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miércoles, febrero 28, 2024

El abuso sexual de menores

De la alerta temprana que se haga y de la prontitud con que se responda al posible riesgo que se presente, dependerá que muchos delitos sexuales contra menores, se puedan evitar.

Con motivo de la conmemoración el pasado 19 de noviembre del Día Mundial para la Prevención del Abuso Sexual de Niños, Niñas y Adolescentes, la Procuraduría General de la Nación le pidó al Instituo Colombiano de Bienestar Familiar un informe sobre los avances en la creación del Sistema Nacional de Alertas Tempranas, en la lucha contra este flagelo.

Según cifras de la propia Procuraduría, entre el primero de enero de este año y el 31 de agosto pasado, las autoridades conocieron de 8.295 casos de delitos sexuales cometidos contra menores. Lo más dramático de esto es que en la mayoría de los casos, 4.605 de acuerdo con la misma fuente, la víctima fue un niño o una niña, en el resto, 3.690, fue un adolecente.

El otro dato aterrador de informe es que en tres de cada cuatro casos el victimario es un familiar muy cercano a la víctima, o una persona muy allegada a la familia y que se ha ganado la confianza del menor; y que el lugar más utilizado para cometer este delito es la propia vivienda del ofendido.

Todo esto con un agravante y es que los registros que tienen las autoridades no reflejan la completa realidad de este doloroso fenómeno. Por razones que van desde la pena de verse expuesto ante el público por lo que ha pasado, hasta el temor a las represalias que pueda tomar el agresor, las familias prefieren no denunciar la conducta delictiva.

El otro motivo por el cual los registros oficiales están distante de la realidad es porque los padres o familiares no le creen al menor cuando este les dice que está siendo victima de abuso sexual por parte del propio padre, o del padrastro, o de un tío, o de un familiar, o de una persona muy cercana a la familia, y lo tachan de inventar historias.

De cualquier manera las cifras oficiales son dramáticas y exigen la pronta atención de las autoridades y la toma de medidas de choque que permitan atacar este mal y prestarle  oportuna protección a aquellos menores que están siendo víctimas de un delito sexual o pueden estar en alto riesgo de serlo.

Este tipo de conductas se pueden detectar con tiempo si se previene el contacto indebido de los menores con personas mayores, si se está atento a las ocupaciones del menor, si se está pendiente de cualquier cambio en su comportamiento, si se le cree cuando dice que alguien lo está acosando sexualmente y si se pone en conocimiento de las autoridades cualquier hecho irregular que se conozca.

De la alerta temprana que se haga y de la prontitud con que se responda al posible riesgo que se presente, dependerá que muchos casos de violencia sexual y de violaciones de menores se puedan evitar y que las horrorosas cifras de niños, niñas y adolescentes víctimas de delitos sexuales, se puedan rebajar.

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