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jueves, abril 25, 2024

¿A dónde hemos llegado?

Sabían o no sabían los compañeros de clase e inclusive algunos profesores y personal de servicio del colegio, que ese niño usualmente cargaba un puñal cuando asistía a clases. 

 

A dónde hemos llegado, por Dios, que un niño de catorce años haya matado de una puñalada a su compañero de clase de tan solo trece años, en plena aula, cuando recibían clase de una de sus profesoras y sin que hubiera mediado en el hecho un motivo mayor que lo explicara y justificara.

La pregunta obvia y que salta a la vista es qué hacía un estudiante y más si era casi un niño con un puñal en medio de la jornada académica y cuando estaba en el salón recibiendo clase. De cuando acá, en vez de cuadernos y libros, los estudiantes y más si son apenas unos niños, llevan puñales y armas al colegio.

Sabían o no sabían los compañeros de clase e inclusive algunos profesores y personal de servicio del colegio, que ese niño usualmente cargaba un puñal cuando asistía a clases. Es difícil pensar que no lo hacía permanentemente y que fue una casualidad que ese día el estudiante llevara un arma al colegio.

Cuántas veces ese niño mostró ese puñal a sus compañeros de clase o lo vieron algunas personas pertenecientes a la planta administrativa del Colegio y nadie se preocupó por ello y, lo peor, dejaron que se convirtiera en un peligro no solo para las personas que compartían banca con él, sino para todas las personas vinculadas a la institución.

No es difícil presumir que ese niño, hoy convertido en un homicida a los 14 años, era más que un estudiante como todos los demás y cumplía en el colegio una misión que lo llevaba a estar armado, como comercializar estupefacientes entre los miembros de la comunidad educativa, o, lo que es peor, concienciar a sus compañeros para que hicieran parte de alguna de  las organizaciones delictivas que operan en la ciudad.

Es sabido que los grupos dedicados al tráfico de drogas, por ejemplo, no se han contentado con merodear los colegios y tener en sus alrededores personas dedicadas a la venta de estupefacientes entre los estudiantes del centro educativo, sino que se han metido dentro de ellos a través de estudiantes que por dinero, o por un supuesto reconocimiento dentro de la organización, han aceptado ese horrible encargo.

Este doloroso hecho, pues, tiene que servir para que las autoridades educativas y las directivas de los planteles de educación de la Ciudad y también del departamento, revisen los procedimientos que se están utilizando para conocer un poco los antecedentes de sus estudiantes y si paralelamente se están moviendo actividades distintas a las simplemente curriculares, y para controlar la posible presencia de armas en las aulas de clase.

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1 COMENTARIO

  1. Cierto lo del editorial . Falto mencionar que para los colegios, por políticas implementadas por los Gobiernos de Duque hacia atrás , recibir a niños judicializados , con problemas con la justicia en cualquier colegio oficial , sin las condiciones para su atención y seguridad para el resto de niños , representa un mecanismo alterno para aumentar su presupuesto de funcionamiento ante la precario asignación que se les hace cada año ………..Necesitamos cuanto antes que las reformas planteadas por el actual gobierno y en especial las que apuntan aumentar los recursos para la educación , sean tramitadas con celeridad , si es que queremos que situaciones tan tristes como las del sábado pasado, no vuelvan a repetirse nunca mas .

Los comentarios están cerrados.

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