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jueves, febrero 29, 2024

Un iniciativa riesgosa

En la práctica lo que puede pasar es que los municipios, en el afán de tener su propio matadero, adecuen cualquier lugar sin las condiciones mínimas de salubridad.

 

El Gobierno Nacional acaba de expedir un decreto mediante el cual reglamenta el funcionamiento de las plantas de beneficio animal, es decir, que revive los viejos mataderos municipales proscritos hace varios años, entre otras muchas razones por los problemas de insalubridad que presentaban la mayoría de ellos.

Cada municipio, incluyendo muchos de los pequeños, tenía un matadero donde se sacrificaban los animales que le proporcionaba la  carne que consumía su población y la de los poblados cercanos; pero la mayoría de las veces las instalaciones eran lugares mal adecuados, con muchas deficiencias y no cumplían con las normas mínimas de salubridad que exige el manejo y la manipulación de este tipo de alimentos.

Igual sucedía con el manejo posterior y la distribución del producto a los distintos expendios y lugares donde se comercializaba la carne. Era común, por ejemplo, que entre los llamados mataderos y las carnicerías, la carne se transportara en vehículos abiertos, sin refrigeración y expuestos a la contaminación humana, ambiental y de todo lo que tenía contacto con ella.    

Eran, pues, en su mayoría, especialmente los de los municipios alejados, lugares que generaban un grave riesgo para la salud de los habitantes, lo que llevó al Gobierno a cerrar todos aquellos sitios y establecer las condiciones que debían cumplir las empresas que quisieran montar una planta de tratamiento animal y entrar en el negocio del sacrificio animal con destino al suministro de carne de consumo humano.

Ahora, el Gobierno Nacional pretende que todos los municipios de categoría cinco y seis, es decir aquellos que tienen menos de 20.000 habitantes, tengan nuevamente un matadero municipal operado por la municipalidad, que atienda la demanda cárnica de su población, que los campesinos puedan volver a comercializar la carne y que, según palabras del presidente Petro, permita que los precios bajen y estén al alcance de todos.

En el papel la pretensión del Gobierno puede ser buena. Nadie se podría oponer a que el precio de la carne baje, ni a que este producto pueda ser comercializado por los pequeños negocios de las poblaciones; pero no parece fácil que estos pueblos puedan garantizar un lugar con todas las condiciones de asepsia, de inocuidad y de salubridad que exigen de un lado las normas y del otro,  la salud pública de la población.

En la práctica lo que puede pasar -y es muy posible que pase si no se le pone un estricto control sanitario que no parece fácil de colocar- es que los municipios en el afán de tener lo que están llamado “plantas de beneficio de auto consumo” o mejor dicho su propio matadero, adecuen cualquier lugar sin las condiciones mínimas de salubridad y de allí salga la carne que consume toda la población sin absolutamente ningún estándar de calidad.

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