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Pereira
jueves, febrero 22, 2024

Artista de Oficio

James Llanos
Van ya varios meses escribiendo en la sección de Las Artes de este importante
periódico El Diario, sobre temas varios, en lo fundamental de lo que me compete a
mi experiencia, del arte, la cultura en general y fundamentalmente de artes
visuales.
He publicado otros temas de interés personal: ciencia, cine, política, de la vida, del
espíritu y otros que enriquecen el aliento, en fin, escritos que me llenan de coraje
para saber que es otra forma bien precisa y parecida de contar y pensar, al igual
que lo hago como cuando dibujo. La escritura no deja de ser una pasión personal,
escribir que se está muriendo de goce, de tristeza, de pasión o desolación, es
emocionante, igual se está muriendo cada día así no se escriba. Saber que, uno
vive en pedazos de párrafos, líneas que llevan o están cargadas de muchas
emociones y sentimientos, historias en primera o tercera persona, que sirve o
hacen y deshacen, destrozan el pellejo de gallina, el mío.
Tratar de escribir clasificado en alguna de las escuelas o géneros: novelesco, en
crónica, poética, anécdota, en fin, escribir bonito o feo es fácil y complejo a la vez,
bueno, igual se hace el ejercicio, tratar de contar algo a través de unas líneas,
estilo, es otras de mis formas, de contar una mirada más del mundo.
Es por ello que me presto o preparo para realizar una serie de publicaciones
donde ya no sea mi pluma, mis pensamientos, mis sentimientos y pasiones las
que coloque en el papel a puño y letra, sino por el contrario, haré de preguntón.
Escudriñar en el tema del periodismo (perdónenme no soy periodista, ni mucho
menos escritor) por medio de la indagación, de la pregunta. Ahora, es el momento
que sea el artista o la persona misma, que diga con sus propias palabras o
manifieste sus sentimientos y emociones, qué sabe del mundo, del ser, de lo
nimio, del más allá o del más acá, que contra diga, en fin, que se sienta viva o vivo
igualmente muerto, esto es válido.
Comienzo esta serie “Artista de Oficio” con una persona bien interesante y
valiente a la vez, una mujer, madre, artista, amiga, revolucionaria, artesana,
campesina, hermana y caminante del mundo. Un ser humano de unas cualidades
extraordinarias, en lo personal y territorial. La conocí hace ya varios años, una
joven inquieta y amable con la vida, llegó a una de mis exposiciones, de tantas de
las que he hecho individuales en Pereira, creo era la conmemoración de “Los 50
años del bogotazo”, en la casa sindical, la CGTD.
En sus primeros pinos en la literatura era muy precisa y poética, luego estudió Lic.
en Artes Plásticas, en la Universidad Tecnológica de Pereira, hoy graduada. Una
muchacha de trenzas y piel canela, gafas muy bien puestas, sonriente con todo lo
que la rodeaba, asimismo dadivosa y espontánea con el humano sencillo, viviente

callejero, el amigo, el amante, o novio, no importa, una mujer de carne y hueso.
Hoy después de muchos años es la misma en su esencia, que mira el mundo con
más tranquilidad, sin tanta pasión desbordada, por el contrario, hoy es una mujer
con más calle y experiencia de vida, donde ésta le ha mostrado, que el periplo por
este plano material sirve, para darnos cuenta, que somo unos seres comunes y
corrientes.
¿Quién es Marcela Velásquez?
Una mujer campesina de manos pequeñas y delgadas que han trabajado la tierra
desde pequeña, una niña a la que el abuelo la vió y apoyó para que desarrollara
ese don, esa capacidad de ver de otra manera. Crecí en una finca, en medio de
árboles, guaduales, plantaciones, entre el cielo, la tierra y la libertad. El quehacer
diario era una constante, una acción para crecer. Luego, trasladarme desde
Palestina Caldas, a una nueva morada, Pereira ¡la ciudad sin puertas!, fue un reto.
Todo diferente, más rápido, más duro, nudoso y distante. Llegar a mi primer
colegio, el Rafael Uribe, un espacio en ruinas, sin paredes, un claustro habitado
por la necesidad y con sensibilidad, cosas no vistas pero sentidas en el ambiente,
ahí, en ese momento, en este lugar gris, conocí “La Fragua”, un espacio de grafías
distintas, con un gran maestro, Rubén Darío Sierra. Un ser extraordinario que
alentó a seguí mi travesía, de la escritura desde el punto cero hasta hoy. Esa
cruda realidad del campo a otras dimensiones fue como un salto de garrocha.
En la poesía encontré la voz, el camino, un recorrido largo de senderos amplios,
llenos, concurridos de personas sinceras, soñadoras y soñadores, escritores y
escritoras importantes, famosos, famosas, que, sin saber, estaba en el crisol
correcto, complementando un futuro carnoso para la posteridad, lo que me llevó a
estudiar por extensión y encontrar otro puerto para el corazón. La escuela de
artes plásticas, fue un punto de inflexión, otro camino: la figura, la forma, el color y
lo trazado, partir de la nada y coger por un camino desconocido, que hasta ahora
no ha parado, es fuerte pero bien. El horizonte se ve, pero no se llega, solo el
crecimiento personal me acerca más a él.
¿Marcela hábleme un poco más de su paso por la literatura?
Desde niña como ya lo dije, encontrarme con el juglar mas importante de mi vida,
mi abuelo. Un hombre sabio, creativo, ebanista, un emprendedor y comerciante,
inquieto ante la vida que asumía con su gran talento, sortear las dificultades era su
experticia. Con sus gestos y palabras me enseñó a mirar, seleccionar y leer la
buena literatura, navegábamos y caminábamos por encimas de arrume de libros,
enciclopedias, libros de historia y algunos Best Sellers. Recuerdo que todos los
domingos, después de llevar a mi madre abuela a la iglesia, recogía los
periódicos, la separata del Magazín le gustaba mucho, por su contenido: pinturas
de los famosos, la crítica literaria, ensayos de la poética universal; recuerdo que
leía a Albert Camus a Vallejo con seriedad, encontraba en ellos, insumos para
derrotar el inconsciente dormido. Recuerdo tanto que, en mi pueblo, desde niña,
me llevaba a grupos de poesía, asistir a este parnaso de las letras, me permitía

