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domingo, mayo 26, 2024

Fallece el Cardenal Pedro Rubiano Sáenz: Legado religioso que perdurará

En un día marcado por el pesar en la comunidad católica, el arzobispo emérito de Bogotá, el cardenal Pedro Rubiano Sáenz, ha fallecido a los 91 años en la capital colombiana. La noticia, confirmada por fuentes eclesiásticas, deja un vacío en el corazón de quienes admiraban su liderazgo espiritual y su incansable labor en pro del prójimo.

La Arquidiócesis de Bogotá, en un comunicado, expresó su gratitud por la vida y el ministerio de este «buen pastor», destacando su dedicación y entrega al servicio de Dios y de los más necesitados. Sus restos mortales serán honrados y recordados en la Catedral de Bogotá, un lugar que se convierte en testigo de su legado religioso.

Nacido el 13 de noviembre de 1932 en el municipio de Cartago, Rubiano Sáenz fue designado como arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia el 27 de diciembre de 1994, una responsabilidad que ejerció con devoción hasta su retiro el 8 de julio de 2010, cumpliendo con el límite de edad establecido.

Durante su larga gestión, el cardenal Rubiano dejó una huella imborrable en la comunidad colombiana. Entre sus logros más destacados se encuentra la creación del Banco Arquidiocesano de Alimentos, una iniciativa benéfica que ha beneficiado a miles de personas necesitadas a lo largo de los años.

Además, su liderazgo trascendió fronteras al presidir en tres ocasiones la Conferencia Episcopal de Colombia y al encabezar el comité económico del Consejo Episcopal de Latinoamérica (CELAM) durante varios años.

Su elevación al cardenalato por el papa Juan Pablo II en 2001, así como su participación en importantes eventos eclesiásticos, como el cónclave en el que fue elegido el papa Benedicto XVI en 2015, son testigos de su profundo compromiso con la fe y la Iglesia católica.

Este fue su legado y su servicio

Monseñor Rubiano nació en Cartago, Valle del Cauca, el 13 de noviembre de 1932, siendo el cuarto de seis hermanos, hijos de Pedro Rubiano y Tulia Sáenz.

Su formación sacerdotal la realizó en el seminario de Popayán y en la facultad de teología de la Universidad de Laval, Quebec, Canadá. Fue ordenado sacerdote para la Arquidiócesis de Cali el 8 de julio de 1956 y continuó sus estudios en catequesis en la Universidad Católica de Washington y en doctrina social de la Iglesia en el Ilades de Santiago de Chile. Al momento de su fallecimiento, contaba con casi 68 años de servicio sacerdotal.

Durante su vida como sacerdote, desempeñó diversos cargos pastorales, incluyendo la capellanía de la Escuela Militar de Aviación Marco Fidel Suárez, la capellanía de la escuela nacional Santa Librada y la capellanía de la clínica Nuestra Señora de los Remedios. También fue vicario de pastoral en la Arquidiócesis de Cali.

Fue elegido obispo de la Diócesis de Cúcuta el 2 de junio de 1971 y consagrado el 11 de julio del mismo año. Lideró la Diócesis de Cúcuta hasta 1983, cuando fue designado arzobispo coadjutor de la Arquidiócesis de Cali, cargo que ocupó hasta 1985, cuando se convirtió en arzobispo metropolitano de Cali hasta 1994. Durante ese tiempo, también fue administrador apostólico de la Arquidiócesis de Popayán entre abril de 1990 y enero de 1991.

En 1994, fue nombrado arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia, sirviendo en este cargo hasta su retiro el 8 de julio de 2010 debido a la edad límite. Durante su liderazgo en la Arquidiócesis de Bogotá, fundó el Banco Arquidiocesano de Alimentos, una obra que ha beneficiado a millones de personas durante más de dos décadas. Además, impulsó la creación de tres nuevas diócesis en Bogotá: Engativá, Fontibón y Soacha, establecidas por el Papa Juan Pablo II en 2003. Pasó sus últimos años en Bogotá, donde finalmente falleció.

Como arzobispo, Monseñor Pedro Rubiano presidió la Conferencia Episcopal de Colombia en tres ocasiones: en 1990, 1993 y 2002. También fue presidente del comité económico del Consejo Episcopal de Latinoamérica (CELAM) desde mayo de 2003 hasta julio de 2007.

La partida del cardenal Pedro Rubiano Sáenz deja un vacío difícil de llenar en la comunidad religiosa colombiana, pero su legado perdurará como un faro de luz espiritual y un ejemplo de amor y servicio hacia los demás. Que su alma descanse en paz.

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