Ha sido finalista en concursos de Cali, Pereira y Santiago de Cali, y su obra ha viajado a encuentros literarios en Medellín, Envigado, Bucaramanga, Panamá, India, Estados Unidos y Argentina.
Javier Ríos Gómez
En el panorama literario colombiano, pocas voces emergen con la claridad y la fuerza que ha alcanzado Sara Sofía Potosí Sánchez, nacida en Cartago en 2011 y formada en la Institución Educativa Sor María Juliana.
Su nombre comenzó a circular en los espacios culturales del Valle del Cauca como una promesa precoz; hoy, apenas quince años después, esa promesa se ha transformado en una presencia sólida, reconocida y celebrada en escenarios nacionales e internacionales.
Desde sus primeros acercamientos a la escritura, la poesía se convirtió en su manera de interpretar el mundo.
En su propia reseña biográfica afirma que “su escritura nace de la contemplación, la naturaleza, la memoria y las emociones cotidianas”, una declaración que resume la esencia de su obra: una mirada que se detiene en lo pequeño para revelar lo profundo.
Con madurez sorprendente
Los poemarios 40 poemas de amor: Los aleteos de una Isabelina y Memorias de un Parpadeo, trazan el mapa inicial de su universo creativo.
En ellos, la autora explora la fragilidad, la memoria y la intensidad emocional con una sensibilidad que desarma cualquier prejuicio sobre la edad. Su segundo libro, en particular, confirma que la brevedad de un gesto puede contener una revelación, que un parpadeo es suficiente para que la poesía encuentre su cauce.
La presencia de Sara en las ediciones 36 y 37 de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) marcó un punto de inflexión. Allí fue destacada como revelación en el magazín oficial del evento, un reconocimiento que la situó en el radar de lectores, editores y gestores culturales.
Más allá de Colombia
El recorrido de la joven poeta no se limita a los escenarios locales. Ha sido finalista en concursos de Cali, Pereira y Santiago de Cali, y su obra ha viajado a encuentros literarios en Medellín, Envigado, Bucaramanga, Panamá, India, Estados Unidos y Argentina.
En su reseña recuerda que “su trabajo también ha tenido presencia en eventos literarios nacionales e internacionales”, una afirmación que hoy se confirma con la amplitud de su itinerario cultural.
Entre los reconocimientos que ha recibido destacan la Medalla al Mérito Cívico “Felipe II”, diversas distinciones del Programa de Jóvenes Latinoamericanos y su nombramiento como Embajadora de Buena Voluntad de las Artes y las Letras en Quito.
La Casa de la Cultura de Villanueva, en El Águila, lleva su nombre como homenaje a su trayectoria.
Liderazgo juvenil
Más allá de los escenarios, Sara cultiva una disciplina que sostiene su crecimiento artístico. Combina sus estudios con el aprendizaje de lenguas extranjeras, la práctica deportiva y el liderazgo de semilleros literarios, donde acompaña a otros jóvenes en el descubrimiento de la palabra como herramienta de expresión y transformación.
Actualmente trabaja en su tercer libro de poesía, convencida de que la literatura es un puente entre las personas, una forma de preservar la memoria y de abrir espacios de sensibilidad en tiempos de prisa y desconexión.
Una figura necesaria
En un país que busca nuevas voces para renovar su tradición literaria, la presencia de Sara Potosí representa una bocanada de aire fresco. Su obra, todavía en construcción, ya es parte del patrimonio simbólico de una generación que encuentra en la poesía un refugio y una forma de resistencia.
Rendirle homenaje desde las páginas de la prensa cultural no es un gesto de indulgencia hacia su juventud, sino un reconocimiento a la fuerza de una autora que ha logrado convertir la palabra en territorio, la emoción en brújula y la sensibilidad en una forma de estar en el mundo.


