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martes, abril 16, 2024

LOS KLINGONS AQUÍ Y AHORA

“Que gente tan boba” diría mi abuelita

Viaje a las estrellas (Star Trek) era la serie norteamericana de televisión que se emitía en el único canal colombiano que teníamos cuando corrían los primeros años de la década setentera, y que junto a Perdidos en el Espacio (Lost in Space), nos abrió la mente a un futuro que hoy ya vivimos, pero que no corresponde a lo que soñábamos, pues imaginábamos que llegaría el momento en que podríamos comunicarnos con un teléfono de bolsillo al que bastaba con hablarle para que nos comunicara de inmediato con una central. Pensábamos que llegaría el día en que los médicos explorarían el cuerpo humano con solo pasarle un escáner como hacía el doctor McCoy. Yo pensaba que la sociedad iba a ser mejor como profetizaban el cine y la literatura de aquellos años. Luego apareció Buck Rogers en el siglo XXV donde también veíamos los increíbles avances que el futuro nos depararía. Pasaron los años y fuimos creciendo. Unos se dedicaron con alma vida y sombrero a jugar al fútbol, otros se dedicaron a estudiar para sacar adelante el año escolar, otros nos dedicamos a leer cuanto texto encontramos sobre fantasía, suspenso y ficción, y a pesar de ello, pasábamos el año; mi abuelita diría que teníamos muchas cucarachas en la cabeza.

El mundo cambió, pero de mala manera. No como lo plantearon en el cine y la literatura. La tecnología soñada nos ha convertido en alguna medida en inútiles tontos. El futuro que hoy vivimos, ese que alcanzamos a entrever en los años felices donde no existían las redes sociales, nos decepciona a muchos. Los millennials, dicen, son la generación híper conectada, cuyo gran aliado es el teléfono celular que mientras más cosas tenga, mejor, y como en la Guerra de las Galaxias de George Lukas o Perdidos en el Espacio de Irwin Allen, el universo se llenó de innumerables milenians. Hoy nuestro universo terrícola reconoce a los Gamers una raza de jugadores digitales que logran convertirse en “avatares” competitivos que poco sirven a la sociedad. Están también los Geeks grandes creadores de nuevas tecnologías de fácil adaptación a las novedades del mundo electrónico. Las Tribus de consumo son fieles a una marca y solo usan artefactos, vestuarios y demás adminículos de ese sello y lo único que hacen es consumir sin aportar. El mundo tecnológico avanza, y aunque nadie niega las bondades de la tecnología, los seres humanos estamos cada vez más solos e incapacitados mentalmente. 

Ya no hablamos en casa, no compartimos la mesa, tenemos aparatos de televisión en cada cuarto y vemos la misma novela en soledad, y si necesitamos decir algo, lo hacemos por el celular. Muchos de los que pertenecemos a la generación Baby Boom (1949 a 1968) hemos hecho una migración muy compleja de lo analógico a lo digital, y de una manera brusca y difícil. Tuvimos que aprender a ver muchos canales de televisión cuando estábamos acostumbrados a uno solo o máximo dos (El canal uno y el canal 2 a finales de los setenta e inicios de los ochenta), tuvimos la posibilidad de sorprendernos cuando llegó la televisión en color, nos tocó pasar de la cinta magnetofónica en casete y el acetato, al disco compacto, a los reproductores de mp3. Muchos no entendíamos como un disco compacto no se daba la vuelta como en el caso de los vinilos (que raro, me pareció oír risas). Nuestros padres compraban carros sin cinturón de seguridad, con cenicero y encendedor de cigarrillos, porque así los vendían en las concesionarias y hasta usábamos musgo real para hacer los pesebres (Mea Culpa). Jugábamos a la “lleva” en la cuadra, a las canicas en los lotes baldíos, fútbol en los peladeros pantanosos, a policías y ladrones correteando por la casa e íbamos al cine cada ocho días si nos portábamos bien. No sabíamos de marcas y lo mejor, era que nunca estábamos solos; siempre había alguien con quien hablar, con quien jugar y compartir tardes enteras de lecturas con los grandes clásicos del cómic: Kalimán, Arandú, Doctor Mortis, Fantómas, Memín Pinguín, Archie, Condorito o Vampirella. Las fiesticas infantiles se hacían con platos y vasos de cartón encerado y cuando mis padres mercaban lo hacían llevando una bolsa de tela, un canasto de fique o un costal. Se empezaron a usar los desechables y el plástico, y ahora, después de tanta contaminación, afortunadamente nos cobran las bolsas plásticas y nos piden que llevemos bolsas de tela que nos venden con el mercado. Volvimos a lo mismo, claro, pues como dice mi amigo, cantor de tangos y comentarista deportivo Raúl Quijano, “para la bobada no hay nada mijo”.

