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miércoles, abril 17, 2024

Breve historia de El Parnaso Literario del Eje Cafetero

El próximo 28 de febrero, El Parnaso Literario del Eje Cafetero entregará este año su Copa Miguel Álvarez de los Ríos al autor de la presente crónica, Jorge Emilio Sierra Montoya, asiduo colaborador de la revista cultural Las Artes de El Diario.

Jorge Emilio Sierra Montoya (*)

A mediados de 2003, en Pereira se realizaba la Feria del Libro, una muestra no sólo de la producción editorial sino también de música y pintura, teatro y danzas, en medio de conferencias, recitales, tertulias, homenajes, etc., que convirtieron a la ciudad en centro cultural del país.   

Sorprendida por semejante espectáculo de la inteligencia que se tomaba por asalto a la capital de Risaralda, la poeta Dora Mejía, invitada como directora de El Parnaso Literario en Bogotá, se acercó a Martha Lucía Eastman, directora, a su vez, del concurrido evento cultural, para plantearle una idea que ya había comentado con varios amigos.

“¿Por qué no crean aquí, en Pereira, El Parnaso Literario del Eje Cafetero, siguiendo nuestro modelo en Bogotá?”, le preguntó mientras hablaba, sin parar, sobre las múltiples actividades que desarrollaban y que la propia Martha Lucía, motivada por la idea, pudo comprobar poco después en su viaje a la capital de la República, de donde regresó con entusiasmo, dispuesta a sacar adelante esa iniciativa.

“Somos una familia”

En efecto, La primera dama de la cultura -como ella es conocida, de tiempo atrás, en Pereira- reunió a un grupo de escritores y artistas, intelectuales en el pleno sentido de la palabra, para crear la institución propuesta por su amiga e impulsar así, de manera conjunta y solidaria, la cultura regional en sus diversas manifestaciones.

Al principio, El Parnaso Literario del Eje Cafetero era apenas una decena de miembros que, en los años siguientes, se amplió a veinte, quienes se reúnen cada mes en un acto social, de familia, para evaluar sus proyectos culturales, en los que todos, sin excepción, deben participar.

El Parnaso se ha dedicado por completo a la cultura, con el apoyo, desde sus orígenes, de personalidades nacionales (hoy, ausentes) como el expresidente Belisario Betancur, el exministro Otto Morales Benítez y el escritor David Sánchez Juliao”, observa Martha Lucía con honda satisfacción y un orgullo que salta a la vista.

“Somos una familia”, insiste.

Memorias inéditas

Creado El Parnaso, lo primero que debía hacerse era tener al menos una sede. Y claro, Martha Lucía la consiguió de inmediato, en la Universidad Andina a la que estaba vinculada, y desde entonces se encuentra allí a su disposición, aunque también el grupo se ha reunido en un salón del Concejo Municipal, antigua residencia, típica de la arquitectura paisa en tiempos de la colonización, del maestro Luis Carlos González, “El poeta de La Ruana”.

Luego vinieron los citados encuentros mensuales y semanales, pero no sólo de carácter social sino para presentar y comentar los trabajos asignados previamente a los miembros del grupo, según el cronograma de actividades trazado cada año.

En esta forma fueron apareciendo las Memorias de la Fundación, compiladas en amplios volúmenes que esperan todavía ser editados para divulgarse al público interesado.

Feria del Libro y Copa

De hecho, El Parnaso se sumó a la Feria del Libro, con énfasis en los aspectos literarios; su presencia le dio mayor dinamismo a un encuentro que contaba, de antemano, con la colaboración de otras instituciones como la Academia de Historia y la Sociedad Bolivariana de Pereira, a las que pertenecen algunos parnasianos.

Como si fuera poco, la segunda visita de Martha Lucía a El Parnaso Literario en Bogotá le permitió, al enterarse acerca de la entrega de una Copa institucional para líderes de la cultura, tomar esa idea que luego se hizo realidad.

Fue así como adquirió una hermosa copa antigua, bañada en plata, que hizo marcar en homenaje al primer galardonado: el escritor y periodista Miguel Álvarez de los Ríos, quien, a su turno, debió entregarla al siguiente de los ganadores, cuya lista, hasta hoy, es bastante larga: Belisario Betancur, Otto Morales Benítez, Héctor Escobar y Jaime Ochoa, entre otros, a quienes se otorga igualmente un pergamino que exalta sus aportes a las bellas letras.

