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jueves, abril 25, 2024

Mujeres sin sombra en la poética de Juan Carlos Acevedo

Un acercamiento al autor y al libro ganador del XXII Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus. 

 

El poeta colombiano Juan Carlos Acevedo Ramos ha publicado siete libros de poemas, uno más sobre historia de la literatura del Viejo Caldas y dos de crónicas. Ha realizado varias colecciones de autores caldenes y varias antologías de poetas de Caldas. También ha sido director de talleres de escritura creativa y ha desempeñado el rol de Promotor de Lectura escritura y oralidad en Colombia. 

Algunos de sus poemas se han publicado en países como Uruguay, Chile, Cuba, México, Estados Unidos, España, Bulgaria, Rumania, Italia y Grecia. Es Profesional en Bibliotecólogía de la Universidad del Quindío. Dialogamos con él sobre su más reciente libro Mujeres sin sombra que obtuvo el año anterior el XXII Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus.  

 

¿Cuál ha sido el camino de su trabajo con la poesía?

Debo decir que no encontré otro camino sino el viejo y recorrido camino del lector. Después hallé el camino de la escritura. Y hasta el día de hoy no puedo entender la escritura sino desde los autores que leo y me han formado y desde mis libros que comparto con los lectores. Me es imposible suponer un autor verdadero sino viene de esos dos senderos. Yo hago parte de ese grupo de autores que crecieron leyendo desde historietas y cuentos hasta novelas y poesía, sin dejar atrás el ensayo o la historia. Luego pasé a la escritura y trato de escribir mis libros desde las lecciones de que me dan los autores que sigo. Tengamos en cuenta que yo no soy un escritor que viene de la Academia, es decir, no estudié Literatura, sino que soy uno que viene de las bibliotecas y de las conversaciones con otros autores. Así que para mí los libros y los diálogos han sido fundamentales para poder escribir. 

 

Si su formación es la de un lector ¿cuáles serían esos autores y cuáles esa obras?

Son muchos y muy disímiles en orígenes y temas. Siempre resulta una respuesta complicada y extensa esta. Recuerdo leer muy joven la Isla del tesoro, Drácula y Frankenstein y pasar por El diablo anda por la Aldea y llegar en la preadolescencia a la mala poesía, esa popular que escuchábamos en la voz de los tíos borrachos o los profesores decimonónicos y descubrir ¡por fin! en la adolescencia los grandes poetas de América y Europa (Alfonsina, Mistral, Neruda, Silva, Lorca, Alberti), si, son los nombres que todos citamos pero era la poesía y la narrativa que nos llegaba.  

Es en la juventud que descubro de la mano de amigos en la Casa de Poesía Fernando Mejía y en ciudades de Colombia a Vallejo, Huidobro, Pizarnik, Vitale, Paz, Cadenas, y los simbolistas. Leo vorazmente a  Whitman y Borges y me deslumbra Pessoa, Ajmatova y Puskin. Me señalan autores como Rojas Herazo, Arturo, Rivero, Carranza (hablo de María Mercedes) Roca, Bonnett, Vieira, Jaramillo. Desde ahí empiezo  a buscar poetas y narradores que se acercarán a lo que yo quería decir y encuentro toda la poética de Mutis, Rulfo y García Márquez, de Jamiz, Fernández Retamar, Loynaz, Orozco, Vilariño, Drumond de Andrade Sabines y en las últimas décadas a Szymborska, Maillard, Pantin, Mujica, Zurita y  Cărtărescu, la Generación de Posguerra y la de la Experiencia en España y mis poetas tutelares Eugenio Montejo, Jorge Teillier y Fernando Arbeláez. Y muchos más poetas, novelistas y cuentistas. Todos ellos han hecho crecer mi biblioteca personal desaforadamente y me siento feliz de saberlos mis amigos.

 

¿Después de años de lectura y escritura cree entonces que ha encontrado un tono propio?

Es muy difícil decirlo. Creo que eso les corresponde a los lectores y a los críticos. Yo me siento a gusto con el tono que empelo uno conversacional y que le apuesta a las imágenes. El tiempo dirá si lo alcancé. Lo que si hago es tratar de no repetirme. En cada libro que escribo, el todo permanece la forma del libro cambia. 

 

Hablemos de su libro “Mujeres sin sombra”, ¿qué le espera al lector? 

Le  espera una experiencia más de comunión con la historia de todos nosotros que la comunicación de un autor que dice algo en sus poemas. 

 

¿Cómo lo escribió? 

La escritura del libro fue una apuesta de largo aliento. Viene de escuchar, de estar atento, de guardar silencio ante las voces de otros, de observar. Así escuché, vi en ciudades y pueblos de toda Colombia a quienes que protagonizan cada poema del libro y busqué la forma de darles una voz literaria. 

 

¿El libro posee una estructura?

Más que una estructura, el libro es uno orgánico, un libro en movimiento que se integra a lo que canta y al hacerlo lo hace de manera plural. Las palabras y las imágenes producen un ritmo que se le impone al lector para que lo lea de una sola sentada mientras lo atraviesa nuestra historia. Está escrito en clave femenina que a manera de diario y en 51 días hablará de todos nosotros, para lograrlo dejé que se escucharán las voces de las mujeres sin sombra.  

 

Si dice que es una apuesta de largo aliento ¿cuánto tiempo demoró su escritura? 

