Ronda bajo el sol

A mis grandes amigos de la poesía, el amor, la amistad y la vida, donde simplifico mi existencia parnasiana, me ayuda a extenderme hacia la posibilidad que he tenido en todos estos años de conocer mucho más de las otras artes: la pintura, el teatro, el cine, la música, la escultura, la danza y obvio, la literatura en la que siempre he estado sumergida.

 

Nelly A. de Ossa

Si mal no recuerdo, por allá por el año 2003, en Pereira se realizaba la Feria del Libro, una muestra no sólo de la producción editorial sino también de música y pintura, teatro y danzas, en medio de conferencias, recitales, tertulias y homenajes a personas del ámbito cultural nuestro, que de golpe, sirvió de trampolín para que un excelente grupo de amigos del arte y la cultura y de doña Martha Lucía Eastman, se juntaran para crear un Centro Literario, el cual fue nombrado como El Parnaso Literario del Eje Cafetero.

Se armó entonces una familia inteligente que se propuso hasta hace muy poco, reunirse cada mes en un acto social, para evaluar sus proyectos culturales, en los que todos, sin excepción, debíamos participar.

“El Parnaso se ha dedicado por completo a la cultura, con el apoyo, desde sus orígenes, de personalidades nacionales (hoy, ausentes) como el expresidente Belisario Betancur, el exministro Otto Morales Benítez y el escritor David Sánchez Juliao”, entre otras figuras de renombre, muy cercanas a sus fundadores, obvio, con doña Marta Lucía a la cabeza.

 

Memorias inéditas

Dijo con claridad el escritor e intelectual Jorge Emilio Sierra Montoya en uno de sus hermosos trabajos sobre la cultura en nuestra ciudad, autor del profundo libro “Hechos y personajes de la cultura en Pereira”, disponible en Amazon: “Creado El Parnaso, lo primero que debía hacerse era tener al menos una sede. Y claro, Martha Lucía la consiguió de inmediato, en la Universidad Andina a la que estaba vinculada, y desde entonces se encuentra allí a su disposición, aunque también el grupo se ha reunido en un salón del Concejo Municipal, antigua residencia, típica de la arquitectura paisa en tiempos de la colonización, del maestro Luis Carlos González, “El poeta de La Ruana”.

 

“Luego vinieron los citados encuentros mensuales y semanales, pero no sólo de carácter social sino para presentar y comentar los trabajos asignados previamente a los miembros del grupo, según el cronograma de actividades trazado cada año.

“En esta forma fueron apareciendo las Memorias de la Fundación, compiladas en amplios volúmenes que esperan todavía ser editados para divulgarse al público interesado.

“El Parnaso se sumó a la Feria del Libro, con énfasis en los aspectos literarios; su presencia le dio mayor dinamismo a un encuentro que contaba, de antemano, con la colaboración de otras instituciones como la Academia de Historia y la Sociedad Bolivariana de Pereira, a las que pertenecen algunos parnasianos.

“Como si fuera poco, la segunda visita de Martha Lucía a El Parnaso Literario en Bogotá le permitió, al enterarse acerca de la entrega de una Copa institucional para líderes de la cultura, tomar esa idea que luego se hizo realidad.

“Fue así como adquirió una hermosa copa antigua, bañada en plata, que hizo marcar en homenaje al primer galardonado: el escritor y periodista Miguel Álvarez de los Ríos, quien, a su turno, debió entregarla al siguiente de los ganadores, cuya lista, hasta hoy, es bastante larga: Belisario Betancur, Otto Morales Benítez, Héctor Escobar y Jaime Ochoa, entre otros, a quienes se otorga igualmente un pergamino que exalta sus aportes a las bellas letras”.

 

Libros 

La Biblioteca, para sorpresa de muchos, del Parnaso, tiene en su estantería, dos del maestro Rodrigo Arenas Betancourt, autor de El Bolívar Desnudo, la emblemática escultura en la Plaza de Bolívar; Ceremonial de la etiqueta de la mesa y el vino, de Martha Lucía Eastman, como aporte a la cultura gastronómica, la etiqueta y el protocolo; poemas de Nelly Arias de Ossa, Dora Mejía, Héctor Escobar y Odilio Mora, ilustres parnasianos al igual que Germán Ossa, de quien se editó Diccionario del des…amor. 

