Tres voces pereiranas en el mundo

Hay tres escritoras pereiranas importantes que viven en el exterior, y ese simple dato ya contiene una nostalgia silenciosa.

Luis Collantes

Escribir es, quizá, una de las formas más sowwlitarias de resistencia. Franz Kafka alguna vez confesó que “escribir es una forma de oración”, como si cada palabra lanzada al papel fuera un intento de ser escuchado en medio de un mundo que pocas veces responde. Y, sin embargo, ahí está el escritor: enfrentado a la página en blanco, a sus propios miedos, a las sombras de su tristeza, al eco de una voz interior que duda, insiste y a veces hiere.

Si a eso sumamos la historia de las mujeres, durante siglos relegadas al margen, silenciadas por estructuras que temían su palabra, a su grito, el acto de escribir se vuelve aún más radical: no solo es creación, es lucha, conquista, liberación.

Antes de ser leídas, muchas escritoras tuvieron que aprender a resistir. Resistir el silencio, la duda, la invisibilidad. Escribir no ha sido solo un acto creativo, sino un acto de afirmación en medio de sombras.

Virginia Woolf lo dijo con una claridad que aún incomoda: “Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir ficción.” No hablaba solo de espacio físico, sino de un lugar simbólico en el mundo: un permiso que durante siglos les fue negado.

Mucho antes, desde otro tiempo y otra herida, Sor Juana Inés de la Cruz respondió al cerco impuesto con lucidez y valentía: “¿Qué podemos saber las mujeres sino filosofías de cocina?” La ironía de su pregunta desnuda una historia donde el pensamiento femenino fue reducido, vigilado, contenido.

Y más cerca de nosotros, Simone de Beauvoir dejó una línea que atraviesa generaciones: “No se nace mujer: se llega a serlo.” Como si escribir también fuera eso: un pro- ceso de construcción, una conquista personal frente a un mundo que no siempre escucha.

Para existir

En ese cruce entre la sombra y la palabra han escrito muchas mujeres. No solo para contar historias, sino para abrir un espacio donde antes no lo había. Para existir en la lengua. Para dejar de ser eco, silencio y sueño. Hoy, cuando leemos a escritoras que han cruzado fronteras y que en muchos casos se han hecho en otros territorios, conviene recordar que su voz no surge en el vacío. Viene de una lucha antigua, persistente, muchas veces acallada y oculta.

Hay tres escritoras pereiranas importantes que viven en el exterior, y ese simple dato ya contiene una nostalgia silenciosa. No la nostalgia ruidosa de las despedidas, sino la que se instala con los años, como una segunda respiración. Porque irse no siempre significa romper: a veces significa llevarse un lugar entero adentro, como quien transporta una lámpara encendida para no perder el camino.

Albalucía Ángel, Ana María Jaramillo y Juliana Javierre comparten esa condición de raíz viajera: viven lejos, pero escriben desde una memoria que no admite aduanas. Lo que une a estas tres autoras no es solo haber nacido en la misma ciudad, sino haber transformado la distancia en una forma de conocimiento. Estar lejos obliga a mirar de nuevo, a reconstruir la propia historia con piezas que ya no encajan del mismo modo. Afuera, el idioma se vuelve refugio: una casa portátil que se despliega cada vez que se escribe.

Sus libros no son cartas de despedida sino de permanencia. En ellos sobrevive una sensibilidad moldeada por un lugar específico, por una manera de sentir donde conviven la cercanía afectiva, la discreción y cierta melancolía luminosa. Pereira aparece no tanto como escenario físico sino como temperatura humana.

Leerlas juntas es descubrir tres modos de habitar la ausencia: la rebeldía creadora de Alba Lucía Ángel, la introspección serena de Ana María Jaramillo y la lucidez inquieta de Juliana Javierre. Y entonces surge una pregunta inevitable, casi luminosa: mientras estas escritoras escriben desde otras latitudes, ¿cuántas niñas en Pereira estarán ahora mismo llenando cuadernos en silencio, inventando mundos, soñando con palabras que aún no saben que un día las llevarán lejos? Quizás alguna de ellas, sin saberlo, ya esté comenzando el próximo libro que también nacerá aquí y viajará después por el mundo. Porque las ciudades no solo se construyen con edificios y calles, sino con las voces que nacen en ellas y se atreven a contar su historia. Y algunas voces, cuando encuentran su cauce, no dejan de crecer nunca.

