Carlos Arturo Morales López, el pereirano que representa a Colombia en Canadá

Por Pilar Salcedo Jiménez

Hay historias que comienzan en una ciudad y terminan recorriendo el mundo, pero que nunca pierden el lugar donde echaron raíces. La de Carlos Arturo Morales López es una de ellas. Pereirano, egresado del colegio Deogracias Cardona y de la Universidad Libre, convirtió su vocación por los idiomas, su preparación y una profunda determinación en una carrera de cuatro décadas al servicio de Colombia.
Hoy, desde Canadá, donde ejerce como embajador de Colombia, Morales López lleva consigo mucho más que una representación diplomática. Lleva la memoria de su tierra, el orgullo de haber crecido en Pereira y la convicción de que las regiones también tienen mucho que aportar en el escenario internacional.
Su trayectoria lo ha llevado por Japón, Estados Unidos, Dinamarca, Naciones Unidas e Israel, entre otros destinos, en una carrera marcada por el aprendizaje y el servicio público. Su reciente regreso a Pereira-días antes del terremoto del pasado 10 de agosto- tuvo un significado especial: el fallecimiento de su madre.
En conversación con este medio, el embajador habló de sus recuerdos de Pereira, de cómo llegó casi por casualidad a la carrera diplomática, de su fascinación por Japón, de los colombianos que viven en Canadá y de las oportunidades que se abren para Colombia en materia de comercio, inversión y turismo. “Siempre me agrada mucho venir a mi tierra”, afirmó.
– Usted lleva cerca de 40 años en el servicio diplomático. ¿Cómo logra un pereirano llegar a esta carrera?
Embajador: Con esfuerzo y dedicación. Soy funcionario de carrera diplomática. Ingresé por mérito al servicio exterior de Colombia y siempre he tenido un derrotero claro: servir al país desde el ámbito de las relaciones internacionales, buscando defender los intereses de Colombia en el exterior y promover todo lo que representa nuestro país.
– ¿Y en ese recorrido también ha llevado a la región cafetera?
Embajador: Claro. Desde el quehacer diplomático también promovemos nuestra región. En Canadá, por ejemplo, hemos promovido mucho el café de esta zona, sus variedades y sus cafés especiales, y eso ha adquirido una importancia muy grande.
el comienzo de su carrera
Usted ha contado que estudiaba idiomas cuando apareció la oportunidad de ingresar a la carrera diplomática. ¿Fue destino, casualidad?
Embajador: En la vida son varios factores, pero se necesita determinación y claridad para alcanzar los objetivos, lo que muchos llamamos los sueños.
Para mí no estaba previsto ser diplomático, pero sí tenía una inquietud muy grande por abrirme al ámbito internacional. Y eso solamente se puede hacer mediante trabajo y herramientas.
¿Cuáles son esas herramientas?
Embajador: Los idiomas, por supuesto. Si uno quiere estar en el exterior, necesita los idiomas, pero también preparación académica, determinación y, sobre todo, mantener de manera sostenida el rumbo hacia aquello que uno persigue como objetivo.
La carrera diplomática es un sistema jerarquizado. Cuando uno ingresa debe cumplir, durante cada periodo, una serie de requisitos. No es simplemente entrar y quedarse quieto. Hay que prepararse cada vez más, presentar exámenes de ascenso y demostrar desempeño laboral.
Eso me llevó al rango más alto, que es el de embajador. He tenido además la suerte de que el Estado colombiano y los diferentes gobiernos me hayan dado la oportunidad de servir desde distintas posiciones en diferentes regiones del mundo.
De Pereira a Japón
Su primer destino fue Japón. ¿Qué significó para un pereirano llegar a una cultura tan diferente?
Embajador: Cuando llegué a Japón pensé que había llegado a otro planeta. Después de un viaje de más de 13 horas, atravesando el Pacífico, llegué de noche a Tokio. Al otro día, cuando me desperté, abrí las ventanas y empecé a ver todo completamente distinto: los rasgos de la gente, los automóviles, los caracteres japoneses, la arquitectura. Para mí era estar en otro mundo y así lo sentí.
Es un país fascinante porque mezcla la alta tecnología con la conservación de sus tradiciones milenarias.
¿Aprendió japonés?
Embajador: Curiosamente, fui a Japón con una beca para estudiar japonés durante un año y medio, otorgada por el Gobierno de Japón.
En la Cancillería me dijeron: “Carlos, usted es la persona que puede ir”. Al principio pensé: “Hombre, eso está muy lejos”. Pero después mi hermano me insistió en que no podía negarme a esa oportunidad. Acepté y la experiencia fue maravillosa.
¿Y terminó quedándose más tiempo?
Embajador: Después de la beca, el embajador que estaba allí me dijo que había una vacante en la embajada y que, como ya conocía el idioma y parte de la cultura japonesa, por qué no me quedaba.
Así que estuve en total cinco años en Japón. Fueron años maravillosos. Incluso, después de ese tiempo, llegó un momento en que me dijeron que debía regresar a Colombia porque ya me había adaptado demasiado a la cultura japonesa.
A lo largo de estos 40 años ha recorrido diferentes países. ¿Qué ha significado esa experiencia?
Embajador: Ha sido una trayectoria fascinante. He tenido la oportunidad de estar en Naciones Unidas, en Nueva York; en Washington; en Dinamarca; mi carrera comenzó en Japón como tercer secretario y también fui embajador en Israel.
Hay muchas vivencias y muchas anécdotas, no solamente en el exterior, sino también dentro de la Cancillería.
¿Ha pensado en escribir un libro sobre esas experiencias?
Embajador: Todavía no lo tengo decidido, pero sí hay muchas vivencias, muchas anécdotas y una trayectoria que considero fascinante.
LOS COLOMBIANOS EN CANADÁ
Actualmente está en Canadá. ¿Qué representa la comunidad colombiana para ese país?
