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sábado, julio 2, 2022

¿Quién hay detrás?

Es tendencia

Un buen mensaje

Un problema conocido

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Las invasiones son una práctica no solo muy antigua sino muy generalizada en países como en nuestro en los que, de un lado el déficit de vivienda es altísimo y del otro, la pobreza y la falta de empleo es marcada.

Quien no tiene techo y si una familia que resguardar, arma una choza en el primer espacio disponible y sin vigilancia, ni aparente dueño, que encuentra, y allí permanece hasta que se lo permitan, no sin antes mejorar la construcción, pasar de lo provisional a lo definitivo y, en la medida de las posibilidades, dotarla de los servicios públicos básicos.

Así las ciudades se llenan de invasiones que luego se convierten en un problema, primero urbanístico y de seguridad, porque las más de las veces están situadas en lugares que afectan el desarrollo de la ciudad o en una zona de alto riesgo y segundo, social porque son familias que no tiene para donde irse y que es necesario ofrecerles alternativas de vivienda digna.

Sin embargo, entre las múltiples invasiones que se hacen en las ciudades, no es común ver una como la que ha ocurrido por estos días en el corregimiento de Caimalito donde cerca de 500 familias, más 3.000 personas, han invadido un extenso terreno. Esta no es una ocupación hecha de afán en una ladera, o en un terreno deleznable, o a la orilla de un río, o en un espacio estrecho y con limitaciones, es un asentamiento programado, ordenado, con calles de acceso, con nomenclatura, con poblaciones debidamente distribuidas y hasta con servicios públicos.

La pregunta obvia es quién está detrás de todo esto, quién promovió esta ocupación irregular, quién le puso orden dentro de ella, quién rayó, asignó y distribuyó los espacios, y quién tramitó y consiguió los servicios públicos para los nuevos habitantes del lugar.

Este no es un asentamiento espontáneo, ni la gente ocupó el lugar por la necesidad apremiante de un techo donde pasar al noche y resguardarse del frio, ni se ha organizado después de estar allí; es una acción premeditada, programada y ejecutada ordenadamente y, lo más preocupante, aprobada o por lo menos consentida por algunas autoridades municipales.

Por qué apenas ahora las autoridades tratan de ponerle orden a semejante irregularidad. No es fácil levantar 500 viviendas, por simples que sean, de la noche a la mañana y sin que  nadie se de cuenta. Este proyecto tiene que tener detrás toda una estructura capaz de organizar una comunidad, proyectar un asentamiento de esta naturaleza, repartir los lotes y darle la organización que muestra.

El reto de las autoridades es ponerle orden a esta irregularidad, indagar si, como se afirma, detrás de todo esto hay una organización dedicada a promover invasiones, a estimular su permanencia y a sacar provecho de todo esto, y en este caso, saber quiénes la conforman y por supuesto, imponer las sanciones que esto merece.

Para estar informado

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