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domingo, marzo 3, 2024

Poemas de Paulina Cuero Valencia

Tomados del poemario “Descalza por el tiempo”, de Rompesilencios Ediciones, 2023. Vive en Cartago.

A mi padre:

Lejos, entre los cañaduzales,
se escucha la voz recia de mi padre.
Pide agua,
el sol inclemente no lo deja.
Las cuatro de la tarde
le enseñan el camino a casa.

La sopa caliente aún lo espera,
mientras sus hijos lo
desvisten a prisa
para que, sentados en sus piernas,
las historias del abuelo cobren vida.

Sus párpados pesados
atrapan sus ojos.
No te duermas, padre,
aún el Tío Conejo sigue huyendo.
El final se pierde entre sus labios.

El reloj de la noche nos dice que ya es tarde,
el cansancio se ha robado a mi padre,
mañana la rutina nos lo devolverá a las 4 de la tarde;
mientras tanto sus hijos
contamos hojas en el patio
e inventamos un mundo
donde el hambre
no obliga a papá
a salir de casa.

Mi madre niña:

Hoy amaneció otra vez mi madre niña
con caudal de río saliendo
de sus ojos,
con mirada perdida
y diminuta.

Te abrazo, madre niña.
Hoy no quieres bañarte,
olvidaste los nombres de tus hijos,
los recuerdos en tu mente
se han perdido,
La ropa te estorba,
de la comida prefieres las sobras.

Te busco, madre,
la que cocina vestidos a mano
para mí y mis hermanas,
la que llenaba mi
cabeza de trenzas
y mi corazón de sueños,
la que me encaramaba
en un butaco
y en el fogón me enseñaba
a cocinar esperanzas.

La que, llevando mi mano,
me ayudó a pintar en los
renglones garabatos
y a reconocer las letras que formaban mi nombre,
la que llenó de risas mis mañanas,
amaneció niña.
Hoy me toca a mí arrullarla.

La muerte de la abuela:

El día en que la abuela murió,
salía al patio y la llamé:

Ven, ven a jugar conmigo,
cuéntame otra vez la historia
del hombre que recorre
los mundos con un solo pie.

Abuela, ya no te duermas,
mira que no han salido
las estrellas
y el sol quiere besar tu piel.

Abuela, no te vayas tan pronto.
¿Quién cocerá mi falda
cuando se enrede la maleza?
¿Quién sacará la lágrima
que causa el desamor?

Abuela,
hay tantos caminos que no hemos recorrido.
La canoa nueva nos espera,
llévame en ella por la travesía,
recojamos caracoles
y aguaceros,
tejamos un sombrero
con peces amarillos,
veamos a lo lejos
cómo los cangrejos
se escabullen.

Abuela, abuela,
no te duermas,
enséñame cómo cantarle
a los cocuyos.

Si no me amas, no me toques:

No desvistas mi cuerpo
ni lo cubras con besos
que no sientes.

Piensas que no descubro
tu mirada ausente,
tu falta de fuego,
tu apetito ya satisfecho.

Si no me amas, no me toques,
no me ofrezcas un lecho
y tus manos vacías.
No acompañes mis noches
ni aprietes tu cuerpo
contra el mío.

No me conviertas
en cosa que se utiliza
solo porque está ahí,
generosa, ilusionada.

Si no me amas, no me toques,
cierra la puerta de tus labios,
mírame con desdén.

Sé sincero;
si no puedes con palabras,
por lo menos con tu piel.

 

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