Para tener la versión final que obtuvo el XXII Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus que otorga la Gobernación de Norte de Santander me tomó cerca de cinco años.  

 

Nombra el premio que le ha ganado, se sabe en Colombia que es uno de los más prestigiosos y que ya lo han obtenido grandes poetas del país, ¿para qué que le ha servido?

Los premios sirven para visibilizar a su autor, más si uno vive en la provincia, como yo que vivo y escribo desde Manizales, sirven para circular dentro y fuera del país, también para apalancar económicamente a los autores, para creer que elegí bien y para saber que la responsabilidad de continuar leyendo más y escribiendo, escribiendo.  

 

Sabemos que después de Mujeres sin sombra deben venir más cosas, usted que es un autor que está siempre en procesos de gestión, de creación, de divulgación, ¿qué viene ahora? 

Disfrutar este momento que me ha dado la vida y la poesía. Seguro vendrán las presentaciones del libro en varias ciudades y el reencuentro con amigos entrañables. Llegarán nuevos libros, es hora de publicar fuera del país y por fortuna ya tengo propuestas, bueno espero que nuevos premios también lleguen.

 

Para finalizar una pregunta que no podemos dejar de hacerle. Usted ha reseñado libros para varios medios durante muchos años, eso le da una idea de la literatura del país, ¿cómo ve la actual literatura colombiana?

Veo que goza de buena salud en todo el territorio. La narrativa (cuento y novela) tiene nombres muy interesantes que se van a quedar muchos años más, la literatura de no ficción igual ha mostrado autores que ya están instalados entre los grandes cronistas y la poesía, tiene ahora mismo, su fuerza mayor en las voces de autoras muy talentosas y que ya trazan un verdadera obra. Leo nuestras narrativa y nuestra poesía y me agrada mucho lo que se hace desde las ciudades pequeñas, las medianas y desde las grandes capitales. Espero no equivocarme pero diría finalmente que estamos en buenas manos.  

POEMAS DEL LIBRO MUJERES SIN SOMBRA

Día cuatro

¿Y… la lámpara de aceite habrá apagado su luz?

¿Quién detendrá sus pasos 

en medio de la alta hierba  

para cortar las hojas venenosas 

que crecen en el solar?

¿Algún viento antiguo removerá 

el agua podrida de la acequia?

¿Cuáles seres transitarán esos senderos 

para espantar los pájaros de la noche?

¿Alguna de nosotras 

podrá recordar el canto de las cigarras 

como quien no olvida 

las oraciones por nuestros muertos?

Día ocho

Vinagre para bajar la fiebre,

leche tibia para la boca 

de las niñas y los cachorros,

mendrugos de pan para acallar la panza,

un poco de tabaco para las prácticas antiguas.

Solo eso queda en los envoltorios 

que llevamos por maletas.

Repetimos viejos rituales:

bañarnos juntas, para exorcizar

el sino trágico de los ausentes,

porque en la extensa noche 

nuestros muertos 

viajan sin el ropaje adecuado,

sin la bendición 

de las mujeres que amaron,

sin las monedas para pagar el último tributo.

Día quince

Las sembradoras 

creábamos lluvias de cacao y maíz.

Al viento conjurábamos 

para que esparciera 

el milagro de los frutos,

la altivez de los pastos en los potreros. 

Entonábamos cánticos al Sol

para que dorara los plantíos,

elevábamos súplicas a la Selene 

para que iluminara los caminos de la cosecha

y a la diosa de las aguas, después de la oración,

dejábamos ofrendas

para que nutriera nuestra milenaria fuente.

Vestidas con hojas de eucalipto,

danzábamos cogidas de la mano

y cantábamos suaves tonadas,

otro ritual para la salud de las cosechas.

Hubo otros tiempos,

éramos mujeres de semillas,

de pastos altos 

para las bestias en los campos

de lluvias benditas 

para los surcos y los frutos jóvenes

de rayos solares capaces de madurar los tallos

y vientos justos 

para llevar la esperanza a otras tierras.

Tiempos donde la sagrada palabra, 

en boca de las elegidas,

era más poderosa

que el hierro de la noche.

Día cincuenta y uno

Como agua oscura en la cañada

todas nos movíamos.

Atrás la estancia fría y la maldición 

para quienes las sangres 

de las nuestras derramaron.

Llegamos con los sueños envueltos 

en los fardos de ropa vieja y baratijas 

que nos acompañan 

desde los días de miel y luz de Luna.

Antes algo sagrado llevábamos dentro.

Nuestros pechos secos nos dicen 

que la noche amarga fue el camino

y dejamos en medio de la siembra 

nuestros ritos y oraciones.

Nada, absolutamente nada, 

bajo este sol que calcina insectos 

     y almas,

nos dice que aquí pertenecemos.

Hemos llegado

y sabemos que nosotras 

teníamos palabras de poder,

árboles sagrados

y candiles encendidos siempre

para dejar que el cielo derramara

tempestades de viento, 

truenos y agua

sobre la tierra bendecida.

Pero estas luces artificiales 

apagan nuestras antorchas

y el ruido de máquinas

silencia nuestras plegarias.

Y nosotras 

-despojos de una guerra-,

Nosotras,

las mujeres sin sombra,

las invisibles mujeres sin camino, 

sabemos que en el asfalto

no crecerán nuestras raíces.

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