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Pereira
jueves, febrero 22, 2024

A nadie le importa

Cada vez está más claro que el Estado es un pésimo administrador de sus bienes, que no los cuida, que se los entrega a saqueadores y bandidos que se aprovechan de sus posiciones para beneficiarse de ellos, cuando no es que hacen toda clase de peripecias para quedarse con ellos a través de parientes y testaferros.
Los medios de comunicación dan cuenta todos los días del lento avance de los procesos que se siguen en muchas partes del país para intentar recuperar valiosos predios del Estado que nadie sabe cómo ni en qué momento fueron a parar a manos de particulares, jamás han pagado un peso de arrendamiento y, por supuesto, que se niegan a devolver.
Esto pasa, primero porque el Estado no sabe que tiene. Ni nacional, ni regional, ni localmente las entidades tienen un inventario de los bienes muebles e inmuebles que poseen los municipios, los departamentos y la Nación, bien porque legalmente le pertenezcan o bien porque los haya adquirido fruto de alguna negociación; y nadie puede cuidar lo que no sabe que posee.
La otra razón para que tantos bienes oficiales en vez de estar sirviéndole a la comunidad, estén en manos de particulares y, lo peor, casi que perdidos para el Estado, es que nadie los cuida, ni se preocupa por ellos, ni está atento a que alguien los invada, o si están en poder de alguien, que pague un arriendo y no se quede con ellos.
Ejemplos hay por montones de bienes que van desde islas, pasando por fincas, por lotes, por vehículos, por semovientes, por muebles y enseres, hasta edificios y parques, que están en manos de particulares por descuido o desidia de los funcionarios, o lo que es más grave, por maniobras dolosos de los encargados de administrarlos.
En Pereira, solo para poner un ejemplo, hay un lote en la carrera 11 entre calles 23 y 24 que era un parqueadero privado y trás un largo proceso de administrativo fue recuperado por el municipio y entregado a la comunidad, luego de adecuarlo y dotarlo con juegos infantiles y algún mobiliario para este efectos, para el servicio de los niños del sector; pero hoy está nuevamente invadido y convertido en parqueadero y en taller al aire libre.
La pregunta es, por qué después de todo lo que costó y se demoró recuperar este lote, nadie lo vigila, ni cuida que este cumpliento su función de parque para los niños, ni mucho menos está atento a que los avivatos de siempre vuelvan a ocuparlo, lo cierren con muros de ladrillo y monten un negocio en él.
La ley debería ser severa e implacable con aquellos funcionarios públicos que por su descuido y negligencia, primero no tengan actualizado el inventario de bienes del Estado y segundo, no tomen las medidas de rigor para mantenerlos en buen estado y evitar que por maniobras fraudulentas tantos bienes del Estado termine en poder de terceros de mala fe.

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