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jueves, mayo 23, 2024

¿El último vuelo del Águila Real de Montaña?

Esta singular especie, que hace tres años fue declarada como el ave emblemática de Risaralda, está en vías de extinción por la lenta y paulatina desaparición de su hábitat natural.

Óscar Osorio Ospina

Uno de los eventos más significativos del pasado Risaralda Bird Festival fue protagonizado por decenas de niños y jóvenes en la Plaza de Bolívar de Pereira desde donde lanzaron una clara advertencia: el Águila Real de Montaña tiene sus días contados.

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, en un informe presentado hace tres años, al parecer en Colombia no quedan más de 100 parejas de águilas reales de montaña o águilas crestadas. Señala el documento que esta especie está en peligro de extinción a nivel mundial ya que se estima que en la actualidad existen menos de 1.000 ejemplares a lo largo de los Andes, desde el noreste de Colombia hasta el norte de Argentina, que es el territorio que habitan.

Juan Carlos Noreña, biólogo, fotógrafo de naturaleza y amante de las aves, fue el autor de la Ordenanza No. 021 del 2021 mediante la cual la Asamblea Departamental declaró al Águila Real de Montaña como el ave emblemática de Risaralda. En esa oportunidad el ponente y principal defensor de la iniciativa fue el entonces diputado y hoy Gobernador de Risaralda, Juan Diego Patiño Ochoa.

“Esta es una especie considerada en peligro, es un ave muy escasa y rara que está en conflicto debido a la destrucción de su hábitat, lo que hace que se acerque mucho a las fincas, especialmente a granjas con gallinas, a buscar alimento. Lastimosamente, los campesinos con el ánimo de salvar a sus animales, terminan hiriendo o matando al águila”, dijo Noreña en ese momento.

El Águila Real de Montaña fue declarada por la Asamblea Departamental ave emblemática de Risaralda en el 2021.

Así es el águila

Esta especie es el águila más grande de Colombia, después del águila harpía. Los libros especializados en biología indican que mide entre 64 y 74 centímetros de largo. Es grande y robusta con cabeza, cuello y dorso negros. Tiene una cresta aguda. Sus alas son anchas pero proporcionalmente largas y por debajo son de color crema con puntas negras y coberteras rufas. Su cola tiene punta negra ancha y una franja ancha color gris pálido en la parte media. Tiene el pecho y las bajas partes inferiores castaño estriado de negro, las tibias son negras y los tarsos emplumados de castaño. El iris es anaranjado, el pico negro y los dedos amarillos. Los juveniles tienen la cabeza, el cuello y las partes inferiores blancas pero el píleo, la nuca y la tibia están salpicados verticalmente de color café-negruzco. La parte dorsal es de color crema y marrón. Las coberteras terminan en puntas más claras. La cola es marrón-gris con tres franjas negras angostas.

Esta águila, cuyo nombre científico es Spizaetus isidori, pone un huevo cada año, cada año y medio o cada dos años, depende de los lugares y del clima en el que se encuentren.

Durante esos días la hembra es la que lo incuba, se le ve salir a comer y a estirarse, pero, finalmente, es ella la que se encarga de ese proceso, mientras que el macho tiene la responsabilidad de cazar y proveer la comida de ambos.

Esto quiere decir que esta ave tiene una tasa de reproducción demasiado baja, lo que la hace muy escasa y se estima que esta águila puede vivir más de 50 años.

En Colombia, señala el biólogo Noreña -director del Risaralda Bird Festival- hay unos 200 ejemplares de esta especie, de los cuales entre 60 y 80 son adultos y, en el caso del departamento, han sido vista en los municipios de Pereira (zona alta de La Florida), Santa Rosa de Cabal, Apía, Belén de Umbría, Pueblo Rico, Mistrató y Santuario. Su hábitat son los bosques de alta montaña, entre los 1.700 y 3.500 metros sobre el nivel del mar.

