Las despedidas

Héctor Tabares Vásquez

Tienen un sabor agridulce y pueden constituir un acto imperativo o  decisión interior, dadas las coyunturas. En el medio, ocurren ciertas situaciones de las cuales es entendido cómo la persona ha optado en considerar terminado un ciclo, bien porque la edad le marcó tal destino, lo más seguro, en atención a la antigüedad, al periodo estipulado en la ley, en casos expresamente señalados en la legislación, ante la llegada a la etapa “del retiro forzoso”. Otras ocasiones hacen del individuo una exigencia social o  pública, en el instante en el que las presiones fabrican su agosto y al sujeto no le queda otra alternativa sino la de organizar la salida, decorosa o no, pero al fin y al cabo, la necesidad y el apremio de irse. El entorno contempla toda  clase de actuaciones y aunque reiteradas ellas sean, invariablemente  caemos en igual  posición y desde luego, el mundo sigue, continúa. Empero, en esencia el tema alberga un trasfondo sumamente trascendental, de mayores alcances en la comunidad y personales. No se trata simplemente de finalizar esa fase de la vida,  también las repercusiones internas, privadas, de quien baja a los  extremos, esperan ansiosamente la vacante o un espacio donde  sobresalir o emplearse. Es  evidente, verbi gracia, la ausencia de  preparación adecuada, en aras de acreditar una conciencia firme y  actitud positiva, en el cometido de afrontar  evacuación digna y sin apegos. La mentalidad de no mantener la imagen de todavía estimarse útil, cuando en la trastienda,  en lo profundo, existe es la idea de no desprenderse de las bondades del cargo o  del oficio o en el límite de las veleidades del poder. En la  esquina de al lado, no pensarla, permanecer atornillado impidiendo el paso a los principiantes, a  masa ilusionada en ocupar los sitios abiertos o propiciados  por quienes ya  cumplieron la tarea. En el ambiente local, no es extraño observar ese fenómeno, y pese al esfuerzo de uno en querer negar las circunstancias alrededor, incurrimos siempre en la misma conducta. Lo estamos experimentando en todos los ámbitos, hasta en los triviales, en el deporte, en la política, en la industria y el mercado. No aprendemos, seguimos en idéntico programa, análogo comportamiento, no percatarse de intentar poner en práctica alguna dirección o propósito orientado a  instrucción idónea en el sentido de educar, disponer para el efecto y en otros ambientes, además de reglamentar en la finalidad de no abrirle las puertas a los noveles  tan distante, demasiado tarde. Lo lamentable de todo esto, es darse cuenta de la  contribución, de diversas formas, en un proceder de similar parecido a lo criticado ahora. No  poseer la cualidad de comprender la realidad y de saber, y decir: “ya fuimos, no somos “. O con el tango CUESTA ABAJO, canción de GARDEL: “La vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”.

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