Hacer bien las cosas

Por Andrés García

 

“Preocúpate más por tu conciencia que por tu reputación. Tu conciencia es lo que eres. Tu reputación es lo que otros piensan de ti. No es tu problema”, Albert Einstein.  Un enunciado tan sencillo como este, de autoría de una de las mentes más brillantes de los últimos tiempos, cobra particular relevancia en la actualidad. 

 

A nadie le corresponde solucionar los temas de los demás. Esa labor es individual. Es menester de cada persona avanzar en la resolución de sus tareas pendientes, sus temores, de cursar sus asignaturas, encarar la situación propia y con ello dirigir las velas de su propia embarcación por entre las corrientes de las aguas turbulentas que tantas veces presenta el mar de la existencia. Y de esto va, precisamente, hacer bien las cosas. Agregaría, desde el comienzo. 

 

Hacer bien las cosas es la cuota inicial de un bono de tranquilidad de la conciencia. Esto no significa que no exista margen de error. Por el hecho de hacer bien las cosas no se está exento de equivocación pero, bajo este marco, el mismo nacería de un proceso cuya valía es la disposición de procurar tomar decisiones conscientes, sustentadas en principios que dicten una hoja de ruta diáfana, propositiva.

 

Las cosas hechas a medias es un ejercicio macabro que, de entrada, menoscaba la validez de la causa emprendida. Gestiones e historias con mal inicio, mal acaban. Los claroscuros del accionar pasan cuenta de cobro por ventanilla, con tasas de interés de usura, afectando la rentabilidad de la idea, menoscabando la credibilidad de quien actúa, en razón a los innumerables contrastes suscitados.

 

Hacer mal las cosas, desde el principio, genera desgaste, malestar, inconformismo, dificultad, tropezones, sinsabores, entorpecimiento, desgane, reprocesos, incertidumbre, desidia, desconfianza, sombras, incredulidad, delgadez de pensamiento, etc. Hacer bien las cosas, desde el principio, conduce a todo lo opuesto: avance, bienestar, conformidad, facilidad, ganas, certidumbre, luz, credibilidad, confianza, musculatura de pensamiento. 

 

Hacer bien las cosas debería ser una máxima que rija cualquier acción humana, por sencilla que esta parezca. Los procesos educativos deberían enfocar sus esfuerzos en el fortaleciendo del pensamiento humano, bajo un marco de autorespeto, bienestar social, inclusión, respeto por la diferencia y cuidado del medioambiente. Preocuparse por la conciencia redundará en un hacer bien las cosas, desde el principio, facilitar la vida, vivir en comunidad, aportar en las soluciones y no ser la dificultad mayor. Hacer bien las cosas es algo que se construye lentamente, con paciencia y método, regula el pensamiento, lo agudiza, lo mejora. Asegurarse de que el alma abarque más que las manos, es tarea de todos y de cada uno. Secretario de Cultura de Risaralda.

 

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