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domingo, marzo 3, 2024

Liberación de territorios urbanos cumple 20 años

Las denominadas ollas de consumo convierten cualquier casa abandonada, zona boscosa o parque en un problema para toda la sociedad. ¿Sirven estos desalojos?

Desde que el país supo de la existencia de la ‘Calle del cartucho’ o ‘El Bronx’ de Bogotá, entendió que algo muy malo sucedía también en sus ciudades, aunque a menor escala. Pero de eso ya ha pasado bastante tiempo y Pereira, tenía su propia Calle del cartucho en lo que hoy se conoce como Plaza Cívica Ciudad Victoria.

La semana pasada finalizó con la gran noticia para los pereiranos de que la nueva Alcaldía en unión con la Policía Nacional tomaron de nuevo el control del parque Olaya Herrera, que se había convertido en la feria de jeringas a cielo abierto más grande de la ciudad, acción que llenó de esperanza a los habitantes de sectores aledaños, porque pueden volver a practicar deportes y hacer tardes familiares sin pensar en un atraco o en una escena bochornosa delante de los menores.

Hasta el director de Operaciones de Atesa de Occidente, Alexander Sánchez, celebró la decisión: “Los operarios de barrido ya no podían barrer, ni cortar el césped en el Parque, porque eran constantemente amenazados por expendedores y consumidores a quienes les convenía esconder las papeletas en el pasto alto y les decían que se fueran que eso ahí era de ellos”. Lo mismo sucedió en Dosquebradas, allí se tumbaron los cambuches que se encontraban en medio de la vegetación a una cuadra del Comando de Policía.

El proyecto Plaza Cívica

La zona de renovación de aquel entonces cubría un área total de 100.000 metros cuadrados, entre las calles 14 y 18, la carrera novena y la Avenida del Ferrocarril. Estas obras fueron financiadas por el sector público y tuvieron un costo de $30.000 millones. La antigua galería quedó transformada en un punto urbanístico, las 13 cuadras de inquilinatos y focos de delincuencia, le dieron paso a un punto para el comercio de la Región con servicios para más de dos millones de personas.

Pero esto no acabó del todo con el problema, 20 años después el lote contiguo a Une, todavía es territorio de miedo, la mayor parte de la población de la Calle de la penicilina, como también le decían muchos a Ciudad Victoria, colonizó el barrio Travesuras (La Churria) que sigue siendo punto de abastecimiento para habitantes de calle y consumidores de otras esferas de la sociedad.

Después y ahora

Lo mismo sucedió en Bogotá, el gobierno de Peñalosa se tomó ese tenebroso lugar, pero el problema muy lejos de acabarse se diseminó por el resto de la ciudad, entonces las ollas pasaron a tener ganchos (satélites) que con cabecilla a bordo marcaron territorios más pequeños y disimularon el negocio con domicilios que llegaban hasta el consumidor debajo del puente, túnel o quebrada.

Con la intervención en el Olaya, se percibió al instante la terrible situación que ahora viven los peatones de la Calle 21 y carreras aledañas, grupos de cuatro consumidores en promedio ocupan recostados a plena luz del día los muros que dan hacia los parqueaderos, también andenes o porches de viviendas y establecimientos de comercio cuando cierran sus puertas.

Con respecto a esta situación se consultó a Carlos Orozco, sociólogo: “Considero que son decisiones y acciones desacertadas en tanto que eso no va a solucionar la raíz del problema, el consumo de sustancias psicoactivas es una problemática bien generalizada, lo que veo es una medida populista de impacto publicitario que va a generar una tensión social más amplia entre los consumidores, otra parte de la sociedad, las autoridades y la propia Alcaldía. En ninguna parte del mundo esas medidas han tenido efecto, las medidas deben ser de rehabilitación y asumirlo como salud pública, no como tema punitivo, porque por el contrario va a tener más efectos negativos”.

“Se merma el consumo en ese parque, pero el problema no se acaba sino que se traslada. La historia está llena de ejemplos que a través de lo obligado, lo que hacen es movilizar los problemas a otros sectores o se divide en muchos grupos y antes se invaden más sectores. Lo mejor que podría pasar en el país es que se legalice el consumo en la medida de lo justo y lo correcto, se le quita el poder al crimen y deja de haber tanto muerto, tanta delincuencia, tanto enfrentamiento entre bandas por el control del expendio y consumo de sustancias, es lo que han hecho los países avanzados”, dijo el escritor Wilmar Ospina, quien en su obra Cartografía del mal, expuso la ciudad desconocida para muchos.

Habitantes de calle

La semana pasada también fue noticia el final del programa conocido como ‘La Granja’, que dejó sin albergue a exconsumidores que pueden volver a ser presa de los expendedores. En realidad es un número bajo de personas si se compara con la gran cantidad de esta población que hay en la ciudad, esta estrategia no fue del todo exitosa en la pasada Alcaldía por la renuencia de las personas en condición de calle a hacer el proceso completo que los llevaría a ‘La Granja’, pero con una persona rehabilitada se gana terreno.

Dato

100 metros cuadrados de espacio público se recuperaron en Dosquebradas, para cumplir con el artículo 81 de la ley 1801 del 2016.

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