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martes, julio 5, 2022

Una denuncia grave

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La denuncia que ha hecho por estos días un miembro de la colonia venezolana legalmente asentada en la ciudad, sobre ciertas prácticas que han adoptado algunos de sus coterráneos que han llegado acompañados de sus familias a Pereira y que permanecen aquí de manera irregular, y que no solo le hacen daño a la ciudad sino que perjudican la imagen de la gente buena de ese país que vive y trabaja en la región; tiene que ocupar la atención de las autoridades.

Según el líder de la colonia venezolana, muchas personas llegadas de su país se están dedicando a la mendicidad, porque según él, es mucho más rentable situarse todos los días en un semáforo con un letrero y pedirle una moneda a todo el vehículo que pase, que trabajar todo un día de lunes a viernes, cumpliendo un horario, y por un salario mínimo.

Con el argumento de que como no tienen el permiso que dan las autoridades de migración para trabajar, no les queda más alternativa que ubicarse en los separadores de las avenidas y en las zonas verdes de los semáforos, a invocar la solidaridad de los pereiranos que, entre otras cosas, está suficientemente probado es bastante grande.

Todo esto con un dramático agravante y es que muchas de esas personas que se están dedicando a mendigar unas monedas, están alquilando los niños de brazos y pequeños de otras familias para despertar mayor compasión en los pereiranos y lograr así una mejor dádiva.

En este espacio hemos dicho una y otra vez que la limosna que con tanta generosidad entrega la gente de Pereira, las más de las veces es utilizada no para calmar el hambre de quienes la piden y reciben, sino para comprar droga y alimentar el vicio o la adicción a ellas, y que por tanto no se le debe dar dinero a estas personas, sino entregárselo a alguna institución que trabaje con los habitantes de calle.

Esto con mayor razón si lo que está ocurriendo entre nosotros, como lo afirma el líder venezolano, es que, para llamar la atención y despertar aún más la solidaridad de los pereiranos y visitantes, se está recurriendo a alquilar los niños pequeños que tengan sus compañeros de desplazamiento para hacerse acompañar de ellos en los semáforos y en sitios de mucha afluencia de público.

Es urgente, pues, que las autoridades de un lado inicien una campaña entre los pereiranos para no dar limosna en la calle, por más dramáticas que sean las imágenes que se nos presenten, y del otro, adelanten las acciones pertinentes para evitar que se siga utilizando a menores para el ejercicio de la mendicidad.

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