soñar con las palabras, jugar en mi mente con los sueños perdidos. Aprendí, que
la tristeza y la nostalgia a causa de las carencias y escasez, la palabra era una
flecha que, desvanecía el volumen del dolor para compensarlo, esto, equilibraba
mi ser, para encontrar refugio.
¿Quién es Marcela como madre?
La madurez que me ha dejado mi vida a hoy, mi mundo común, del ser madre –
algo que nunca pensé- es un regalo. Pedro mi hijo, un niño que me enseñó a
soñar, a perdonar y ver, que la sonrisa es como un caramelo. Ser madre cabeza
de hogar es una responsabilidad gigante. Comencé a vivir el mundo de las
preguntas, de las tareas, volví a ser estudiante de primaria, pero con el encanto de
la lúdica pedagógica actual. El rol de madre te hace sentir tu piel y que tu
membrana está en otro lado. Esta es otra creación, hacer vida y cada vez,
solidifica esa invención a un precio altísimo te hace héroe de la tierra. Ahora
comienzo a entender a mi madre y, es lo mejor que nos ha pasado a los dos.
Cuando uno se reivindica en ellos, es lo más bello de ser madre.
¿El mundo de la pintura es para usted su otra vida, cuéntenos su paso por bellas
artes de la UTP?
Estudiar y educarme como pintora y grabadora es y ha sido de principios y mucha
disciplina férrea, entendí que esto no es de musas e inspiraciones y mucho menos
de golpe de suerte. El ser gestora y tallerista, me ha enseñado, ha corregido la
misión como artista. La técnica, el gesto, el color es un privilegio, un regalo para el
universo mental. La pedagogía es la experiencia más reconfortante para el mundo
del profesor, crea lazos de amistad, cimentados con la filosofía de la lealtad. Esto
te da argumentos de verdad. Considero que todo esto es un regalo para la vida,
también se construyen o elaboran conversaciones sanas, y se siente que el
tiempo no se ha perdido. Responder desde el amor y la sabia contenida, a través
de los libros, la experiencia misma, te permite hablar sin ocultamientos, esto te
hace, te lava y te sana.
El otro mundo como artista es que el privilegio de nacer y vivir la naturaleza te da
unos lenguajes muy potentes, te llenan de formas, como ver el mundo desde la
fealdad y la belleza. Las texturas, el aroma y la valentía de llevar el campo en los
poros, lo simbólico y la representación, es una comunión perfecta, que te permite
encontrar otras dimensiones. Sentir que las forman salen, saltan y bajan por la
mano es algo mágico, fantástico y te llena de asombro. Todo esto me invitó a mirar
y amar la indígena, el negro con su estallido sólido, estos temas, con la mezcla de
todo lo dicho, te permite volar con el pincel por cielos inexistentes de azules
profundos, ahí donde nacen las formas, como el test de Rorschach, es un juego
visual, es cuando uno identifica cosas en las nubes o en las brasas. Mejor dicho,
hay paciencia, conocimiento, claridad sobre todo lo que el ser humano puede
hacer.

Para terminar James, tuve la oportunidad de estar por Europa y vi tanta belleza
excelsa, monumental, perfecta, poética, en fin, vi lo que no he visto acá, y es
lógico, porque allá, se vive mucho de lo divino y en mi Colombia, se vive y se nutre
de lo humano, es ahí donde se marca la diferencia, entre occidente y nosotros los
latinos, con mucho respeto para ellos y nosotros.

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