Colección bibliográfica

Pero, ¿cuál es el balance de El Parnaso en sus más de veinte años de vida, fuera de las reuniones y sus Memorias, de su vinculación a la Feria del Libro, de su Copa institucional y del justo homenaje a los galardonados? 

La publicación de libros, en primer lugar. Con dineros propios, de la Fundación o, mejor, de sus afiliados, por la escasa o mínima colaboración económica del gobierno y el sector privado a sus proyectos culturales.

Libros publicados por El Parnaso, como es lógico. Ahí están, para sorpresa de muchos, dos del maestro Rodrigo Arenas Betancourt, autor de El Bolívar Desnudo, la emblemática escultura en la Plaza de Bolívar; Ceremonial de la etiqueta de la mesa y el vino, de Martha Lucía Eastman, como aporte a la cultura gastronómica, la etiqueta y el protocolo; poemas de Nelly Arias de Ossa, Dora Mejía, Héctor Escobar y Odilio Mora, ilustres parnasianos al igual que Germán Ossa, de quien se editó Diccionario del des…amor.

El Parnaso publicó igualmente un libro de versos de Dora Castellanos, quien -recuerda Martha Lucía-, al conocer el mágico santuario de las palmas de cera en el Quindío: El valle de Cocora, se abrazó a una palma, cerró los ojos y permaneció así durante varios minutos, hasta inspirar unos versos conmovedores, con la savia de la naturaleza, que en la tarde fueron leídos durante una solemne ceremonia realizada en el parque principal de Salento.

Acción social

Y es que El Parnaso atiende invitaciones de los diferentes municipios del Eje Cafetero para dictar conferencias y ofrecer recitales de poesía o participar en actos culturales (de pintura, música, teatro, cine…), como lo hizo aquella vez en el citado municipio quindiano que ahora atrae a miles de turistas nacionales y extranjeros, engalanado entonces con pendones plagados de versos que colgaban de los árboles.

Lo invitan de escuelas y colegios, de clubes sociales y barrios populares, de academias y concejos, para hacer acto de presencia con sus valores espirituales en una sociedad regida cada vez más por el materialismo y alejada de las expresiones autóctonas que han sido tan ricas en una región declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

Todo ello le ha generado prestigio en el país y el exterior, entre autoridades oficiales y académicas e incluso en las esferas políticas, lo cual, sin embargo, no ha limitado su espíritu crítico, independiente, característico del mundo intelectual. 

De ahí que El Parnaso, con Martha Lucía Eastman a la cabeza, no dé su brazo a torcer en la difícil lucha librada desde comienzos del presente siglo. 

Sesquicentenario

Durante la celebración del sesquicentenario de la fundación de Pereira, El Parnaso adelantó distintas actividades culturales, como la publicación del libro de poemas Cantos de Maldoror de Miguel Álvarez de los Ríos, una verdadera primicia literaria porque su autor era conocido en todo el país como extraordinario cronista, maestro de la prosa, periodista insigne e intelectual de peso pesado, pero no como poeta. 

Fue ésta una grata revelación en los sectores intelectuales del país, donde tanto se admira a Álvarez de los Ríos por su estilo único -“Ha sido el mejor escritor de Risaralda”, en palabras del académico Héctor Ocampo Marín- en páginas de antología, muchas de ellas publicadas en Lecturas Dominicales del diario El Tiempo.

Jaime Ochoa recibió la Copa institucional, con su correspondiente pergamino, durante una concurrida y solemne ceremonia en el Club del Comercio, donde la mayor parte de los miembros de El Parnaso hizo una muestra de sus libros, al tiempo que el poeta Héctor Escobar recibió una condecoración especial.

Colofón

Con razón, Martha Lucía sigue satisfecha, dispuesta a continuar la obra iniciada en 2003, para avanzar en el fortalecimiento institucional de la Fundación y proyectarla hacia las nuevas tendencias de las entidades culturales en el Siglo XXI, obviamente en beneficio del Eje Cafetero.

“La cultura es nuestro valor supremo”, subraya, no sin recordarnos, por enésima vez, que El Paisaje Cultural Cafetero es Patrimonio Cultural de la Humanidad.

(*) Miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua

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