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martes, julio 23, 2024

Más que lánguida

Se dirá que es la primera vez, que había desconocimiento del proceso, que faltó pedagogía, que no hubo campaña promocional, que había muchas dudas sobre el papel que van a cumplir los Consejos Municipales de Juventudes y que los jóvenes en general no les gusta votar, y todo esto puede ser cierto; pero el balance de las elecciones del domingo pasado en todo el país, es triste y desconcertante.

Que de algo más de doce millones de jóvenes que podían votar, solo lo hayan hecho un millón docientos mil, es un hecho que merece la reflexión no solo del Gobierno, de la organización electoral, de los partidos políticos, de las comunidades y asociaciones de jóvenes y de los lideres de este grupo poblacional; sino de los analistas de los fenómenos políticos, culturales, electorales y sociales que ocurren en nuestro medio.

No parece lógico que si una de las más reiteradas solicitudes de los líderes que promovieron y organizaron las marchas y las protestas de mitad de año, era mayores espacios para los jóvenes y garantías para participar en los procesos democráticos del país, cuando se le da la oportunidad y se les llama a organizarse y escoger sus voceros, la respuesta haya sido la apatía total.

Por qué en un departamento como Risaralda, que no tiene rincones donde la democracia no puede llegar, que tiene gente en su mayoría jóvenes al mando de las posiciones políticas y administrativas mas destacadas, que fue una de las pocas regiones en donde fue posible un diálogo abierto y sincero entre autoridades y voceros de los jóvenes participantes en los paros, la participación en la jornada del domingo fue mucho más pobre inclusive que el promedio nacional.

Algo más de apenas diez mil votos, de los 238.000 jóvenes, entre los 14 y los 28 años, que había habilitados para votar en Risaralda, es una participación más que lánguida.

Ahora, llama también la atención el altísimo porcentaje de votos nulos. Mientras en las eleciones tradicionales este fenómeno es entre del 6 o el 7%, y en el caso de las elecciones locales para concejos y asambleas, es del 2%, en las votaciones del domingo pasado, los votos perdidos fueron el  23%, es decir uno de cada cuatro, lo que deja al descubierto un problema adicional,, que corresponde a las autoridades analizar y tratar de atender.

Queda, pues, para análisis de los estudiosos del tema y por supuesto de los jóvenes, de sus organizaciones sociales, comunitarias y culturales, y de los líderes de este importante sector de la población, lo que paso el domingo, la apatía hacia un espacio importante de participación que se ofreció, el rechazo para expresarse en las urnas, el desibterés para escoger sus voceros políticos y también, el divorcio con la mecánica electoral.

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