental de la memoria, así sea, representada en teatro.

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