Embajador: Todos sabemos la importancia que tiene la diáspora colombiana en el mundo y lo que representa y va a representar a futuro.
En Canadá tenemos aproximadamente entre 100.000 y 120.000 colombianos distribuidos a lo largo de ese enorme territorio. Canadá es diez veces el tamaño de Colombia. Tiene grandes ciudades como Vancouver, Calgary, Toronto, Ottawa, Montreal y Quebec, y a lo largo del país encontramos una comunidad colombiana muy importante.
¿Qué caracteriza a los colombianos que viven allí?
Embajador: Es una comunidad educada. De acuerdo con estudios que se han realizado, la comunidad colombiana tiene un nivel académico muy alto entre las comunidades latinoamericanas en Canadá.
Muchos colombianos se desempeñan como profesionales y también ocupan posiciones importantes en compañías multinacionales. Me he encontrado con compatriotas que son representantes regionales de importantes empresas para Norteamérica.
Eso se debe a su preparación, al manejo de idiomas y a la ética de trabajo del colombiano, que es muy respetada.
Puedo decir con orgullo que en Canadá no tenemos esa estigmatización que a veces existe en otros lugares. El colombiano es muy apreciado y Colombia tiene una muy buena reputación en Canadá.
El reto de los idiomas
¿Qué dificultades encuentran los colombianos que quieren desarrollarse profesionalmente en Canadá?
Embajador: Hay dificultades, especialmente en sectores como la medicina y la salud, porque estos países son muy rigurosos con la práctica profesional y la responsabilidad que se tiene con los pacientes.
También está el idioma. Si una persona está en Quebec necesita francés; si está en Ontario o en otras provincias, necesita inglés.
Por eso considero que desde nuestra región debemos promover la internacionalización a través del fomento de los idiomas. No solamente para los colombianos que salgan del país, sino también para que los turistas y extranjeros que lleguen puedan comunicarse con los pereiranos y con los habitantes de nuestra región.
Allí hay un trabajo importante desde el sector educativo, con programas de las gobernaciones y las alcaldías para que nuestros jóvenes tengan, por lo menos, un manejo básico de otros idiomas.
¿Qué oportunidades ve actualmente en la relación entre Colombia y Canadá?
Embajador: Estamos entrando en un dinamismo muy positivo. Eso genera esperanza y confianza. Todos los colombianos debemos participar para que al país le vaya bien.
Como funcionario diplomático que ha estado en varios gobiernos, reconozco que cada uno tiene sus énfasis y prioridades. Mi labor es representar los intereses de Colombia.
En este momento, Canadá está atravesando una situación particular en el contexto internacional, especialmente por su relación con Estados Unidos. Cerca del 75 % de sus exportaciones tienen como destino ese país, por lo que Canadá ha tenido que diversificar sus relaciones comerciales con el resto del mundo.
Y allí Colombia juega un papel importante.
¿En qué sectores hay mayores posibilidades?
Embajador: Hay oportunidades en comercio, inversión, minería, energía y turismo.
Canadá tiene presencia de más de 100 empresas en Colombia, muchas de ellas vinculadas al sector minero-energético. Existe una posibilidad importante de mejorar la balanza comercial y fortalecer esa relación.
Además, el concepto de exploración minera exclusivamente extractiva está siendo reevaluado.
Canadá, que es un país con una enorme riqueza minera, está trabajando en la exploración de minerales estratégicos para la era digital, con estándares de conservación ambiental y buscando generar riqueza para las comunidades.
Colombia puede encontrar allí una gran oportunidad.
Turismo: una puerta para el Eje Cafetero
¿Y qué papel puede jugar el turismo?
Embajador: El turismo es fundamental. Si tenemos seguridad, el mundo entero va a querer venir a Colombia.
En el caso de Canadá, cada año llegan nuevos turistas. Y creo que hay nichos muy interesantes para nuestra región. Los canadienses ya están buscando experiencias diferentes.
Además de los destinos tradicionales de playa, están interesados en el avistamiento de aves, el turismo de aventura, el conocimiento y las experiencias culturales.
Ahí tenemos muchísimo que ofrecer: el proceso del café, el Paisaje Cultural Cafetero y todo lo que representa nuestra región.
Deberíamos trabajar entre el Gobierno, las embajadas, la Gobernación y las alcaldías en una verdadera estrategia para atraer turismo canadiense.
El turismo es una industria fundamental y tenemos que aprovechar todo ese potencial.
Y, finalmente, hay algo que para mí siempre permanece: Pereira sigue siendo ese punto de partida al que uno vuelve, sin importar qué tan lejos lo haya llevado la vida.
Ottawa, la sede
Ottawa, capital de Canadá es la sede de la Embajada de Colombia en Canadá.
Funciona en 360 Albert Street, Suite 1002, Ottawa, Ontario, K1R 7X7. Allí también funciona la Sección Consular y, adicionalmente, existe el Consulado de Colombia en Ottawa.
Ottawa es una ciudad que combina historia, cultura y naturaleza en un mismo escenario.
Con alrededor de un millón de habitantes, se caracteriza por su ambiente bilingüe, donde conviven el inglés y el francés, y por un nombre cuyo origen se remonta a una palabra algonquina relacionada con el comercio.
Entre sus mayores atractivos se encuentra la imponente Colina del Parlamento, corazón político del país y hogar de majestuosos edificios de arquitectura gótica; el Canal Rideau, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y convertido durante el invierno en una de las pistas de patinaje natural más grandes del mundo.
Ottawa es, en esencia, una ciudad donde el pasado, la cultura y los paisajes se encuentran para ofrecer al visitante una experiencia llena de encanto.

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