Crhistian Londoño Orrego
“Abre tu boca, juzga con justicia, y defiende la causa del pobre y del menesteroso”. Proverbios 31:9.
En Pereira, Puerto Caldas y Leningrado II viven dos situaciones distintas, pero ambos casos deben recordarnos que detrás de cada problema, hay personas cuya vida no puede quedar suspendida mientras llegan las soluciones.
Puerto Caldas es un territorio marcado por la vulnerabilidad, que en días pasados enfrentó una contingencia en el abastecimiento de agua, el pasado 13 de octubre se anunció que aún persisten los trabajos técnicos para recuperar el sistema. Dicha circunstancia debería confrontarnos: ¿cómo garantizar atención oportuna y seguimiento hasta comprobar que las soluciones funcionan?
Por su parte, el barrio Leningrado II, aun hoy tiene las calles cerradas y escombros que permanecen después del terremoto, lo que dificulta el paso de vehículos y reduce la afluencia de personas; para los comerciantes y emprendedores, de este sector esto ha significado menos ventas, jornadas difíciles e incertidumbre para sostener sus hogares.
No estamos comparando sufrimientos, ni de decidir qué comunidad merece más atención, porque cada situación requiere respuestas distintas; pero si debemos tener presente que las consecuencias de estas afectaciones no desaparecen porque pasen los días o dejen de ocupar titulares; cuando falta un servicio esencial, el bienestar de una familia está en juego, cuando un negocio no puede funcionar con normalidad, también lo están los ingresos y el sustento de quienes dependen de él.
Por tanto, la gestión pública no debería limitarse a anunciar intervenciones, debe informar avances, explicar obstáculos, fijar plazos razonables y evaluar realmente cómo estas dilaciones afectan a las personas; porque la equidad no implica atender todos los problemas de la misma manera, sino en reconocer las necesidades particulares de cada comunidad y evitar que alguna quede relegada.
Pereira no puede acostumbrarse a que unos esperen por lo esencial y a que otros luchen por recuperar su trabajo, porque la pregunta de fondo que debemos tener presente no es qué sector merece más, sino cuánto deben esperar las comunidades para vivir y trabajar con dignidad.
