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domingo, julio 14, 2024

Menos confianza en la Justicia

Mientras la ley penal haga tan difícil la imposición las medidas precautelativas, cada vez los delincuentes le van a tener menos temor a la ley y los ciudadanos menos confianza en la Justicia.

Cada vez los hechos debilitan más la confianza de los colombianos en la Justicia. Y no son solamente los grandes escándalos nacionales que a pesar de que los autores confiesan y develan los nombres de quienes son sus verdaderos responsables, no pasa nada; sino también los sucesos delictivos menores que ocurren todos los días en las ciudades y regiones, y que sus investigaciones terminan en los anaqueles de las juzgados y las oficinas receptoras de las denuncias ciudadanas.
Obviamente, todo esto incide en que los ciudadanos corrientes no recurren a las autoridades a denunciar los delitos de que han sido víctimas o de los cuales han tenido conocimiento por alguna razón, o simplemente no colaboren con la justicia en las investigaciones que ella adelante sobre los hechos.
Hace unos días este periódico dió cuenta de un hecho en el que un conductor en alto estado de embriaguez atropelló a una persona que murió como consecuencia del accidente. Ese sujeto, a pesar de que se fugó del sitio del accidente, fue detenido cuadras adelante, luego de que un testigo lo persiguiera, lo interceptara y lo entregara a la Policía.
Horas después, la Fiscalía lo dejó en libertad, sin esperar siquiera la realización de la audiencia de legalización de captura, pero si luego de que las autoridades de tránsito le hicieran la prueba de alcoholemia y esta resultara positiva, con el argumento que no había sido capturado en flagrancia, sino momentos después del accidente.
Consultados los antecedentes penales del responsable del accidente y de la muerte del ciudadano, se constató que tenía una condena a 19 años de prisión por el delito de homicidio, lesiones personales y porte ilegal de armas de fuego; sin embargo, esto no sirvió siquiera para que la Fiscalía lo llevará a una audiencia de legalización de captura.
Una persona que ha matado a uno y herido gravemente a otro, y que como si fuera poco atropella en estado de embriaguez a un ciudadano, le causa la muerte y se vuelva del sitio de los hechos, es un delincuente peligroso que no merece el tratamiento y la condición de inocente que le dio la Fiscalía.
Con qué alientos, como se dice popularmente, el testigo que persiguió en una moto al irresponsable conductor hasta obligarlo a detenerse y lo tuvo sometido hasta que llegó la Policía, corriendo el riesgo de ser atacado por la persona y poniendo en peligro su vida, vuelve a hacer esto, viendo que su heróica actitud solo sirvió del hazmereir del victimario.
Mientras la ley penal y la de procedimiento penal tengan tantos vericuetos para su aplicación y hagan tan difícil la tipificación de los delitos y la imposición tanto de las penas como de las medidas precautelativas, los delincuentes cada vez le van a tener menos temor a la ley y, lo peor y más triste, los ciudadanos van a sentir menos confianza en denunciar y van a creer menos en la Justicia.

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