Qué solos nos vamos quedando. Pareciera que las personas valen por el celular que tienen y la cantidad de conexiones que pueden hacer. Van caminado por la calle y están conectados con otros universos.  He descubierto a otros seres que deambulan por ahí: Los Klingons, una raza dedicada a hacer el mal con la tecnología, es decir, los reyes del cíber crimen. Roban sin tocar a nadie, vacían las cuentas sin que las víctimas se enteren. Estos Klingons son abusadores cibernautas que someten a vejaciones a niños y niñas inocentes acosándolos sexualmente (Grooming) y se han inventado aplicaciones para que los niños se suiciden, cometan crímenes y se vuelvan idiotas. Qué mundo tan aterrador nos hemos inventado. Pero digamos que no todo es tan malo, que hay cosas buenas en nuestro mundo moderno; las distancias se acortaron, nuestro país dejó de ser una aldea olvidada entre las altas montañas andinas para hacerse visible en el mundo. Hoy podemos visitar los rincones más lejanos sin movernos de casa en lo que podríamos llamar un turismo virtual. El invento que permite ver la tierra y acercarse a lugares desde el espacio es cosa casi de la ciencia ficción y una increíble realidad. Cuando era niño leía las novelas de Julio Verne que profetizaban el futuro como El Viaje a la Luna (Apolo 11 de la Nasa), 20.000 Leguas de Viaje Submarino (Submarinos hay por miles), La Vuelta al Mundo en 80 Días. Los noticieros de radio fueron profetizados por Julio Verne en el año 1889 cuando se publicó un artículo en el que se sostenía que para el año 1.960 las noticias no serían impresas sino que sería habladas por periodistas con testimonios de personas involucradas en los sucesos, y lo más increíble, es que en el mismo artículo el escritor nos dice que existirá un artilugio llamado el Fono Telefoto que según su descripción, es un espejo conectado con alambre por donde correría la electricidad haciendo que si una persona se pone frente a él, podrá trasmitir su imagen a otros espejos instalados en las casas de las personas. 

Mi abuelita no fue letrada, pero tenía un maravilloso don profético. Alguna vez la escuché diciendo que llegaría un día en el cual las personas tendrían en cada casa un espejo grande por donde se vería gente de otros lugares, y no siendo esta profecía suficiente, mi querida abuela dijo a sus hijas que estaba cansada de lavar platos y que no veía la hora de usar una vajilla que había soñado: “Una donde la gente coma y después se bote a la basura con cubiertos, mantel y servilletas”. Mi abuela no imaginaba que eso sería realidad pero que ocasionaría un caos de basura planetaria. 

Julio Verne hablaba en su novela París en el siglo XX, sobre algo que él llamó el telégrafo mundial. En esta historia describe a un joven que vive en lo más alto de un edifico de cristal, se transporta en un tren de alta velocidad, hay vehículos a gas y eléctricos y la gente usa calculadoras de bolsillo; pero era tan raro el texto, que los editores de la época se negaron a publicar tales locuras. Solo hasta el año 1989 su nieto encontró el manuscrito y logró publicarlo en el año 1994. 

Mi abuela me dijo cuando era niño, que llegaría el día en que las personas iban a escribir en una especie de pizarra, y que lo escrito, llegaría instantáneamente al destinatario, ahorrándose el trabajo de usar el correo físico.

—Uyy abuelita, no se ponga a decir esas cosas tan raras que se la llevan para la clínica de reposo. — decía yo preocupado de las cosas locas que decía la abuela. 

El mundo actual tiene cosas maravillosas que el ser humano ha construido en esta loca carrera por la subsistencia a diferencia de Los Klingons, una raza muy desarrollada que surca el espacio en busca de nuevos mundos por poblar y tiene una filosofía muy simple: subsistir en su tierra o en la de los otros. Los Klingons son extraterrestres de feo aspecto, muy bruscos en sus maneras, aunque un poco ostentosos en sus ropas y naves espaciales. No son muy amigos de los Vulcanos, por ejemplo, y les critican esa necesidad absurda de tener siempre que ser lógicos y exactos. Estamos citando la serie Viaje a las Estrellas que creara Gene Rodenberry en los años sesenta y que de algún modo inspiró muchas de las cosas que hoy nos rodean. Traemos a colación a Los Klingons porque estos seres ficticios fueron inspiradores de interesantes capítulos en los que se podían vislumbrar las cosas que hoy nos rodean. 

La radio que tuve la oportunidad de disfrutar en los inicios de los años 80, era una de manufactura directa, es decir, el operador de la emisora ponía los vinilos sobre los tornamesas, preparaba la tanda de comerciales, abría y cerraba el micrófono desde la consola y debía estar siempre ahí en su puesto porque la emisión al aire no permitía equivocaciones o “baches” (silencios sonoros). Para mí, cada turno era un poco un pequeño viaje espacial, pues la consola de audio, los tornamesas, las dos cartucheras, la máquina de grabar en cinta, el clavijero, el micrófono con su luz roja de “Al Aire”, la silla giratoria y la magia que producíamos en esas horas, imitaban un poco navegar una nave “Enterprise” llevando a los oyentes por el universo de las ondas sonoras en un vuelo que nunca se interrumpía, porque se cambiaba el turno del técnico u operador de audio.

Han pasado muchos años, pero sigo viendo Viaje a las estrellas en estas plataformas modernas de la televisión. Me sorprenden enormemente los aciertos que tuvieron al imaginar el futuro que ahora estamos viviendo. Casi todo se ha cumplido; solo falta que lleguen los Klingons y creo que no tardarán… ojalá que cuando lleguen “nos cojan confesados”.

 

JOSÉ FERNANDO RUIZ PIEDRAHITA

Comunicador Social

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