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domingo, marzo 3, 2024

Los juglares y la palabra escrita

Estamos en mora de recoger la palabra en los periódicos pueblerinos, allí está la
voz de los abuelos que ha perdido su timbre y se refugia en los papeles apolillados
y en las cartas envolatadas en los cofres viejos.

 

Alfredo Cardona Tobón

Enseñame a llorar como tu lloras
enseñáme a sentir las impresiones
de un corazón que tiene a todas horas
el dolor de otros corazones
Liborio Aguiar Zuñiga

Los juglares dieron sentido a las palabras que encarnaron el valor, el amor y los
sentimientos que fraguaron los pueblos y las civilizaciones. Sin embargo esas
voces volaban como el humo, como las veleidades y el viento, por ello hubo que
retenerlas para conservar su esencia y evitar que cambiaran su sentido.
Para guardar las palabras se grabaron en lajas y piedras, en tablillas de barro, en
cueros, en papiros, en el papel y en los registros sonoros. Durante muchos miles
de años se buscaron empaques para los sonidos hasta que las palabras quedaron
atadas a los símbolos, se liberaron del capricho de los juglares, la imaginación
dejó campo a los hechos y los afanes y las promesas pudieron reflejar fielmente
los sueños y los proyectos humanos en las palabras escritas.
Las civilizaciones quedaron cincelados en los monumentos, las estamparon en los
papiros y en ignotos monasterios los monjes donde conservaron la ciencia en los
pergaminos y los libros de papel. Ahora las nuevas generaciones conservan la
palabra en los medios electrónicos, que pese a los avances tecnológicos no
parece que puedan desplazar totalmente a la tinta y el papel.

En los caminos
En los caminos, en las posadas y tahonas, en las fondas, o alrededor de una
hoguera, los juglares modelaron la palabra y la entregaron en forma de mitos y
leyendas. Gran parte de lo nuestro viene con ellos y con los troveros, los
palabreros y los arrieros se surtió la imprenta y en los medios escritos se consignó
el presente y el pasado.
En todas nuestras aldeas a partir de fines del siglo XIX aparecieron los periódicos
para informar, formar opinión y defender y divulgar los principios de las
comunidades. Ya no fueron los juglares quienes dieron forma y vida a la palabra
sino los lideres que remplazaron el fusil por la pluma y la sangre por la tinta de las
publicaciones.
Aparecieron innumerables periódicos, hojas sueltas, libros y revistas. Unas cívicas
y literarias y otras botafuegos de las campañas políticas. Fueron tribunas del
espíritu, baluartes culturales que prepararon el camino a una generación ilustrada
tronchada por la Violencia política del pasado siglo
En Risaralda
En el Departamento de Risaralda la palabra escrita ocupó amplio espacio en
Pereira, Marsella, Santuario y Apía. En esas localidades hubo personajes que se
adelantaron al tiempo en campos como la conservación de la naturaleza, el
respeto por los intereses populares y los derechos de la ciudadanía. En Caldas,
por su parte, los viveros del espíritu florecieron prolíficamente en Riosucio y
Salamina donde, hay que agregar, nunca han enmudecido los juglares.
A principios del siglo XX la revista Tatamá marcó una época en la población de
Santuario con ediciones mensuales dirigidas por el Pbro. Marco Antonio Tobón
Tobón, un sacerdote que no tuvo temor de enfrentarse a la iglesia inquisidora.
La revista Tatamá Santuario hizo contacto con publicaciones nacionales como el
Surco de Salamina, el Sur de Rio del Oro, Omega de Salamina, El Montañés de
Pueblo Rico, El Popular de Sonsón, Labores de Chiquinquirá y El Microbio de
Riosucio. La revista se fue lanza en ristre contra los antisociales que atacaron al
alcalde Marco Tulio Escobar y se convirtió en la promotora de la colonización de
los baldíos de la Celia en el Alto Cañaveral. La Revista Tatamá divulgó la labor

cultural de los santuareños y conoció la labor intelectual no solo de la provincia
colombiana sino también de las republicas hermanas.
Los municipios
La palabra tomó forma en “El Ave Negra” donde a partir de 1928 sirvió los
intereses de Balboa bajo la dirección de C.C. Nicholls y la divisa del líder liberal
caucano Diógenes Arrieta quien encabezaba sus números con… “Nuestras armas
son las ideas, centellas del espíritu humano que hieren la frente de los tiranos y
derriten las cadenas de los pueblos”. El Ave Negra enfiló baterías contra los
antisociales. Los tránsfugas y los especuladores y creó un ambiente de paz que
dio impulso al pequeño municipio.
En agosto de 1921 el periódico liberal “Flecha Roja” de Quinchía sirvió de tribuna
al riosuceño Teófilo Cataño. En él su director Emilio Osorio de la Cuesta, también
riosuceño, publica “cositas que chocan” que como en tiempos presentes
mortifican a quienes se aprovechan del mando.
Estamos en mora de recoger la palabra en los periódicos pueblerinos, allí está la
voz de los abuelos que ha perdido su timbre y se refugia en los papeles apolillados
y en las cartas envolatadas en los cofres viejos. Ahí sin cinceles, ni rollos de
papiro está nuestra esencia paisa y el germen de lo que somos. La palabra
escrita responderá por los tiempos idos pues los juglares con sus cuentos,
leyendas y trovas, reposan hace tiempo bajo la fría losa del olvido.

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