Albalucía Ángel Marulanda

En “Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón”, novela que comenzó a escribir en 1970, y que cuando llevaba escritas cuarenta páginas, sufre un accidente que la lleva al límite entre la vida y la muerte. Recuerda “que estando al otro lado, pidió permiso para regresar y terminar su novela”, Albalucía regresa y la termina en dos años y la publica sin ninguna corrección y con ella levanta un territorio donde la infancia y la historia se entrelazan con una intensidad poco común. La novela avanza como un recuerdo que se resiste a ordenarse, lleno de fragmentos, canciones, voces superpuestas. Allí la violencia no aparece sólo como acontecimiento político, sino como una sombra que invade la vida cotidiana, los patios, los juegos, las conversaciones a media voz. Es un libro audaz, decisivo, que abrió grietas en la literatura colombiana para que entrara una mirada femenina compleja, rebelde, profundamente libre. Albalucía es una de las escritoras más reconocidas del siglo XX. Estudió Letras y Arte en la Universidad de los Andes, también realizó estudios en París (en la Sorbona), en el año 2022 la Universidad Nacional de Colombia le otorgó el doctorado honoris causa por su trayectoria como escritora y su aporte a las letras colombianas. Ha vivido por décadas entre Roma, Londres, Barcelona y Madrid, actualmente está en Bogotá. Ha publicado las novelas “Los girasoles en invierno” (1970), “Dos veces Alicia” (1972), “Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón” (1975), novela que lleva siete ediciones, Oh gloria inmarcesible (1978), “Misiá señora” (1982) y “Las andariegas” (1984), tiene varias obras inéditas. De ella decía Mercedes Barcha: “Albalucía se parece a una luciérnaga, aparece y desaparece” lo decía las veces que la escritora se queda- ba en la casa de los García Márquez, en la cama pequeña de su hijo. Albalucía era una muchacha libre, que andaba por Europa, con una guitarra y un cuaderno.

 

Ana María Jaramillo Mejía

Ana María Jaramillo escribe desde una zona más íntima, más contemplativa, como si cada texto fuera una conversación en voz baja con el pasado. Su libro Las horas secretas está tejido con instantes aparentemente mínimos que, al detenerse, revelan toda su densidad emocional. No hay estridencia, sino una sensibilidad afinada hacia lo esencial: los vínculos, la memoria, el paso del tiempo sobre los afectos. Leerla es como entrar en una habitación en penumbra donde cada objeto guarda una historia. Economista de la Universidad de los Andes. En 1985 por diferentes motivos políticos abandona el país, primero se radica en Panamá y posteriormente en México, ciudad que la acogería y donde cumple ese sueño que la acompañaría desde niña, ser escritora. Fue becada por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes de México (FONCA) para realizar un trabajo de investigación sobre la literatura veracruzana. Ha publicado en los principales suplementos y revistas culturales de México y Colombia, dirige la editorial mexicana Edicio- nes Sin Nombre, con su esposo el escritor José María Espinasa. Ha publicado las novelas “Las horas secretas en México (1992), “Crímenes domésticos (1994), el poemario “La luciérnaga extraviada” (2000), “El sonido de la sal (2016), “La dama, el poeta, el ropavejero, Cambalache de enseres y otros recuerdos (2016), “Eclipses” (2017). También ha escrito varias obras de teatro. Ganadora del Premio Nacional de Cuento por Colcultura (1993), Premio Nacional de Cuento de Colombia (1994), Premio de Cuento de la Secretaría de Cultura de Pereira (2007) Después de Albalucía Ángel la escritora pereirana más estudia- da por su obra “Las horas secretas” es Ana María Jaramillo, esa historia de amor entre una escritora anónima y su Negro revolucionario es historia de Colombia, que no deja de asombrar a lectores y estudiosos del tema, la novela se desarrolla en medio del ataque gue- rrillero al palacio de justicia en Bogotá, de esta novela Álvaro Mutis ha dicho “que se trata de una intensa historia de amor que deja atrás cualquier circunstancia”.

 

Juliana Javierre Londoño

Antes de conocer personalmente a Juliana Javierre, la seguía en las redes por su lectura de poemas, una amante íntegra de la poesía, la conocí cuan- do escribía a Martí como quien enciende una primera llama: hoy su voz se abre paso, novela adentro, con la sed intacta de quién viene a quedarse. Su primer libro, “Cultivo una Rosa blanca: Martí desde su epistolario” (Klepsidra editores, 2017), es un ensayo desde la nostalgia epistolar del poeta. Para Juliana son un referente importante las novelas de Albalucía Ángel. Ha publicado dos novelas “Siete veces Lucía” ganadora del Premio Nacional de Novela Aniversario Ciudad de Pereira 2017 (novela experimental). En el 2020 recibió la Beca para creación libro infantil ilustrado de la Convocatoria Municipal Estímulos, en el 2021 recibió la Beca para Creación Literaria Libre del Ministerio de Cultura y el Instituto Caro y Cuervo, en ese mismo año la editorial Planeta publica “Plaga”, la historia de Emilia, una niña habitante de una ribera, que plasma sus miedos en medio de una incertidumbre llena de violencia, náuseas e impotencia. Con Plaga, Juliana Javierre introduce una sensibilidad plena- mente contemporánea, atravesada por la incertidumbre colectiva y por la fragilidad de los vínculos en un mundo convulso. El contagio funciona como metáfora de múltiples miedos: el aislamiento, la sospecha, la necesidad urgente de contacto humano cuando todo parece desmoronarse. Su escritura es directa, por momentos cruda, pero también capaz de abrir espacios de gran intimidad. Juliana es correctora de estilo, docente, tallerista. Profesional en estudios literarios de la Universidad Javeriana de Bogotá, candidata a Magister en Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira, actualmente cursa sexto semestre en Escrituras Creativas de la Universidad de Houston, ha participado en grupo de investigación GCaribe como ponente, miembro del comité Editorial de la revista “El Escribiente” de la Universidad Javeriana, algunos de sus artículos son publicados por la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente escribe su tercera novela y un libro de memoria y reflexión sobre su abuela, trabaja también en una investigación sobre el miedo y los vacíos que dejan el abuso sexual.

 

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

LO ÚLTIMO

- publicidad -