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jueves, abril 25, 2024

La novela “Sol Marchito”: ¿Memoria de la guerra de 1876?

Retrato político del Siglo XIX, donde se descubre que no hemos podido superar la
intransigencia. Una novela que debe leerse para entender la historia de Colombia.

José Miguel Alzate
El proceso investigativo para escribir una novela sobre un suceso que haya
marcado a Colombia es complejo. Recrear literariamente un hecho que tiene
connotaciones históricas es volver la mirada al pasado para saber qué sucedió en
una época determinada. Si quiere darle sustento literario, el escritor debe tener
claros en su cerebro, bien investigados, con fechas exactas y nombres precisos,
sin tergiversar la historia, los hechos que va a narrar. Y debe narrarlos
combinando ficción con realidad. En este sentido, el novelista tiene licencias que
no tiene el historiador. Esto le permite jugar con la historia, contándola con gracia.
Es lo que hace en Sol marchito Álvaro Medina Amarís, escritor nacido en
Barranquilla, reconocido como uno de los grandes críticos de arte que tiene
Colombia.
En esta novela publicada por Planeta se narra con minuciosidad en los detalles
cómo fue esa guerra que se desató el 9 de julio de 1876, cuando el Partido
Conservador se convirtió en guerrilla para intentar derrocar el gobierno radical de
Aquileo Parra, que era anticlerical. Este presidente, que asumió el poder el 1 de
abril de 1876, declaró “perturbado el orden público federal” para hacerle frente a
una confrontación armada que finalizó el 25 de mayo de 1877. Una contienda que
tuvo carácter político-religioso toda vez que el gobierno no estaba de acuerdo con
la educación impartida por la iglesia católica. El país tenía entonces el nombre de
Estados Unidos de Colombia, estaba dividido en nueve Estados Soberanos y era
regido por la Constitución de 1863.
Novela novedosa
Sol marchito es una novela novedosa en su estructura. Álvaro Medina Amarís no
recurre al narrador omnisciente ni en tercera persona para contar cómo se desató
esa guerra que dejó 5.721 muertos. El autor utiliza la voz de un padre que le
cuenta a su hijo pormenores de este enfrentamiento. Se llama Antonio Ñungo, un
hombre que en la Guerra de los Mil Días participó en la Batalla de Palonegro,
donde alcanzó el grado de general. Es hijo de Delio Ñungo, un poeta de alto vuelo
que fue amigo personal de José Asunción Silva, Rafael Pombo, José María
Vargas Vila y Miguel Antonio Caro. Desde luego, el personaje es imaginario. Como
lo es el ataque a la Hacienda La Tabita el 1 de octubre de 1876. Delio Ñungo

estuvo poseído por un ser maligno y, para liberarlo, un sacerdote tuvo que hacerle
un exorcismo.
Este personaje fue asesinado en la hacienda La Tabita. Así se lo dice el narrador a
su hijo: “los bellacos le apuntaron a su abuelo, dispararon y le abrieron cuatro
orificios con una sola bala”. Lo mataron porque el gobierno de Aquileo Parra lo
acusó de tener contactos clandestinos con Luis León, que dirigía la guerrilla
conservadora. De este hecho que produjo dolor en el alma de Antonio Ñungo, el
hijo, parte la narración de una guerra que abrió el camino a la Regeneración, el
movimiento que años después llevó al poder a Rafael Núñez e hizo posible la
promulgación de la Constitución de 1886, que ordenó una nueva división política
del país, dándole vida a los departamentos. Antonio Ñungo se incorporó a los
regimientos revolucionarios del general Manuel Briceño.
En Sol Marchito Álvaro Medina Amarís revela hechos que no han trascendido en
la historia de Colombia. Como el que cuenta en la página 89, donde dice que entre
Aquileo Parra y Rafael Núñez existió una enemistad tan grande que, después de
la proclamación del primero por parte del congreso como presidente de Colombia
en 1876, el segundo se retiraba de cualquier sitio a donde este llegara. O aquel
donde dice que antes de iniciarse esta guerra se dejó de escuchar el eco de las
doce campanadas de las iglesias a medianoche y, en cambio, empezaron a
sentirse por La Candelaria los cascos de tres jinetes que recorrían las calles
disparando salvas de escopeta. Los tres hombres, montados en caballos,
incitaban a la población a la venganza e invitaban a cometer actos sacrílegos en
las iglesias.
Las batallas
Los relatos que en la novela se hacen sobre las batallas de Los Chancos y Las
Garrapatas, que ocurrieron el 31 de agosto y el 20 de noviembre de 1876,
respectivamente, muestran a un escritor disciplinado, que investiga a profundidad
los hechos que narra. Sobre la primera, el narrador le cuenta a su hijo Delio
Antonio que en seis horas el ejército liberal mató a ochocientos hombres de la
guerrilla conservadora, y que los muertos fueron 1300, mientras en la segunda
ascendieron a 1490. Después de estos enfrentamientos se aceptó una tregua
propuesta por el general Santos Acosta. Antonio Ñungo afirma que en esta batalla
no hubo vencedores ni vencidos. Las descripciones de los lugares son
verosímiles, y ponen de presente el talento narrativo de Álvaro Medina Amarís.
Antonio Ñungo, el personaje narrador, es un hombre de convicciones religiosas,
lector apasionado de El Cid Campeador, que se alista en la guerrilla del general
Manuel Briceño no solo para vengar la muerte de su padre, buscando el
derrocamiento del gobierno de Aquileo Parra, sino para defender los principios
católicos que le inculcaron desde niño y, además, buscar que el nombre de quien
le dio la vida no muera en el olvido. Es un creyente en Dios a quien le toca vivir
momentos difíciles, que lucha por rescatar los poemas de su padre porque para él
fue “el más grande poeta de la lengua castellana nacido en el nuevo continente”.
Esto se lo dice con orgullo a su hijo Delio Antonio en esa larga charla donde el

muchacho no lo interrumpe porque está encantado con la historia que el papá le
cuenta.
Álvaro Medina maneja un estilo literario tan exquisito, de tanta calidad narrativa,
con un dominio tan grande de la sintaxis, con tantos detalles en la narración y tan
lleno de datos históricos que la lectura del libro no cansa. El contexto histórico le
permite explayarse en la exposición con gran soltura idiomática. Los saltos en el
tiempo mantienen el hilo conductor sin que el interés del lector decaiga. Un
lenguaje claro, conciso, brillante, conduce al lector por una época de
enfrentamientos armados. Luis Carlos Muñoz, que fue profesor de la Universidad
Javeriana, dice que de 59 guerras civiles que hubo en ese tiempo la historia solo
registra nueve. Sol marchito es un retrato político del Siglo XIX, donde se
descubre que no hemos podido superar la intransigencia. Una novela que debe
leerse para entender la historia de Colombia.

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