El Parnaso publicó igualmente un libro de versos de Dora Castellanos, quien al conocer el mágico santuario de las palmas de cera en el Quindío: El valle de Cocora, se abrazó a una palma, cerró los ojos y permaneció así durante varios minutos, hasta inspirar unos versos conmovedores, con la savia de la naturaleza, que en la tarde fueron leídos durante una solemne ceremonia realizada en el parque principal de Salento.

El libro de poemas “Cantos de Maldoror” de Miguel Álvarez de los Ríos, una verdadera primicia literaria porque su autor era conocido en todo el país como extraordinario cronista, maestro de la prosa, periodista insigne e intelectual de peso pesado, pero no como poeta. 

El Maestro Sierra escribió también que el intelectual, educador, corrector y gestor cultural Jaime Ochoa, recibió la Copa institucional, con su correspondiente pergamino, durante una concurrida y solemne ceremonia en el Club del Comercio, donde la mayor parte de los miembros de El Parnaso hizo una muestra de sus libros, al tiempo que el poeta Héctor Escobar recibió una condecoración especial.

 

Mis amigos

Esta nota introductoria para mi homenaje a mis grandes amigos de la poesía, el amor, la amistad y la vida, donde simplifico mi existencia parnasiana, me ayuda a extenderme hacia la posibilidad que he tenido en todos estos años de conocer mucho más de las otras artes: la pintura, el teatro, el cine, la música, la escultura, la danza y obvio, la literatura en la que siempre he estado sumergida.

Debo dar gracias a Dios por todos los amigos que me ha permitido tener en todos estos años de vida en los que he visto tantas cosas bonitas, las cuales he compartido con ellos, los que me han permitido disfrutarlas con mayor amplitud por la posibilidad que he tenido de saborearlas en grupo, con abrazos y goce profundo.

Me vienen a la memoria, por ejemplo, el Maestro Hernán Peláez, un pintor impresionantemente irreverente; el gran Miguel Álvarez de los Ríos, excelente contertulio, intelectual incomparable, escritor finísimo y gran ensayista; Germán Ossa y su cine, ese amor que profesa por el arte de las imágenes en movimiento que ha contagiado a tantos en nuestro medio; el flaco Fernando Marín, un inteligente hombre que con su buhardilla radial nos enseñó tanto; a la ingeniosa Tulita Gómez, maestra de la cordialidad, del teatro, de la decoración y de su gusto por lo bello, que nos enseñó el valor de las flores.

Óscar Aguirre y su revista Iris, donde nos recreaba durante años la vida cultural de nuestro entorno; al Jaime Ochoa que nos enseñó el valor de los libros y el respeto por la buena ortografía y la amena lectura; a la Dra. Elsa Gladys Cifuentes que no solo figuró como política sino como mujer amante de la cultura en todos los terrenos y a quien le conocimos una colección muy bella de arte; a doña Marta Lucía Eastman, gestora cultural y creadora de grandes grupos culturales; a don Álvaro y Ernesto Zuluaga, hermanos que lo han dado todo por la historia de nuestra ciudad y su cultura en todos los campos; a Nelly Muñóz quien dio un hermoso ejemplo de ese noble periodismo que se puede ejercer en mundos convulsionados y agrestes con su pulcra pluma; al escritor serio y disciplinado Jorge Emilio Sierra Montoya que desde que se volvió para nuestra querida ciudad no ha hecho nada más que reivindicar los valores culturales de nuestra patria chica y de nuestra Colombia entera dándonos unas muy enriquecedoras clases de arte y cultura con su fina pluma.

A Óscar Jaramillo, historiador y pintor sensato, miembro también de la Academia Pereirana de Historia; la sensible mujer Bolivia Chica; a los ex gobernantes inteligentes como Jairo Arango, alcalde que nos diera la posibilidad de disfrutar durante tantos años de ese bellísimo Teatro municipal Santiago Londoño y de nuestra hermosísima Emisora Cultural Remigio Antonio Cañarte y el Dr. Roberto Gálvez Montealegre que apoya tantas causas justas y que ama de manera muy respetuosa al arte y a los artistas a quienes apoya de manera imponderable, entre otros tantos que guardo con mucho amor y respeto muy adentro de mi pecho.

Por mi apego a la poesía, deseo manifestar un aprecio muy especial al Maestro Héctor Escobar, poeta insigne y mágico que dio nuestra tierra y quien me hiciera un hermoso prólogo en forma de poema para uno de mis más queridos libros, va un abrazo muy especial.

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