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lunes, mayo 27, 2024

Hora de prohibirlo

Es claro que las motos son hoy una herramienta de trabajo y un vehículo de transporte cada vez más utilizado por los colombianos. Con los crecientes problemas de movilidad que tienen las ciudades, las dificultades que están teniendo los sistemas de transporte masivo para cumplir sus itinerarios, los altos costos de los pasajes e inclusive con los problemas de inseguridad que está mostrando el transporte público, la moto se ha convertido en la solución para muchas personas y familias.
Para una pareja o para un padre y un hijo que tienen que ir todos los días al lugar de trabajo distante, cumplir un horario estricto y regresar en la tarde a su hogar, se vuelve muy práctico, más barato y más rápido, transportarse en una motocicleta que salir a coger una ruta alimentadora, cambiarse al Megabús y esperar a que el articulado cumpla con el itinerario o no se vare.
De allí, en muy buena parte, el crecimiento exponencial del parque automotor de motocicletas en las ciudades y especialmente en la nuestra. Hoy las concesionarias y comercializadoras de estos aparatos ofrecen toda clase de facilidades para su compra, de tal manera que una persona prácticamente con una simple certificación laboral puede acceder a una de ella.
Desafortunadamente, de igual manera que estos partos se han convertido en la solución de transporte o una herramienta de trabajo para miles de ciudadanos, también se han vuelto, por razones similares de facilidad de movilización y de adquisición, un elemento socorrido por la delincuencia para cometer los crímenes.
Basta darle una mirada a las estadísticas de los homicidios, de los atracos, de los robos y de otros delitos, para ver que los sicarios o los delincuentes se movilizaban en una motocicleta o se valían de ella para escapar del lugar del crímen. Las imágenes son prácticamente calcadas, dos personas que se mueven en una moto, el uno conduce y el otro le dispara a su víctima, o encañona al conductor que hay su lado, o se baja de la moto, comete el ilícito y regresa a ella y ambos huyen del lugar a gran velocidad en medio de la sorpresa y la angustia de los ocasionales testigos.
Las motos, pues, se han vuelto, de lejos, el vehículo más utilizado por los delincuentes al momento de cometer sus fechorías, entre otras cosas porque ni siquiera necesitan tener la moto, simplemente toman una de los tantos que hay parqueados en las calles de la Ciudad, van y comete el crimen y cuadras más adelante la dejan tirada y se siguen en otro vehículo.
Mucho serviría entonces, para combatir la creciente inseguridad que azota la Ciudad que la administración volviera a implantar de manera permanente la prohibición del parrillero hombre durante los siete días de la semana y las 24 horas del día y que más bien expidiera una norma que, previo registro, permitiera extender un permiso a quien habitualmente es el compañero de viaje del motociclista.

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