Una madre de cien años celebrará rodeada por el amor de su extensa familia

A sus cien años, María Luisa Mejía Cano es madre, abuela, bisabuela, tatarabuela y chozna abuela,lo que significa que ha visto crecer seis generaciones.

Este año, el Día de la Madre tendrá un significado muy especial para la familia de María Luisa Mejía Cano.
No solo porque acaba de cumplir cien años de vida, sino porque podrá recibir el cariño, la compañía y los buenos deseos de varias generaciones que hoy celebran y consideran su existencia una verdadera bendición.
María Luisa, oriunda de Antioquia, llegó a Pereira junto a su esposo, con quien formó una familia numerosa. En una casa ubicada en el sector del barrio La Dulcera, terminaron de criar a sus hijos y construyeron buena parte de su historia familiar. Hoy vive en el barrio El Poblado, rodeada por el cuidado de su hija Adiela, su nieta y de otros familiares que permanecen atentos a sus necesidades.
A sus cien años, María Luisa es madre, abuela, bisabuela, tatarabuela y chozna abuela.
Su descendencia es amplia: tuvo 21 hijos, de los cuales algunos murieron al nacer o muy pequeños. Actualmente sobreviven nueve.
Tiene 55 nietos, 64 bisnietos, 7 tataranietos y una chozna, como se les llama a los hijos de los tataranietos. La integrante más pequeña de la familia es una niña de apenas cuatro meses.

La canción que le gusta
Durante la realización de esta entrevista, al principio se mostró algo ansiosa; sin embargo, todo cambió cuando empezó a sonar la canción “Coqueta”, de Heredero. Al escuchar la música, movió los hombros, tomó su caminador y, con ayuda de sus familiares, se puso de pie para seguir el ritmo. Aunque fue poco lo que pudo conversar, sus hijas y uno de sus nietos se encargaron de contar parte de su historia.
Para su hija Adiela, su cuidadora, tener a su madre con vida en este Día de la Madre es motivo de profunda emoción.
Su labor no ha sido sencilla, pues durante años también cuidó a su padre, quien falleció a los 93 años. Desde entonces, ha permanecido al lado de María Luisa, pendiente de su alimentación, sus medicamentos, su aseo, sus rutinas y su bienestar diario.

Esta foto es de años atrás. Está María Luisa, más joven, con sus hijos y su esposo.

Esta foto es de años atrás. Está María Luisa, más joven, con sus hijos.
“Para toda nuestra familia es una felicidad muy grande tenerla viva”, expresa Adiela, conmovida.
A María Luisa, cuenta Adiela, le gusta ver televisión, especialmente novelas turcas; disfruta contar, recortar, conversar y escuchar historias, si bien algunas veces falla su memoria.
También conserva el gusto por la comida casera, en especial la carne y el sancocho de gallina, plato que en otros tiempos hacía parte de las celebraciones familiares del Día de la Madre.
La familia recuerda que cuando eran niños, el desayuno era las 7:00 de la mañana, la media mañana a las 10:00, el almuerzo al mediodía, el algo a las 3:00 de la tarde y la comida a las 6:00 de la tarde.
Para sus hijas, esa disciplina, sumada a la alimentación tradicional, podría estar relacionada con su longevidad.
Sin embargo, también enfrentan la crisis de la salud. Aunque María Luisa recibe atención médica en casa y la Nueva EPS hace seguimiento a su estado de salud, sus familiares aseguran que desde hace más de un año no le entregan algunos medicamentos que requiere, como Losartán, Atorvastatina e inhaladores. Por eso, varios de estos insumos, así como pañales, vitaminas y alimentos, deben ser asumidos por la familia.
“Tengo mucho cuidado con ella y su alimentación. Echarle crema al cuerpito, hacerle juegos, hablar con ella”. Adiela, cuidadora de María Luisa, tiene un sueño y es conocer el mar. Ese es el regalo que quiere de Día de la Madre.
Por su parte, Amparo, nieta de María Luisa, de 67 años, afirma que es un orgullo inmenso tener viva a su abuela de cien años y también a su madre, Ana Elvia, de 84. Recuerda que, cuando su abuelo vivía, la celebración del Día de la Madre se hacía alrededor de un sancocho de gallina, una tradición que reunía a la familia.
Amparo, nieta mayor, solo tuvo un hijo, Juan Pablo, biznieto mayor, del que vive muy orgullosa. “Es un hijo muy bueno, vivo orgullosa de él y del profesional y gran ser humano que es”, indica.

Emoción
Ana Elvia, hija mayor de María Luisa, de 84 años, también se conmueve al hablar de su madre y de la numerosa descendencia que ha dejado. “¿Cuántos somos? Eso no tiene contadera”, dice entre recuerdos, al referirse a los numerosos hijos, nietos, bisnietos y demás integrantes de la familia que hoy celebran la vida de María Luisa.
Entre las historias que aún conserva y que sus hijas relatan, María Luisa habla de una vida dura, marcada por tiempos difíciles y por los esfuerzos propios de una generación que sacó adelante a sus familias con trabajo y sacrificio. Su esposo laboró en las Empresas Públicas y, según recuerdan sus hijas, con ese trabajo logró sostener el hogar.

Gratitud y amor
Este Día de la Madre, más que una fecha comercial o una celebración tradicional, será para esta familia un encuentro con la memoria, la gratitud y el amor.

 

 

##SOBRANTES
A María Luisa le gusta escuchar la canción “Coqueta” de Heredero. Se pone feliz y mueve los hombros.

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