En el momento en la Fundación Águilas de los Andes y el Centro de Rehabilitación de Aves Rapaces en Pereira hay tres ejemplares que han sido decomisados y están bajo su protección, pero se trata de aves ya de edad avanzada. Y existe otro en el Bioparque Ukumarí que pertenece a su colección.

Esta especie solo pone uno o dos huevos cada un año o dos años, por lo que su reproducción es muy lenta.

Sin hábitat natural

La principal razón asociada al proceso de extinción del Águila Real de Montaña son los cambios de paisaje, es decir la destrucción de los bosques para darle paso a cultivos agrícolas o a prácticas pecuarias. Y a la par con la ampliación de la frontera agropecuaria, también está la deforestación, por lo que la especie perdió el 60,6% de su hábitat original en el país, a lo que se suma la cacería indiscriminada, por lo que se ha visto una reducción de más del 30% de su población en tres generaciones.

Esta especie se alimenta, preferentemente de monos, pavas y otras aves, pero al no contar con ejemplares para cazar, atacan las gallinas de las fincas, originando la reacción de los campesinos.

Pero hay una consecuencia adicional: cuando el águila no puede ejercer su función natural de control de la población de aves y mamíferos, se origina un desequilibrio en los ecosistemas naturales que puede dar lugar a la escasez del agua, tanto para el consumo humano como para los cultivos.

¿Qué hacer?

Para Juan Carlos Noreña la declaratoria de ave emblemática de Risaralda, hecha hace ya tres años, tenía por objeto generar las condiciones para la conservación de la especie mediante actos administrativos que garanticen su protección.

Ese fue precisamente el llamado que se hizo en el pasado Risaralda Bird Festival, buscando que las personas conozcan esta ave, sepan acerca de su situación y se apropien de la necesidad de conservarla y protegerla.

Buena parte de esta tarea se logró con el desfile de decenas de niños y jóvenes protagonizaron por las calles de Pereira y finalizaron en la Plaza de Bolívar, portando pancartas alusivas al tema y luciendo disfraces que hacían referencia al Águila Real de Montaña.

Pero más allá de esa seducción ambiental y de crear conciencia alrededor del peligro de extinción de esta ave, el biólogo Noreña considera que los gobiernos deben avanzar en la compra de predios donde habitan las águilas para evitar que se siga extendiendo la frontera agropecuaria, en especial para la extensión de monocultivos como el aguacate, y que se ejerza mayor vigilancia en los bosques primarios que es donde realizan sus labores de caza, alimentación y reproducción.

La tarea, ciertamente, no es fácil, pero debe acometerse sin dilaciones.

Durante el pasado Risaralda Bird Festival, niños y jóvenes disfrazados de águilas de montaña lanzaron una voz de alerta por el peligro de extensión de esta ave.

Emisión filatélica

El MinTIC y 4-72 lanzaron en Pereira la quinta emisión de la serie filatélica ‘Risaralda, un modelo de conservación de la biodiversidad’, como un reconocimiento a la riqueza natural del departamento y a su contribución a la conservación del medio ambiente. La serie fue aprobada por el Ministerio a través de la resolución No. 226 de febrero del 2020, y está compuesta por seis emisiones, una cada año en el marco del Risaralda Bird Festival, a partir de su aprobación.
En esta ocasión, la emisión consta de diez motivos de aves representativas de la región, declaradas como emblemáticas de sus municipios. Las aves inmortalizadas en las estampillas son el Águila Pescadora, el Águila Real de la Montaña, el Barranquero Andino, el Bigotudo Canoso, el Cometa Verdiazul, la Perdiz Colorada, el Picaflor de Antifaz, la Tángara de Lentejuelas, la Tángara Negriazul y el Trogón Enmascarado.
El diseño, producción y puesta en circulación de las estampillas estuvo a cargo del Operador Postal Nacional 4/72. Se imprimieron 20.000 unidades, cada una de las cuales tiene un costo de $2.000.

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