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miércoles, abril 24, 2024

Las pinturas de Oscar Jaramillo Osorio

Entre pantallazos de flores y pájaros multicolores, son un bello tributo y el sentimiento que brota de los pinceles cuando el pintor explora mundos nuevos desde el mirador de su querencia.

n Alfredo Cardona Tobón

Oscar Jaramillo Osorio es un intelectual que vive inmerso en el arte, la historia y la naturaleza, es un hombre estudioso, disciplinado, que como afirma Germán Ossa, se obsesiona tanto con la belleza, que como ocurrió con un famoso pintor, podría extasiarse en su obra en tal forma que se adentró en ella y se perdió en uno de los atardeceres.
Oscar es miembro de la Academia Pereirana de Historia y de El Parnaso Literario. Es pereirano de profesión y en lo que pinta y en lo que escribe va siempre un trozo de su terruño y el verso sonoro de un bambuco.
Es larga y meritoria la labor de Oscar Jaramillo Osorio en los campos de la historia, la crónica y la pintura, es un trabajador insomne de la cultura que generosamente nos convoca para deleitarnos con un libro que tituló “Pinturas”, donde estalla el color y la belleza.
Al correr las páginas del libro uno se sumerge en las aguas de Caño Cristales, comulga con la magia del universo en la nebulosa La Mariposa, se siente el encanto de las palmas quindianas y se admira al pájaro barranquero que canta a los raudales y se pierde en el paisaje reseco del desierto de la Tatacoa.
Entre pantallazos de flores y pájaros multicolores las pinturas de Oscar Jaramillo son un bello tributo y el sentimiento que brota de los pinceles cuando el pintor explora mundos nuevos desde el mirador que él llama su querencia.
Risaralda está plasmada en las “Pinturas” de Jaramillo, en ellas el autor nos permite “puebliar” y llegar al alma de los municipios, se siente la Soledad de Pueblo Rico, caminamos por las calles de La Celia y de Marsella, palpamos el calor con chicharras de La Virginia y en sus trazos vemos a Santuario desde la majestuosidad de sus balcones..
Al contemplar el cerro Batero en Quinchía, presentimos a Xixaraca, el dios creador de los umbras y a Michua la Señora del Valor y de la Guerra, al admirar el Ruiz sentimos sus tremores y admiramos la fumarola confundida con la nieve, nos llenamos de mar en Nuquí y cabalgamos en los atardeceres llaneros.
En “Pinturas” se combina el mundo submarino con el vuelo de las guacamayas y el fulgor de los pétalos tropicales se entremezcla con los follajes y los frailejones, allí contrastan las espumas del Otún con el correr adormilado del río La Miel y se confunden los paisajes urbanos con las marimondas barranquilleras.

En 2010 Caño Cristales adornó la exposición de la Sala Carlos Drews y en la exposición del Amazonas realizada en 2012 en el Centro Comercial Victoria, se brindó la oportunidad de adentrarse en la magia del gran rio. Son numerosas las exposiciones de las obras de Oscar Jaramillo en Colombia y Venezuela, en ellas se une el mundo de mar, del rio, de la sierra y el llano y aparece el clamor de los ancestros en el retrato del abuelo Francisco Osorio, al igual que la casa solariega de La Cecilia, que guarda tesoros invaluables de la historia local.
En los lienzos de Jaramillo se estampa el amor y se reviven los recuerdos, pues no solamente en versos se canta a la amada y retoña el alma. En este libro, hay algo más que pinturas, es también el registro de una estirpe donde la sangre minera se entreveró con el tesón de los pioneros para darnos un pintor, que nos brinda luz, calor, vientos, el canto de los pájaros, un maestro que muestra el dolor en el rostro de un sobreviviente de la masacre del Aro, plasma la desolación de una mujer sin esperanza en la barra de un bar y proclama la ilusión en la sonrisa de la palequera de Bazurto.
En el libro La lluvia empapa el paisaje, el rio descansa bajo los arreboles y entre orquídeas y platiceros se dibuja un mundo de sueños en Bienadentro que como “Otraparte”, el refugio del filósofo Fernando González, es el Olimpo no de los dioses griegos, sino de un artista raizal que siente correr a Pereira por sus venas.
Trescientos cuadros de Colombia y Venezuela enriquecen la obra del pintor, ciento setenta de ellos adornan este libro, que es un coctel para el espíritu y para quienes van más allá del prosaico afán cotidiano.

Felicitamos a nuestro amigo por su obra, quiera Dios que su camino sea muy largo, muy largo, para que siga capturando atardeceres y el vuelo de los colibríes desde el mirador de su querencia. Este libro es un regalo valioso y el testimonio de una ciudad vibrante que además de aplaudir debiera apoyar la cultura.

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