HÉCTOR TABARES VÁSQUEZ
Además, posible y seguramente irrefutable, la tendencia, la forma de ser, de pensar de ahora, de estar a la expectativa de un futuro próximo, atado inexorablemente a un pasado, desde luego, increíblemente anexo, un cordón umbilical, a las contingencias de un presente, aunque exista la intención o el deseo de utilizar armas internas de nuestra condición humana, fuerza, voluntad, energía, valor, iniciativas; surge esa percepción inherente a las opiniones, lucubraciones emocionales a flor de labio. En tales actividades, momentos de cierta lucidez, de un normal desarrollo de la propias acciones. La afirmación no obedece per se a la modo de apreciar el ambiente, el entorno y atarlo de inmediato a lo íntimo. Es mayormente el efecto de un transitar entre las ruinas, a guisa de paneo respecto de toda clase de situaciones plasmadas en los hechos valorados, encontrados. Basta contemplar el aspecto exterior, las calles de la ciudad, de recorrer sitios, lugares, en antes objeto de disfrutes, de diversión sana, edificante, después de haberse topado con quienes fueron azotados, duramente golpeados por los embates de la naturaleza, de escuchar los lamentos, las desgracias particulares y ajenas. De hallarse a los damnificados no solo añorando lo perdido, materialmente, sino las circunstancias coyunturales donde está localizado. No es el resultado de lectura actualizada de los periódicos, de las noticias, de los comunicados públicos o de la alterada información de aquellos adictos a la fantasía o la exageración. No obstante, no hay omisión, igualmente, en el acercarse al personal de conocimientos especializados en la parte sensible del alma, el espíritu, de la mente. Este producto, no precisamente de residuo o de escombros, ha servido de complemento, base fundamental en aras de generar un diagnóstico individual, de emitir un concepto, de poseer el acopio suficiente de elementos a través de los cuales amparar o respaldar un estado, una actitud, un proceder allende la cotidianidad, el no mostrarse demasiado distante de la evidencia, de la verdad traducida en el espejo visible de la tragedia. Al parecer, es un común denominador en determinados estratos, sectores, una especie de sensación de penumbra, inseguridad, ausencia de sosiego, de tranquilidad, de ninguna manera deseada a los designados, encargados de dirigir las tareas de reconstrucción, puedan contagiarse de semejante identidad de comportamiento, especialmente en los más jóvenes. Que la dimensión y enorme daño ocurridos, sea inferiores a la capacidad de trabajo, genialidad y sapiencia de los involucrados en tan difícil tarea, en un emprendimiento y labores de hondo calado, de profunda responsabilidad en la ejecución de una fase nueva de la urbe.
