¿Cómo debemos tratar a los que insisten con incendiar el país?

Por Julián Cárdenas Correa

 

A Gustavo Petro, antes del incremento salarial populista y acelerador de inflación del 23%, los sindicatos le habían pedido un incremento del 16%. Ahora, que la inflación efectivamente respondió a ese incremento y que las finanzas del país atraviesan una situación crítica, que el pasivo pensional se incrementa de manera exponencial, entre otros aspectos que deberían preocuparnos, los sindicatos se vienen con una “propuesta”, que más que propuesta es una provocación, de incremento del 38,5%.

 

Ese porcentaje es un desafío, ya no al Establecimiento, a los empresarios, y a la economía en general, sino a la sensatez y a la cordura. Señalar de disparate sobra, más bien debemos enfocarnos en si es esta petición sindical, simplemente un aporte a la pretensión de la izquierda de incendiar el país.

 

En los últimos días hemos visto marchas y protestas por gran parte del mundo. La bandera palestina, que independientemente de que quienes la izan desconozcan incluso en dónde se supone que se ubica, o cuál es la historia del territorio de Israel; es simplemente un pretexto para convocar violencia, para incitar el odio que no tiene techo. Pero esa bandera blanca, roja, negra y verde; sirve para acompañar protestas contra Abelardo de la Espriella, por lo que sea que le critiquen; pero también para protestar en España por la escasez de vivienda, o en Francia por supuestas exigencias para mejorar el sistema educativo.

 

Vamos viendo que, junto a esos grupúsculos de gente violenta, los sindicatos colombianos se alinean con quienes tienen un grado de odio tal, que incluso ya es imposible evitar que se les note. Muchas de estas personas se notan muy rotas por dentro y quieren extrapolar eso a sus países, incluido el nuestro.

 

El caso de Francia es perfecto para evidenciar que, “garantizar” derechos infinitos, a todo el mundo, tiene un efecto desestabilizador y con difícil cura. La deuda pública de Francia es del 115% de su PIB, con lo que es simplemente cuestión de lógica el reconocer que tendrá que hacer recortes en pensiones, en salud, en educación en algún momento y, principalmente, tendrá que recortar muchos beneficios a sus inmigrantes… y ya sabemos cómo seguirá ardiendo ese país y cualquier país que pretenda asumir con seriedad la gestión de sus finanzas.

 

Muchos queremos construir y tenemos la absoluta certeza, y no es buenismo, que somos muchísimos más que quienes pretenden destruirlo todo. La fuerza del Estado será la que tendrá que nivelar estas fuerzas, pues quienes somos de los buenos, no estaremos en las calles violentando a los otros. Nuestro rol será apoyar sin dudas el hecho de que ese Estado, amenazado y atacado y que nos representa a la mayoría, eche mano de su poder policivo para controlar, contener y pacificar las calles de esos poquísimos que, sin saber dónde queda el supuesto territorio palestino, pretenden dañarlo todo, sumando a su causa pretensiones tan ilógicas como esa que acaban de lanzar, como hoguera, como explosivo, los sindicatos del país.

Alinearnos la gran mayoría terminará siendo relativamente fácil. Millones estamos agotados de esas amenazas petristas que no nos permiten sacudirnos del terremoto, o de la inseguridad… esos que nos impiden crear, emprender, innovar y querer salir adelante.

 

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