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jueves, abril 25, 2024

Una historia de lotería

Luz Marina González y Deysy Sepúlveda González son dos loteras ejemplares, ambas orgullosas de ser risaraldenses. La historia de Luz Marina con la lotería comienza en su niñez, cuando tuvo que salir a trabajar; lo hizo con un hermano que vendía prensa, libros y revistas en la Plaza de Bolívar, allí también vendían la Lotería del Risaralda en una tabla pequeña. Luz Marina tuvo tres hijos. Siempre fue una mujer emprendedora y trabajadora; respondió a la adversidad, ya que enviudó y con orgullo puede decir que sacó adelante a sus hijos.

Luego de varios años de trabajar en una vidriera, Luz Marina se quedó sin trabajo, fue así como en el 2008 regresó a la Plaza de Bolívar, habló con su hermano y decidió vender lotería. “Estuve solo una semana y fue suficiente para darme cuenta que era una gran oportunidad, me fue muy bien, muchos clientes me recordaron de cuando estaba pequeña”.

Entonces decidida, fue a pedir un módulo para venta y le dijeron que no había módulos nuevos en disponibilidad, “solo unos viejos, pero no me importó, yo misma lo limpié, lo organicé y es el módulo que hoy en día me acompaña”, recuerda doña Marina.

Orgullo de mamá

Como nunca es tarde, Luz Marina alcanzó una meta que tenía por cumplir: terminó el bachillerato en el año 2009, lo hizo en el Colegio Inem en la jornada sabatina; fue especial porque en ese mismo año Deysy, su hija, también se graduó.

Parece que están destinadas a compartir más que el vínculo materno; además de graduarse juntas del colegio, Deysy y Luz Marina comparten hoy su ‘emprendimiento o pequeña empresa’, como ellas mismas denominan a la venta de Lotería.

Deysy heredó de su madre el trabajo; desde pequeña comenzó la vida laboral, forjándose un carácter de mucha responsabilidad, fortaleza e ímpetu para cumplir las metas.

Deysy trabajaba en un Call Center; el día libre iba al punto de venta de su mamá para llevarle el almuerzo y fue ahí cuando comenzó a aprender del negocio. “Yo le enseñaba cómo se vendía la lotería, cómo se organizaba la tabla, cómo se devolvía”, explicó Luz Marina. Es que definitivamente se aprende con el ejemplo y ¡qué ejemplo ha tenido Deysy!

Un día Deysy dejó el Call Center; “fui aprendiendo el oficio al ver a mi mamá; ya sabía cómo era la lotería original y la falsa; aprendí del tema administrativo, comencé desde el 2019, paré en pandemia y estuve trabajando en otro lugar, pero la verdad decidí volver porque en realidad este negocio bien administrado, con una buena cabeza, sabiendo utilizar bien los recursos, resulta ser muy lucrativo; entonces vi la oportunidad y acá estoy”, cuenta Deysy.

Deysy dice que, aunque a muchos jóvenes les de pena trabajar en la calle, ese no es su caso; “tengo el ejemplo de mi mamá que es una mujer trabajadora, que se gana la vida con esfuerzo; yo no vivo de apariencias y acá me encuentro trabajando con ella; esto es un trabajo de relaciones, de gestión comercial y de administración”, indica Deysy orgullosa de su labor.

Doña Marina y Deysy a diario se ubican en la Plaza de Bolívar, conocen muy bien a sus clientes, dicen que ya les conocen los caprichos y con la visión de Deysy han incursionado también en las redes sociales y la venta de la lotería en línea, ya que cuentan con clientes en el extranjero.

Es nuestra microempresa”

Cuando me preguntan en qué trabajo, yo contesto muy orgullosa que con mi mamá tenemos un negocio, una microempresa de lotería, así la gente no entienda o diga que estamos trabajando en la calle”.

Y es que definitivamente trabajar no es vergonzoso, eso es lo que Luz Marina les enseñó a sus hijos, les educó en valores y en trabajar con empeño.

Como madre y como hija, este trabajo es un legado; son más de 15 años trabajando en este punto; han desafiado muchas circunstancias, incluso malos tratos o los peligros a los cuales las mujeres se ven expuestas. “Mi mamá es una berraca y yo sigo su ejemplo; acá estamos al sol, al agua, expuestas a peligros, pero lo hemos logrado; por eso si me preguntan que la Lotería mejora la calidad de vida, yo digo que sí, sin lugar a dudas”.

Próximamente Deysy se graduará como administradora de Turismo Sostenible y gracias a su trabajo como lotera, espera tener su propio negocio; ella nació para administrar lo suyo.

Finalmente, Deysy habla de su lugar de trabajo: “Aquí en la calle hacemos nuestra vida; acá tenemos nuestra oficina, nuestra pequeña empresa, donde Doña Marina es la gerente y yo soy su trabajadora, ¡orgullosa de serlo!”.

Así como estas dos mujeres, muchas loteras y loteros han encontrado en la Lotería del Risaralda su proyecto de vida, a través del cual, además, apoyan directamente a la salud de los risaraldenses.

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