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jueves, febrero 22, 2024

René Higuita: La Larga Batalla Legal por su Propiedad en Medellín

René Higuita, el reconocido ídolo del fútbol nacional, está en vilo esperando la decisión de la Corte Constitucional sobre la revisión de una tutela que busca recuperar la propiedad que actualmente está en manos de la Sociedad de Activos Especiales (SAE).

Este legendario arquero de la Selección Colombia y del Atlético Nacional ha estado inmerso en una batalla legal que se extiende por casi tres décadas. Su objetivo es demostrar que la casa que adquirió en El Poblado, la cual terminó vinculada a presuntos testaferros del Cartel de Medellín, fue comprada de buena fe. Higuita relata su versión de cómo se involucró en este enredado litigio, mostrando su frustración por la lentitud del proceso y los traslados del caso, primero a Bogotá y ahora a Montería.

Higuita expresa su descontento con la congestión del sistema judicial colombiano, ya que parece que todo el país está saturado y se buscan facilidades para ciertos asuntos. Él siente que defender su caso en Montería le brinda cierta conveniencia, aunque también teme que se presenten dudas y sospechas debido a la posible influencia local en el proceso. Además, critica la aparente corrupción en la SAE, ya que no entiende a dónde van a parar los bienes incautados por esa institución.

El exarquero relata que recibió la citación para el caso aproximadamente cuatro o cinco años después de haber adquirido la propiedad, alrededor de 1992 a 1996. Desde ese momento, comenzó a defenderse de las acusaciones en su contra. Durante ese período, también enfrentó amenazas que lo llevaron a tomar precauciones y a trasladarse a Guarne. Sin embargo, no abandonó el proceso legal y se mantuvo firme en su defensa. A lo largo de esos años, Higuita vivió con la incertidumbre de no saber cuándo se resolvería el caso y esperaba que una vez la Fiscalía determinara que la propiedad no le pertenecía, podría retomar su vida normal. Sin embargo, incluso llegaron a atentar contra su vida al lanzarle una granada, un incidente que subraya la peligrosidad y complejidad del caso en el que se vio involucrado.

Higuita siempre se ha enfocado en su carrera deportiva y se ha mantenido alejado de negocios turbios. Sin embargo, en este caso particular, confió en su compadre Campo Elías Meneses y en la representante de los dueños de la casa, una señora llamada Vicky, para llevar a cabo la transacción. En ese momento, él se encontraba concentrado con el Atlético Nacional en Llanogrande, en pleno auge de la Copa, cuando su compadre llegó para firmar los documentos del negocio. La transacción involucraba la entrega de dos apartamentos, uno cerca del estadio y otro en Los Delfines, en Cartagena, como parte del pago por la propiedad.

Sin embargo, la situación se complicó cuando Higuita fue demandado por estafa, dándose cuenta de que él mismo había sido víctima de una estafa. De repente, él se encontraba en la posición de ser acusado de estafador. Este fue el punto de partida de un largo y complejo proceso legal. Al revisar los detalles del acuerdo, Higuita descubrió que su compadre Campo Elías había afirmado haber pagado en efectivo, lo cual generó sospechas y dudas sobre la transparencia del negocio. Higuita nunca tuvo conocimiento de los precios reales y Campo Elías no le informó al respecto. Además, hubo un retraso de dos años en la entrega de la documentación necesaria para la permuta, lo que aumentó las dudas y las inconsistencias.

En medio de toda esta situación, Higuita no tenía conocimiento de la relación entre Campo Elías y los presuntos testaferros Moncada, vinculados al Cartel de Medellín. Aunque Higuita llegó a conocer a Pablo Escobar y estuvo en La Catedral, no tuvo trato con los Moncada o los Galeano. Sorprendentemente, la mujer con la que Campo Elías llevó a cabo el negocio, María Victoria, murió o fue asesinada antes de poder rendir declaración. Durante el proceso, se descubrió que los propietarios originales eran testaferros, pero Higuita insiste en que ni él ni Campo Elías podían haber sabido sobre esta situación.

En un giro aún más inesperado, Higuita recibió una llamada de un individuo apodado «Lengua», quien afirmaba que la casa en litigio pertenecía a su tía, pero ninguna de las propiedades estaba registrada a su nombre. Dado que Higuita había ganado el caso, «Lengua» le solicitó una colaboración económica. Posteriormente, Higuita descubrió que el fallecido esposo de una señora llamada Alba, con quien Campo Elías había llevado a cabo el negocio, era otro testaferro. En medio de esta confusión, Higuita recibió la exigencia de pagarles 500 millones de pesos y, poco después, su casa fue atacada con una granada. Un amigo le reveló que el motivo del ataque era el supuesto incumplimiento de la promesa de entregar esos 500 millones de pesos. Higuita se encontró atrapado en un lío del que no sabía si saldría ganando o perdiendo dinero.

En resumen, Higuita se enfrenta a un proceso jurídico complicado y prolongado, en el que ha luchado durante décadas para demostrar que adquirió la propiedad de buena fe. El caso ha pasado por diversas etapas, desde la Fiscalía hasta la SAE, y ahora se encuentra a la espera de la decisión de la Corte Constitucional. A pesar de las incertidumbres y los desafíos que ha enfrentado, Higuita mantiene la esperanza de que se haga justicia y confía en que el sistema legal brindará las respuestas que tanto busca.

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